viernes, 9 enero 2026

Víctor Bravo, médico: “La cerveza parece inofensiva, pero en personas con diabetes puede ser muy dañina”

El endocrinólogo Víctor Bravo advierte que la cerveza, socialmente normalizada, puede desestabilizar la glucosa, bloquear la quema de grasa y complicar el control metabólico en personas con diabetes, incluso en consumos aparentemente moderados, habituales diarios.

Víctor Bravo, médico endocrinólogo y divulgador en diabetes y nutrición, pone el foco en una costumbre social ampliamente normalizada: beber cerveza. Lo que muchos consideran un gesto inocente puede convertirse en un problema real para quienes conviven con la diabetes.

En un contexto donde crece la prevalencia de esta enfermedad metabólica, el especialista explica por qué la cerveza impacta directamente sobre la glucosa, el metabolismo y la quema de grasa, y qué alternativas permiten cuidar la salud sin renunciar a la vida social.

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Por qué la cerveza no es tan inofensiva como parece

Por qué la cerveza no es tan inofensiva como parece
Fuente: agencias

El primer punto que subraya Bravo es claro: el alcohol es un tóxico reconocido por las principales sociedades científicas. No existe una cantidad completamente segura y cada gramo aporta 7 calorías vacías que el cuerpo debe gestionar. En el caso de la cerveza, el problema se agrava por su composición.

Desde el punto de vista metabólico, la cerveza actúa como un hidrato de carbono de absorción rápida. “Es casi azúcar líquido”, explica el médico. Una sola unidad puede aportar entre 10 y 15 gramos de carbohidratos que pasan directamente al torrente sanguíneo, generando picos de glucosa difíciles de controlar, especialmente cuando el consumo se vuelve habitual.

A esto se suma su efecto hepático. El alcohol se metaboliza en el hígado y, con el tiempo, puede provocar inflamación, fibrosis e incluso cirrosis. En personas con diabetes, este estrés añadido dificulta aún más el control glucémico. Además, la cerveza no hidrata, no mejora la recuperación muscular tras el ejercicio y bloquea la quema de grasa, un factor clave para quienes intentan perder peso.

Riesgos específicos y alternativas más saludables

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Los efectos varían según el tipo de diabetes. En la diabetes tipo 1, el alcohol puede aumentar el riesgo de hipoglucemias tardías. Durante su metabolización, se eleva el NADH, una molécula que bloquea la producción de glucosa en el hígado. El resultado: bajadas peligrosas de azúcar horas después de haber bebido cerveza.

En la diabetes tipo 2, el mayor problema suele ser el exceso calórico. Una noche de consumo social puede sumar más de 1.000 calorías adicionales, suficientes para deshacer el esfuerzo de toda una semana. Incluso una cerveza diaria, sin llegar a la embriaguez, puede favorecer el aumento de peso de forma silenciosa. Por otro lado, Bravo también alerta sobre una trampa frecuente: la cerveza sin alcohol. En muchos casos, el alcohol se sustituye por jarabes de glucosa, lo que provoca subidas aún más rápidas de azúcar en sangre.

Frente a este escenario, el especialista no propone prohibiciones extremas. Su mensaje es práctico y realista: reducir la frecuencia y no convertir la cerveza en un hábito cotidiano. Para quienes buscan opciones más compatibles con la diabetes, recomienda tres bebidas clave: agua con gas, refrescos cero o agua, té o café.

“La clave no es el todo o nada”, insiste Bravo. Disfrutar una cerveza de forma ocasional no supone un problema grave, pero normalizar su consumo diario sí puede afectar seriamente la salud metabólica. El mensaje final es claro: pequeños cambios sostenidos —como elegir mejor qué se bebe— tienen un impacto mucho mayor que los excesos del fin de semana. En diabetes, cuidar la glucosa también empieza por lo que hay en el vaso.


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