
La pensión de los autónomos sigue siendo una de las mayores preocupaciones laborales en España. A diferencia de los trabajadores asalariados, quienes cotizan de forma automática según su salario, los autónomos han tenido históricamente mayor margen para decidir su base de cotización. Y esa libertad, que durante años fue vista como una ventaja, hoy se ha convertido para muchos en una fuente de incertidumbre de cara a la jubilación.
Con el paso del tiempo y los cambios normativos, la pregunta es cada vez más común: ¿podrá un autónomo mantener su nivel de vida cuando se jubile?
Cotizar poco hoy, cobrar menos mañana: el problema de la pensión de los autónomos
Durante décadas, una gran parte de los autónomos optó por cotizar por la base mínima. El motivo era sencillo: pagar menos cada mes para poder sostener el negocio. El problema llega al final del camino laboral, cuando la pensión resultante es sensiblemente inferior a la de un trabajador por cuenta ajena con una trayectoria similar.
Las cifras lo reflejan con claridad. De media, la pensión de jubilación de los autónomos es notablemente más baja que la del régimen general. Esto no se debe a un castigo del sistema, sino a una consecuencia directa de las bases por las que se ha cotizado durante la vida laboral.
No obstante, en los últimos años, el sistema de cotización de los autónomos ha cambiado para acercarse más a los ingresos reales. Este nuevo modelo pretende que quien gane más cotice más, y quien gane menos tenga cuotas ajustadas.
Sobre el papel, el objetivo es mejorar las pensiones futuras. En la práctica, el efecto será progresivo y no inmediato. Los autónomos que están cerca de la jubilación apenas notarán mejoras sustanciales si han cotizado poco durante la mayor parte de su carrera.
Por eso, uno de los mensajes clave de los expertos es claro: el tiempo juega un papel decisivo en el asunto de la pensión de los autónomos. Cuanto antes se empiece a cotizar por bases más altas, mayor será la pensión final.
De hecho, muchos autónomos desconocen que los últimos años de cotización tienen un peso muy importante en el cálculo de la pensión. Ajustar la base en la recta final puede ayudar, pero no siempre compensa décadas de cotización baja.
Aun así, existen estrategias legales para mejorar la pensión: subir la base cuando el negocio lo permite, planificar con antelación o combinar la cotización con sistemas de ahorro complementarios.

Jubilación activa y alternativas reales
Ante la incertidumbre, cada vez más autónomos contemplan fórmulas como la jubilación activa, que permite compatibilizar el cobro de parte de la pensión con la actividad profesional. Para muchos, esta opción no es solo una elección, sino una necesidad económica.
Otros optan por retrasar la jubilación voluntariamente, lo que puede incrementar la pensión mensual. Sin embargo, no todos los sectores permiten alargar la vida laboral con facilidad, especialmente en trabajos físicos o muy exigentes.
El factor psicológico: miedo al futuro
Más allá de los números, la pensión de los autónomos tiene un fuerte componente emocional. La sensación de haber trabajado toda una vida sin la seguridad de un retiro digno genera ansiedad, especialmente entre quienes han atravesado crisis, pandemias o largos periodos de ingresos inestables.
Por eso, cada vez se habla más de la necesidad de educación financiera específica para autónomos, adaptada a su realidad y no basada en esquemas pensados para asalariados.
Planificar hoy para no lamentar mañana
La jubilación puede parecer lejana cuando se está en plena actividad, pero llega antes de lo que muchos creen. La pensión de los autónomos no depende de promesas futuras, sino de decisiones presentes.
En ese sentido, revisar la base de cotización, informarse, hacer números y planificar con tiempo es, hoy más que nunca, una parte esencial del trabajo por cuenta propia. Porque ser autónomo no solo implica emprender, sino también pensar en el día después.









