Resulta curioso cómo una simple almohada ha pasado de ser un objeto de confort a convertirse en el símbolo de la resistencia contra las tasas abusivas de las aerolíneas. Lo cierto es que la picaresca se dispara cuando el bolsillo aprieta, y los viajeros han encontrado en la ropa de cama un aliado inesperado para evitar facturar esa maleta extra que nos amarga el presupuesto de las vacaciones.
La normativa de seguridad aérea es clara respecto a líquidos y objetos punzantes, pero se vuelve difusa cuando hablamos de accesorios de confort, permitiendo que este truco funcione en la mayoría de los controles sin levantar demasiadas sospechas entre el personal de tierra. Al fin y al cabo, nadie quiere ser el empleado antipático que le niega a un pasajero su derecho a echar una cabezadita, y es en esa grieta del sistema donde miles de turistas están colando kilos de ropa extra sin pagar ni un céntimo más.
¿Genialidad viral o necesidad ante el abuso?
El fenómeno comenzó, como casi todo hoy en día, en las redes sociales, donde decenas de usuarios demostraron que una funda de cojín tiene la capacidad de carga de una mochila pequeña. Aunque pueda parecer ridículo, los vídeos acumulan millones de visitas porque tocan una fibra sensible: la sensación generalizada de que las compañías aéreas nos están cobrando hasta por respirar dentro de la cabina.
Lo fascinante es ver cómo la gente rellena estas fundas con camisetas, ropa interior y hasta abrigos ligeros, logrando que el bulto mantenga una apariencia esponjosa y suave. Sin embargo, hay que tener presente que la discreción es la clave del éxito en esta maniobra, porque si tu cojín pesa siete kilos y suena a hebillas metálicas al dejarlo caer en la cinta del escáner, es probable que la jugada te salga bastante cara antes de embarcar.
El vacío legal de la almohada de viaje
La mayoría de las aerolíneas «low cost» permiten subir al avión con un artículo personal pequeño y, en muchos casos, accesorios adicionales como mantas o cojines de cuello. Aprovechando esta letra pequeña, resulta que una funda de almohada rellena de ropa técnicamente no incumple ninguna norma explícita de seguridad, siempre y cuando pase por el escáner de rayos X como cualquier otro bulto. Los agentes de seguridad buscan amenazas, no calcetines, por lo que su preocupación es nula.
El problema real surge en la puerta de embarque, donde el personal de la aerolínea tiene el ojo entrenado para detectar bultos sospechosos que excedan las dimensiones permitidas. A pesar de esto, la realidad es que rara vez detienen a alguien por llevar un cojín, ya que entrar en discusiones sobre si un objeto es para dormir o para transportar enseres retrasaría el embarque y complicaría la operativa del vuelo.
Cuando la broma te sale por un ojo de la cara
No obstante, no todo es un camino de rosas en este truco viral, ya que algunas compañías como Ryanair o Vueling están empezando a ponerse serias con el «exceso de accesorios» en cabina. Si el personal de tierra detecta el engaño, ten por seguro que te obligarán a pagar la tarifa de equipaje en la propia puerta, un coste que suele ser mucho más elevado que si hubieras facturado la maleta honestamente desde casa.
Además, existe el inconveniente logístico de tener que cargar con un bulto informe y sin asas por todo el aeropuerto, lo cual no es precisamente el colmo de la comodidad. Hay que considerar si realmente merece la pena el estrés añadido de pasar los controles con el miedo en el cuerpo, o si es preferible asumir el coste y viajar con la dignidad —y la espalda— intactas.
Manual de instrucciones para no hacer el ridículo
Si decides arriesgarte, la clave está en utilizar una funda de cojín con cremallera que no sea demasiado grande y, sobre todo, que mantenga una textura blanda al tacto. Lo ideal es colocar las prendas más suaves en el exterior para que, si alguien lo toca, sienta tela y no la estructura rígida de unos vaqueros o unos zapatos, lo cual delataría inmediatamente la treta ante cualquier azafato observador.
Camina con seguridad, lleva la almohada bajo el brazo con naturalidad, como si fuera lo más ligero del mundo, y evita mirar constantemente al personal de la aerolínea con cara de culpabilidad. Recuerda que al final del día se trata de actuar con total normalidad, porque en el teatro de los aeropuertos, la confianza es el mejor pasaporte para que nadie te pida explicaciones sobre por qué tu reposacabezas parece estar relleno de toda tu ropa de invierno.










