Un tesoro escondido en las alturas de la sierra de Somosierra aguarda a quienes se atrevan a alejarse apenas una hora de la capital. La Chorrera de los Litueros no es un parque temático ni una atracción comercializada, sino un salto de agua de aproximadamente 40 metros de caída que forma parte del nacimiento del río Duratón.
Localizada a 1.433 metros de altitud, esta cascada ostenta el título de más alta de la Comunidad de Madrid, un honor que comparte con el entorno selvático y desconocido que la rodea. El agua, cuando baja con fuerza en épocas de deshielo o lluvias abundantes, crea una estampa de belleza casi cinematográfica que evoca paisajes tropicales, aunque la temperatura y el bosque de pinos la sitúen claramente en plena geografía ibérica.
Lo extraordinario de esta cascada no reside únicamente en sus proporciones, sino en la accesibilidad con la que se presenta al viajero. No requiere una preparación alpina ni equipamiento técnico complicado. Desde el pueblo de Somosierra o desde la antigua carretera nacional I, existe un sendero que conduce hasta la cascada en apenas 20 a 30 minutos a pie, recorriendo apenas 1,6 kilómetros de trayecto.
Las pendientes son reducidas y el camino está bien transitado, lo que permite que familias con niños, excursionistas ocasionales e incluso personas mayores disfruten de este espectáculo sin esfuerzos desmedidos. Eso sí, las botas de montaña o calzado deportivo son recomendables en los últimos metros, donde las piedras sueltas y la humedad del entorno exigen prudencia.
El bosque que te teletransporta
Rodear a esta cascada es un bosque de rocas graníticas y pinos de alta montaña que genera una atmósfera única en la sierra madrileña. Cuando la niebla desciende desde las cumbres vecinas, las vistas evolucionan minuto a minuto, transformando el paisaje en tonos grises y blancos que reclaman fotografía tras fotografía.
Los robledales acompañan al arroyo del Caño, que es el que alimenta esta magnífica caída, creando una galería natural de vegetación frondosa que contrasta con la aridez de otros parajes serranos. En primavera, cuando el deshielo proporciona máximo caudal al agua, el rugido de la Chorrera se escucha desde lejos, invitando a acercarse y luego sorprendiendo con su potencia bruta.
Acceso sin barreras y gratuito
El acceso a la Chorrera de los Litueros es completamente gratuito y no requiere solicitud de permisos ni reservas anticipadas. Un pequeño aparcamiento cerca del Puerto de Somosierra, frente a una gasolinera, sirve como punto de partida para recorrer la ruta.
Desde allí se toma la antigua N-1 hacia el norte apenas 1 kilómetro, donde un sendero claramente marcado se abre hacia el interior del bosque. El trayecto es circular y muy manejable, permitiendo una visita completa en dos horas si se incluyen pausas para disfrutar del paisaje y refrescarse en las pozas de agua cristalina que se forman al pie de la cascada.
Un rincón salvaje al alcance de la mano
A diferencia de otras cascadas de la región, como la del Purgatorio en Rascafría, la Chorrera de los Litueros mantiene un carácter más salvaje y menos masificado, conservando intacta su esencia de rincón desconocido pese a su proximidad a la capital. Las redes sociales aún no la han convertido en un punto de saturación turística, lo que significa que es posible disfrutar de soledad y silencio bajo el fragor del agua.
En invierno, cuando las nieves llegan a esta altitud, las paredes rocosas adquieren esculpidas formaciones de hielo natural, transformando la experiencia en algo aún más espectacular. En verano, las pozas cristalinas invitan al baño, siempre respetando la seguridad y la conservación de este ecosistema delicado que merece protección.










