El acero europeo se desgasta por el exceso de ajustes regulatorios

Las nuevas medidas de la Comisión Europea aumentan la presión arancelaria de acero no comunitario

Esta es la principal conclusión del informe del sector del acero europeo de Solunion, firmado por el analista Iñaki Ballesteros, que indica que este sector, lejos de solucionar sus problemas estructurales, los está agravando con el paso del tiempo. En este sentido, el marco regulatorio se ha convertido en uno de los principales factores de tensión estructural para el sector europeo del acero de cara a 2026.

Tal y como recoge el análisis, los desequilibrios que ya existían hace más de una década, como es el caso de sobrecapacidad global, presión de importaciones y costes de producción elevados, han marcado a 2025 podrían ser determinantes para este año. En este sentido, las autoridades europeas han apostado por el endurecimiento progresivo de las medidas regulatorias, tanto en el ámbito comercial como en el medioambiental, que busca proteger a la industria local, pero que introduce nuevas tensiones económicas. 

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En el ámbito comercial, la UE ha intensificado las medidas de salvaguarda iniciadas en 2018, que legalmente expiran en junio de 2026. La nueva propuesta presentada por la Comisión Europea en octubre de 2025 supone un endurecimiento significativo: La cuota de importación libre de arancel se reduce a 18,3 millones de toneladas, lo que representa una caída aproximada del 47% respecto a 2024, mientras que las importaciones fuera de cuota pasan a estar gravadas con un arancel del 50%. 

Las presiones regulatorias aíslan el acero europeo

Es decir, Europa está respondiendo a las altas importaciones a las que está expuesto el sector, que han crecido desde 2014 un 70%. Además de que este sector está expuesto a una presión externa con menores costes, especialmente en un entorno de sobrecapacidad global persistente.

Aun así, el propio informe subraya que estas medidas no corrigen el desequilibrio estructural entre oferta y demanda. La demanda europea se mantiene prácticamente plana, con niveles de actividad bajos, mientras que la utilización de la capacidad productiva en la UE se sitúa en torno al 67% en 2024, lejos del 80% necesario para alcanzar niveles de rentabilidad razonables. 

Por otro lado, el informe apunta a que a estas medidas de proteccionismo comercial, se suma la aceleración de las medidas cara a 2026 del Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM). El informe destaca que, desde ese año, se acelerará la retirada de la asignación gratuita de derechos de emisión de CO₂, con el objetivo de su eliminación total en 2035.

Esto se traduce en que los productores europeos deberán asumir de forma creciente el coste del carbono, mientras que los importadores estarán obligados a declarar las emisiones incorporadas en los productos y a adquirir certificados CBAM vinculados al precio del ETS (sistema de Comercio Derechos de Emisiones de la Unión Europea). Este mecanismo busca evitar la deslocalización de emisiones, pero introduce un incremento directo de costes en un sector ya intensivo en capital y energía.

Con todos estos elementos, el informe apunta a que se reducirán las importaciones, estimadas por algunos organismos en torno al 30%, junto con una subida de precios del acero europeo de aproximadamente 100 a 150 euros por tonelada. Sin embargo, el documento advierte de que este aumento de precios se produce en un mercado “actualmente deprimido”, lo que genera una presión significativa sobre los centros de transformación del acero y los sectores downstream, que deberán intentar trasladar estos incrementos a clientes finales con una capacidad limitada de absorción.

Además, el informe señala que, ante la previsible subida de precios asociada a la entrada en vigor de estas medidas, se está produciendo un repunte de las importaciones previo a 2026. Este volumen adicional deberá ser absorbido por el mercado en los primeros meses del año, lo que añade volatilidad y complejidad a un entorno ya tensionado. 

En definitiva, la presión regulatoria es un factor que, más que solucionar los problemas de competitividad del sector del acero europeo, los agrava; ya que el aislacionismo deriva en un incremento de los precios en un sector caracterizado por contar con una rentabilidad frágil.


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