viernes, 9 enero 2026

La manía más repetida en los supermercados: por qué tantos consumidores evitan coger el primer producto del estante

Ir a los supermercados es una rutina cotidiana, pero también un pequeño laboratorio de comportamientos curiosos. Entre pasillos, carros y ofertas llamativas, hay una manía que se repite a diario y que muchos consumidores practican casi de forma automática: evitar coger el primer producto del estante. Da igual que se trate de yogures, paquetes de arroz o botes de tomate frito. La escena se repite en miles de tiendas de toda España.

El gesto es rápido y casi inconsciente. El consumidor aparta el primer artículo, mira el segundo o el tercero y, solo entonces, decide cuál llevarse. Una costumbre tan extendida que ha terminado generando comentarios, bromas en redes sociales e incluso análisis de expertos desde el ámbito del consumo.

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“El de delante no, mejor el de atrás” una costumbre en los supermercados

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La explicación más común que dan quienes practican esta manía tiene que ver con la fecha de caducidad. Existe la creencia de que los productos colocados delante son los que caducan antes y que los que están detrás son más recientes. En muchos casos, esta idea tiene una base real, ya que los supermercados suelen aplicar el sistema FIFO (first in, first out), colocando delante los artículos más antiguos para facilitar su venta.

Sin embargo, esta estrategia no siempre marca una diferencia significativa. En productos con larga duración, como conservas, arroz o pasta, la diferencia entre uno y otro suele ser mínima. Aun así, el ritual se mantiene.

Algunos consumidores reconocen que saben que probablemente da igual, pero prefieren “no arriesgarse”. Otros admiten que es una costumbre heredada de ver a sus padres hacerlo durante años.

El factor psicológico detrás del gesto

Más allá de la caducidad, los expertos en comportamiento del consumidor señalan que esta manía responde a una sensación de control. Elegir “el de atrás” genera la impresión de haber tomado una decisión más inteligente, aunque no haya una ventaja real.

También influye el estado del envase. Muchos evitan el primer producto porque puede haber sido tocado por otras personas, movido o incluso golpeado al reponer el lineal. La idea de estrenar un artículo “intacto” sigue teniendo peso, incluso cuando el envase está en perfecto estado.

De hecho, en redes sociales, no faltan los comentarios irónicos: “El primero ha sido manoseado”, “ese ya ha pasado por muchas manos” o “el de atrás está virgen”.

Supermercados que juegan con la manía

Algunas cadenas de supermercados son plenamente conscientes de este comportamiento y lo tienen en cuenta al diseñar la colocación de productos. De hecho, hay quienes aseguran que ciertos artículos en promoción se colocan estratégicamente en segunda o tercera fila para atraer a este tipo de consumidor.

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Consumidores eligiendo productos

También se han visto campañas publicitarias que bromean abiertamente con estas manías. Mensajes como “No pasa nada si coges el primero” o “Todos caducan el mismo día” han aparecido en carteles y anuncios, apelando directamente al humor cotidiano del comprador.

Por otra parte, evitar el primer producto no es la única rareza habitual. Revisar todos los huevos antes de comprar una docena, apretar el pan aunque venga embolsado, abrir y cerrar la nevera varias veces “por si acaso” o dar vueltas al supermercado sin rumbo claro antes de empezar la compra son comportamientos muy extendidos.

También está la costumbre de comparar dos productos idénticos durante varios segundos para acabar cogiendo el primero que se había mirado. O la de no coger nunca el último artículo que queda en la estantería, como si llevarlo implicara mala suerte.

Pequeños gestos que dicen mucho

Estas manías, lejos de ser un problema, forman parte de la experiencia de consumo moderna. Son gestos pequeños, casi invisibles, pero compartidos por millones de personas. En un entorno tan cotidiano como el del supermercado, estas conductas aportan una nota de humor involuntario que todos hemos protagonizado alguna vez.

Al final, entre ofertas, listas de la compra y prisas, el consumidor sigue encontrando formas curiosas de sentir que tiene el control. Aunque solo sea eligiendo el yogur que está un poco más atrás.


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