Borja Bandera, médico especialista en endocrinología y nutrición, pone el foco en uno de los grandes enemigos silenciosos de la salud metabólica: el alcohol. Según advierte, el alcohol bloquea la quema de grasa y favorece su acumulación visceral, incluso en personas delgadas.
La grasa visceral no siempre se ve, pero sí se paga. Y mucho. ¿Por qué esta grasa es tan peligrosa? ¿Qué papel juega el alcohol en su acumulación? Bandera explica lo que dice la evidencia científica y qué cambios realmente funcionan para eliminar la grasa corporal.
Grasa visceral: el riesgo que no se ve, pero actúa desde dentro
Cuando se habla de grasa abdominal, la mayoría piensa en la grasa subcutánea, la visible bajo la piel. Sin embargo, la grasa visceral es otra historia. Se acumula dentro de la cavidad abdominal, envolviendo órganos vitales como el hígado, el páncreas o los intestinos. Y ahí reside el problema.
“La grasa visceral actúa como un órgano endocrino nocivo”, explica Bandera. Produce sustancias inflamatorias que pasan directamente al hígado y a la circulación sistémica. El resultado es un aumento del riesgo de diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, síndrome metabólico e incluso algunos tipos de cáncer.
Uno de los aspectos más preocupantes es que se puede tener un índice de masa corporal normal y aun así un exceso de grasa visceral. De hecho, los estudios de imagen muestran que la grasa visceral predice mejor el riesgo cardiometabólico que la grasa subcutánea. No es estética: es salud. En este contexto, el alcohol juega un papel clave. No como único culpable, pero sí como un acelerador metabólico silencioso que suele pasar desapercibido en la dieta cotidiana.
Alcohol y metabolismo: por qué beber frena la quema de grasa

El mecanismo es tan simple como contundente. Cuando se consume alcohol, el organismo prioriza su eliminación. El etanol se metaboliza en el hígado y, mientras ese proceso está en marcha, la quema de grasa se detiene casi por completo. La lipólisis queda bloqueada.
“Si bebes en el almuerzo y en la cena, tu cuerpo pasa gran parte del día sin usar grasa como combustible”, advierte Bandera. Ese bloqueo favorece que la energía sobrante se almacene, especialmente en forma de grasa visceral. El alcohol, además, suele ir acompañado de otros factores de riesgo: azúcares simples, harinas refinadas y grasas saturadas.
La combinación es explosiva. Refrescos, jugos, salsas comerciales y bebidas alcohólicas aportan fructosa líquida y etanol, dos elementos que aumentan de forma directa el depósito de grasa visceral, incluso a igualdad de calorías. Reducir el alcohol no es una recomendación moral, sino metabólica. Y los beneficios aparecen antes de lo que muchos imaginan. Por otro lado, tras analizar decenas de estudios, Bandera propone una estrategia clara, basada en medidas con alta evidencia científica y buena adherencia:
- Reducir progresivamente el alcohol y los azúcares simples, especialmente en forma líquida. Menos alcohol implica menos bloqueo de la quema de grasa.
- Aumentar la proteína hasta al menos 1,3 g por kilo de peso al día, lo que se asocia a una reducción significativa de grasa visceral.
- Limitar las grasas saturadas y priorizar grasas saludables como el aceite de oliva, el aguacate y el pescado azul.
- Añadir fibra soluble (unos 20 g diarios) para mejorar la microbiota y reducir la absorción de grasa.
- Entrenamiento interválico de alta intensidad, tres veces por semana, capaz de movilizar más grasa visceral que el ejercicio suave.
- En casos seleccionados, valorar suplementos como la berberina o tratamientos farmacológicos siempre bajo supervisión médica.









