Víctor Domínguez, youtuber y divulgador digital, se ha convertido en una de las voces más influyentes de la nueva batalla cultural en Internet. Su diagnóstico es claro: el ecosistema informativo en España ya no funciona como antes y el cambio es irreversible. Lo que antes era un relato unidireccional hoy se discute, se contrasta y se desmonta en tiempo real.
En un contexto de desconfianza hacia los medios tradicionales, Domínguez explica cómo Internet rompió un circuito cerrado de información y abrió un nuevo paradigma que afecta a la política, a los medios y a la forma en que los ciudadanos construyen opinión.
Cuando Internet dejó de ser entretenimiento y se volvió poder

Durante años, Internet fue percibido como un espacio marginal: videojuegos, foros, ocio y contenido informal. Según Domínguez, ese prejuicio retrasó una comprensión profunda de su impacto real. “Hoy hay divulgadores económicos, analistas políticos y comunicadores serios que influyen más que muchos editoriales”, sostiene.
El punto de inflexión llegó cuando Internet permitió algo inédito: la verificación pública y colectiva del discurso. Antes, el circuito informativo era cerrado y unilateral. Los grandes medios emitían y el ciudadano apenas podía reaccionar. Ahora, cualquier afirmación puede ser contrastada en segundos por un creador en YouTube, un analista en X o un hilo viral con datos.
Ese contraste permanente entre lo que se dice y lo que ocurre es, para Domínguez, una de las causas de la pérdida de credibilidad de los medios tradicionales. “La gente detecta que algo no cuadra. Y cuando lo ve en Internet, la grieta se hace evidente”, resume.
Este nuevo frente informativo también explica por qué muchos creadores, antes impensables en el debate público, hoy moldean la opinión de miles de personas. Internet no solo amplificó voces: redistribuyó el poder del relato.
Política, memes y una adaptación que llega tarde
El poder político, sostiene Domínguez, reaccionó tarde y mal. La irrupción de líderes institucionales en TikTok, las “reacciones” estilo youtuber o el uso forzado del meme evidencian una adaptación poco natural. “Intentan hablar el idioma de Internet, pero con diez años de retraso”, afirma.
La solemnidad, durante décadas sinónimo de autoridad, hoy juega en contra. En Internet, la cercanía, la ironía y la espontaneidad generan más impacto que el discurso medido. La nueva derecha entendió antes esta lógica memética y emocional. La izquierda, observa Víctor Domínguez, intenta ahora bajar al barro para no perder relevancia entre los jóvenes.
El resultado es un cambio profundo en la cultura política española. Las nuevas generaciones ya no consumen información como antes. Desconfían de los mensajes cerrados y buscan análisis alternativos en Internet, incluso cuando estos incomodan al poder.
Esta transformación también explica el vaciamiento generacional de algunos partidos tradicionales. “Han perdido a los jóvenes porque siguieron hablando desde el corporativismo”, señala. En Internet, la coherencia entre discurso y vida personal se examina sin piedad.
Más allá de ideologías, Domínguez plantea una advertencia de fondo: una democracia solo funciona si la ciudadanía analiza y comprende los problemas. Internet puede ser una herramienta de emancipación o de ruido, dependiendo del nivel de educación crítica de la sociedad.
“El peligro no es Internet, sino una masa que repite consignas sin análisis”, concluye. En ese sentido, la batalla cultural no se libra solo en redes, sino en la capacidad colectiva de usar Internet para exigir datos, soluciones y coherencia. Porque cuando la información deja de ser un circuito cerrado, el poder ya no comunica solo: responde.









