La salud no empieza en el plato, empieza dentro de ti. Durante años nos dijeron que la clave estaba en las calorías, en las dietas de moda o en el último suplemento milagro. Y, sin embargo, la ciencia va señalando cada vez con más claridad hacia otro lugar: el intestino. No como un simple tubo digestivo, sino como el verdadero centro de mando del bienestar.
En este contexto aparece el trabajo del Dr. Will Bulsiewicz, gastroenterólogo e investigador del microbioma. Su mensaje es tan sencillo como potente: si el intestino no está bien, nada termina de estarlo. Inflamación, defensas, metabolismo, incluso nuestro estado de ánimo… todo pasa, de una forma u otra, por ahí.
Según explica, dentro de nosotros vive un universo: unos 38 billones de microorganismos entre bacterias, levaduras y otros microbios, sobre todo en el colon. Y aquí viene el dato que siempre hace levantar cejas: “el 60 % del peso de tus heces es tu microbioma”. Sí, suena poco glamur, pero también dice mucho. Una parte enorme de nuestra biología diaria la forman estos seres invisibles que trabajan (o se desordenan) sin que lo notemos.
Inflamación: cuando el cuerpo se queda en modo alarma

Uno de los grandes males de nuestra época no siempre duele, pero desgasta. La inflamación crónica de bajo grado se cuela en forma de cansancio constante, hinchazón, niebla mental o noches de mal dormir. No es un drama de un día. Es un goteo.
Bulsiewicz lo explica de manera muy clara: la inflamación es una respuesta normal del sistema inmune cuando hay una amenaza. El problema aparece cuando esa alarma se queda encendida todo el tiempo. “Estamos activando el sistema inmunológico cuando no lo necesitamos y permanece así 24/7”, advierte. Es como vivir con la sirena de emergencias sonando dentro del cuerpo: al final, los daños no vienen del enemigo… sino del propio sistema intentando protegerte.
Y aquí es donde entra en juego el intestino, porque gran parte de esa inflamación nace precisamente de ahí.
La barrera intestinal y el poder silencioso de la fibra

El intestino tiene su propio “muro de seguridad”: una capa de células que decide qué entra y qué se queda fuera. Un filtro inteligente. Cuando esa barrera se debilita aparece lo que muchos llaman “intestino permeable”, y el sistema inmune se dispara.
La buena noticia es que ese muro se renueva cada pocos días. “Cada 3 a 5 días construyes una nueva barrera intestinal”, recuerda el doctor. Pero para que se construya bien, necesita materiales. Y el material estrella es uno que casi todos descuidamos: la fibra.
El 95 % de la población no consume la cantidad adecuada. Y es una pena, porque cuando los microbios fermentan la fibra producen sustancias —como el famoso butirato— que reparan la barrera y apagan la inflamación. No es magia. Es biología básica. Comer mejor no es una moda: es darle herramientas al cuerpo para protegerse.
Constancia, ritmo y algo que olvidamos: la vida emocional

Otro punto clave en su enfoque es el ritmo circadiano, ese reloj interno que marca cuándo activarnos y cuándo descansar. Para Bulsiewicz, todo se resume en una palabra: consistencia. Horarios más o menos regulares, luz por la mañana, comidas espaciadas, cenas tempranas, menos pantallas por la noche. Pequeños gestos que, sumados, ordenan a la orquesta interna.
También recuerda algo que a veces se pasa por alto: no somos solo digestión, también somos emociones. El eje cerebro–intestino hace que el estrés, el miedo o el trauma se reflejen directamente en la tripa. He visto esto muchas veces: personas que comen “perfecto” pero siguen con problemas digestivos porque su sistema nervioso nunca descansa. El propio Bulsiewicz lo dice sin rodeos: en algunos casos, sanar el cuerpo exige antes reconocer lo que duele por dentro.









