sábado, 10 enero 2026

La transición energética se consolida como tendencia económica, a pesar de la incertidumbre política

El informe señala que a pesar del entorno volátil es una apuesta segura en el largo plazo

Esta es la principal conclusión del último informe de Nordea AM, firmado por Alexandra Christiansen, que indicia que la transición energética hacia modelos más respetuosos con el medio ambiente es uno de los mayores reajustes económicos de la actualidad, ya que está reconfigurando de forma estructural la asignación de capital, los marcos regulatorios, las preferencias de los consumidores y el ritmo de la innovación tecnológica. Un fenómeno que, según apunta el informe, ya está teniendo efectos en compañías cotizadas de escala global. 

No obstante, adelanta, que el entorno no está exento de ruido. Los recientes cambios políticos, especialmente en Estados Unidos, han reavivado el debate sobre el futuro de los incentivos públicos a la descarbonización y su impacto potencial en los flujos de caja de las compañías expuestas a este proceso.

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Aunque es probable que el gasto público estadounidense en energías limpias se modere en los próximos años, según apunta la analista, la inversión en este ámbito seguirá creciendo de forma significativa durante la próxima década, impulsada por la mejora sostenida de la competitividad económica de las tecnologías renovables. Esto se traduce a que, pese a la incertidumbre, es una tendencia ya establecida. 

Por otro lado, el informe también redirige la mirada a China, que, según el análisis, desempeña un papel central en la descarbonización global. El país concentra cerca de una cuarta parte de las emisiones mundiales y ha explicado prácticamente todo el aumento de emisiones de la última década. Al mismo tiempo, y aunque pueda parecer paradójico, lidera con claridad el despliegue de energías renovables.

Solo el año pasado, China instaló alrededor de siete veces más capacidad renovable que Estados Unidos. Esto se debe a que China es uno de los principales países que más carbón utiliza a nivel internacional, según un informe de la AIE (Agencia Internacional de Energía), sumado a que concentra gran parte de los minerales estratégicos claves para la transición energética.

El valor económico de la transición energética está infravalorado

Uno de los mensajes clave del informe es la necesidad de generar un impacto real sobre la economía. Muchos inversores con enfoque climático optan por excluir los sectores más intensivos en emisiones, como utilities, materiales o industria pesada. Si bien esta estrategia permite reducir la huella de carbono de las carteras, su efecto sobre la economía real es limitado.

Desde Nordea AM, defienden que el verdadero potencial reside en identificar aquellas áreas donde los incentivos para descarbonizar son más intensos y el proceso de transformación aún no está completamente definido.

En este sentido, Nordea AM apunta a que, varias compañías continúan estando infravaloradas por el mercado debido a una comprensión incompleta de su papel en la economía baja en carbono del futuro. El compromiso activo con los equipos directivos y la exigencia de planes de transición creíbles pueden desbloquear valor.

Uno de los ejemplos que muestra este análisis es el de Heidelberg Materials resulta ilustrativo: la cementera ha sido recompensada en bolsa tras avanzar en soluciones innovadoras, como la producción de cemento sin emisiones, que ya comienza a obtener una prima clara en el mercado.

El informe también destaca un nuevo motor de demanda energética: la inteligencia artificial. El crecimiento exponencial de los centros de datos está elevando de forma significativa el consumo eléctrico global, lo que refuerza la necesidad de ampliar la capacidad de generación y, al mismo tiempo, descarbonizarla.

Dado que muchas grandes tecnológicas mantienen compromisos estrictos con el uso de energía limpia, la transición energética se perfila como un elemento clave para sostener el auge de la IA. En este ámbito, destacan utilities como la alemana RWE, inmersa en el abandono progresivo del carbón y con una cartera relevante de proyectos renovables.

En definitiva, el informe concluye que, independientemente de los cambios regulatorios, la eficiencia energética seguirá siendo una tendencia estructural, debido a que es rentable para el inversor a largo plazo, a pesar del entorno volátil.


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