La alimentación no va de extremos, va de constancia. En un mundo saturado de modas, dietas milagro y promesas que suenan bien pero duran poco, el médico dominicano Hamlet Soler —afincado en España— ha ido ganando espacio con una propuesta mucho más terrenal: salud con cabeza, sin atajos y sin fanatismos. En una entrevista reciente, vuelve a insistir en lo mismo que repite casi como un mantra: el bienestar no se construye con una sola palanca, sino entendiendo el cuerpo como un todo.
Y lo dice desde la experiencia, no desde una torre de marfil.
Del camarero al divulgador: cuando la medicina se queda pequeña

La historia de Soler no es la de un camino recto. Llegó a España como migrante y, mientras homologaba su título de medicina, trabajó de camarero. Aquellos años le dejaron algo más que recuerdos duros: le hicieron replantearse qué tipo de médico quería ser. “En consulta ayudas a una persona… pero solo a una. No es repetible, no es escalable”, explica. Y ahí le empezó a rondar la idea de llevar la medicina más allá de la consulta, a espacios donde pudiera llegar a miles.
Así dio el salto a las redes sociales y a la divulgación en nutrición y entrenamiento. No para simplificar la ciencia hasta volverla irreconocible, sino para traducirla. Para hacerla usable. Para que la gente no dependa de modas, sino de criterio.
Ni cardio solo, ni pesas solo: el cuerpo no funciona por partes

En un sector donde todo parece blanco o negro, Sos se mueve en la gama de grises. Cuestiona sin rodeos las dietas extremas —keto estricta, carnívora— que, en su opinión, deben más a estrategias de marketing y al “efecto tribu” que a una validez universal. Su enfoque es claro: “el cuerpo es un sistema de sistemas”, y pretender arreglarlo con una única herramienta es como intentar afinar una orquesta tocando solo un instrumento.
Con el entrenamiento ocurre lo mismo. No hay una receta mágica. El cardio aporta salud cardiovascular y gasto energético; la fuerza mejora la composición corporal, la densidad ósea y el metabolismo. ¿La clave? La combinación. La dosis. La adaptación a cada persona. “No hay una fórmula única”, repite. Y tiene razón: el cuerpo no entiende de dogmas, entiende de estímulos.
Comer también es sentir: la dieta que no se disfruta, no dura

Cuando habla de alimentación, Sos baja el discurso a tierra. Comer no es solo contar nutrientes; es oler, masticar, disfrutar la textura, sentir saciedad. Por eso insiste en algo que muchos pasan por alto: una dieta eficaz tiene que ser también agradable. Si es un castigo, si convierte cada comida en una lucha, terminará rompiéndose por algún lado.
Las restricciones extremas pueden funcionar un tiempo, sí. Pero a largo plazo suelen fallar por falta de adherencia. Y aquí es donde él pone el foco: más que buscar el plan “perfecto”, hay que encontrar uno realista, sostenible y compatible con la vida.
Suplementos: ni demonios ni salvadores
Uno de los temas que más preguntas genera es la suplementación. Y Sos no se esconde: para la mayoría de las personas, no es imprescindible si la dieta está bien planteada. “Es personal”, matiza. Aunque reconoce que hay dos que sí pueden tener sentido en muchos casos: omega-3 y creatina.
Sobre la creatina, es especialmente claro. La considera uno de los suplementos con mayor respaldo científico y desmonta el viejo mito de que dañe los riñones en personas sanas. Recomienda, de forma orientativa, un gramo por cada diez kilos de peso corporal. Y añade un detalle práctico: intentar cubrir esa dosis solo con comida —por ejemplo, con carne— es poco realista tanto por calorías como por coste.
Con la proteína, diferencia sin dramatismos: para la mayoría, la whey es suficiente. La proteína aislada (ISO) solo compensa en contextos muy concretos, como dietas extremadamente estrictas o competición. Y con el magnesio y el colágeno, vuelve a la misma lógica: útiles en situaciones específicas, no soluciones universales.









