sábado, 10 enero 2026

Nazareth Castellanos (48), Física teórica y doctora en Neurociencia: “El descanso genuino es una necesidad biológica, no un premio por haber producido”

En una cultura que premia el hacer constante, Nazareth Castellanos advierte que la fatiga mental no es debilidad individual, sino la consecuencia biológica de un cerebro sin descanso real ni pausas reparadoras.

Nazareth Castellanos, física teórica y doctora en Neurociencia, lleva años investigando un malestar silencioso que atraviesa a millones de personas: la sensación de estar siempre ocupadas, pero rara vez presentes. En un contexto que glorifica la productividad constante, su afirmación es contundente: “El descanso genuino es una necesidad biológica, no un premio por haber producido”.

El aumento de la dispersión mental, la fatiga cognitiva y la dificultad para sostener la atención no son fallas individuales, sino señales de un cerebro sobreexigido y falto de descanso. ¿Qué dice la neurociencia sobre esta crisis silenciosa y cómo recuperar claridad sin convertirnos en máquinas de eficiencia?

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Un cerebro disperso no es un cerebro roto

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Durante décadas se creyó que la falta de enfoque era una debilidad personal. Hoy, la evidencia científica muestra otra realidad. El cerebro es plástico: se moldea según el entorno y los hábitos que repetimos. Cuando vivimos saltando de una notificación a otra, entrenamos literalmente al cerebro para la dispersión.

Castellanos explica que las redes neuronales asociadas a la atención profunda —especialmente en el córtex prefrontal— se debilitan cuando no se usan. No porque estén dañadas, sino porque no se les da espacio. En ese contexto, el descanso deja de ser accesorio y se vuelve estructural. Sin descanso, el cerebro permanece en un estado de alerta constante, incapaz de integrar información o regular emociones.

Aquí aparece una de las ideas clave: transformar la dispersión no implica hacer más, sino permitir que el cerebro complete ciclos. La práctica de la atención unitaria —hacer una sola cosa a la vez— fortalece las redes atencionales. Pero ese esfuerzo solo es sostenible si está acompañado por descanso real, no por pausas llenas de estímulos.

El descanso como proceso activo del cerebro

El descanso como proceso activo del cerebro
Fuente: agencias

Uno de los aportes más relevantes de la neurociencia reciente es la revalorización de la llamada red de modo por defecto. Esta red cerebral se activa cuando no estamos enfocados en una tarea concreta. Lejos de ser inactividad, es esencial para consolidar memorias, integrar aprendizajes y facilitar la creatividad.

El problema es que hoy casi no dejamos espacio para ese descanso mental. Incluso en los momentos de pausa, el cerebro sigue procesando estímulos externos. Según Castellanos, esta falta de descanso explica por qué muchas personas sienten que trabajan todo el día, pero producen poco. El descanso genuino puede tomar formas simples: caminar sin auriculares, mirar por la ventana durante unos minutos y/o sentarse sin un objetivo productivo.

Al principio, estas pausas generan incomodidad. Sin embargo, cuando el cerebro accede al descanso, activa procesos de reorganización interna que mejoran la claridad mental y la capacidad de enfoque posterior.

El sueño merece un apartado especial. Durante el sueño profundo y REM, el cerebro realiza una limpieza metabólica, consolida aprendizajes y regula emociones. Un cerebro sin descanso nocturno suficiente no puede sostener la atención ni gestionar el estrés. En estos casos, la dispersión no es una elección: es una consecuencia biológica.

Nazareth Castellanos subraya que el cerebro no funciona aislado. El movimiento consciente regula el sistema nervioso y favorece un descanso más profundo. Caminar, practicar yoga o simplemente respirar de forma atenta activa el nervio vago, señalizando seguridad al cerebro.


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