domingo, 11 enero 2026

Fíjate bien en el ticket: el «error» del IVA en el aceite que te está costando 50 céntimos extra.

Mientras media España seguía brindando por el Año Nuevo y apurando los últimos polvorones, el BOE certificaba el final de una era en tu supermercado de confianza. La rebaja fiscal que nos dio un respiro en 2024 ha caducado, y el retorno escalonado del Impuesto sobre el Valor Añadido supone un goteo silencioso de céntimos que, sumados al final del mes, pueden darte un susto importante si no revisas bien lo que pagas.

Llevamos meses acostumbrados a ver ciertos productos básicos con una etiqueta que nos resultaba casi exótica en estos tiempos de inflación, pero el regreso del IVA al aceite de oliva ya es una realidad palpable en los lineales. Aunque la medida se vendió como temporal, su retirada gradual nos pilla a muchos con el pie cambiado, asumiendo que el precio que vemos en la estantería sigue bonificado cuando, en realidad,

El problema no es solo que suban los precios, que también, sino el desconcierto que genera este sistema de tramos que ha diseñado el Gobierno para recuperar la normalidad fiscal. Pasamos del 0% al 2% en los alimentos básicos, pero el verdadero lío llega con otros productos esenciales donde el baile de cifras puede confundir al consumidor más espabilado. Si antes mirabas el precio por litro, ahora te toca sacar la calculadora y revisar el ticket de compra con lupa, porque ese «error» de percepción entre lo que crees que vale y lo que te cobran es donde se esconden esos 50 céntimos extra que nadie te había avisado que pagarías hoy.

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Aceite: ¿Por qué mi ticket del súper ha engordado de golpe?

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El día 1 de enero amanecimos con resaca y con un cambio legislativo que afecta directamente a la columna vertebral de nuestra dieta mediterránea. La tregua del IVA al 0% ha pasado a mejor vida, y ahora el aceite de oliva soporta un tipo del 2%, mientras que las pastas y los aceites de semillas han saltado del 5% al 7,5% sin previo aviso. Lo curioso es que apenas notamos la subida en cada producto individual, pero el acumulado en una compra semanal estándar empieza a picar en el bolsillo de una forma que resulta difícil de justificar solo con la inflación.

Esta estrategia de la rana hervida, donde nos suben la temperatura fiscal poco a poco para que no saltemos de la olla, tiene un peligroso efecto secundario en la psicología del comprador. Nos hemos vuelto menos exigentes con los precios porque asumimos que todo sube por inercia, y es ahí donde los supermercados pueden jugar con los márgenes sin que nos demos cuenta.

IVA: El aceite de oliva: de producto de lujo a cuestión de Estado

El caso del «oro líquido» merece un capítulo aparte en este drama costumbrista, porque su tratamiento fiscal ha sido una montaña rusa emocional y económica para los españoles. Al haber sido incluido finalmente en la categoría de alimentos de primera necesidad con tipo superreducido, el IVA que se le aplica ahora es del 2%, una cifra que parece irrisoria pero que, en botellas que rozan los 10 o 12 euros, empieza a sumar céntimos con una alegría pasmosa.

Además, hay que tener mucho ojo con la variedad de aceite que metemos en el carro, porque no todos tributan igual ante los ojos de Hacienda en este periodo transitorio. Mientras el de oliva virgen extra se mantiene en ese 2% hasta marzo, otros aceites culinarios y grasas vegetales sufren un recargo mayor, y es habitual que confundamos las ofertas gancho con la realidad fiscal del producto.

La letra pequeña de la transición fiscal

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Lo que nadie te cuenta en los anuncios institucionales es que este sistema de subida escalonada es un terreno fértil para lo que técnicamente llamamos «errores de redondeo», pero que en mi barrio llamamos «quedarse con el cambio». Al aplicar un 2% o un 7,5% sobre precios que ya de por sí son irregulares (como 3,99 o 12,45), el sistema informático de las grandes superficies a veces barre para casa.

Y no nos engañemos pensando que esto es algo temporal que se solucionará solo cuando nos acostumbremos a los nuevos precios en unas semanas. La realidad es que estamos en un periodo de «libertad vigilada» de precios, donde la vigilancia brilla por su ausencia y el consumidor está más desprotegido que nunca ante estos micro-ajustes. Si detectas que el precio base (sin impuestos) ha subido justo el día que subía el IVA, sospecha, porque es muy probable que te estén cobrando dos veces por el mismo concepto: una para Hacienda y otra para la cuenta de resultados de la distribuidora.

Abril: el mes cruel donde el golpe será definitivo

Si crees que este 2% es molesto, espérate a que llegue la primavera, porque lo de ahora es solo el aperitivo de lo que nos espera a la vuelta de la esquina. A partir del 31 de marzo, si el Gobierno no decide prorrogar de nuevo las medidas (algo que con la actual prórroga presupuestaria parece ciencia ficción), los tipos volverán a su cauce habitual: el 4% para los básicos y el 10% para pastas y aceites de semillas.

Por eso, mi consejo de perro viejo es que no te fíes de la memoria visual de los precios que tenías en 2024 y empieces a mirar cada ticket como si fuera un contrato hipotecario. Revisa que te están aplicando el tipo correcto —ahora mismo el 2% o el 7,5%— y no el que entrará en vigor en abril, porque los sistemas fallan (o los hacen fallar) más de lo que nos gustaría admitir.


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