jueves, 8 enero 2026

¿Cuál es la realidad de las startups españolas respecto a las del resto de Europa?

El informe State of European Tech” describe un continente que produce cada vez más compañías invertibles, pero donde la financiación no siempre acompaña al ritmo necesario para sostener trayectorias de crecimiento.

España lleva años dejando de ser “promesa” para convertirse en un mercado europeo con tracción real. La foto más reciente muestra un ecosistema de startups que vuelve a acelerar en inversión, acumula compañías con ambición global y se beneficia de un tejido de talento cada vez más competitivo, especialmente en hubs como Madrid y Barcelona.

Sin embargo, cuando se compara con los polos del norte y centro de Europa, persisten diferencias estructurales en capacidad de escalado, profundidad de capital y densidad de grandes salidas.

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Mirar a Europa ayuda a poner contexto. El continente está recuperando pulso inversor tras el ajuste de 2022–2023, y la competencia entre ecosistemas se decide menos por el número de proyectos y más por cuántas empresas logran cruzar el umbral de “scaleup” con rondas grandes, ingresos recurrentes y expansión internacional sostenida. En ese terreno, España ha mejorado, pero aún juega con ciertas limitaciones.

Inversión con repunte en España, pero con una brecha de tamaño frente a los líderes

En 2024, la inversión de venture capital en España se situó en torno a 1.900 millones de euros, y 2025 arrancó con un primer trimestre especialmente intenso, con 950 millones captados, el mejor inicio de año desde 2021 según datos recopilados por Dealroom.

Esa reactivación es relevante porque llega en un contexto europeo que, aunque mejora, sigue concentrando gran parte del capital en Reino Unido, Francia y Alemania, que continúan marcando el ritmo de las mega-rondas y del capital “late-stage”.

El contraste no es tanto de dinamismo como de escala. Un indicador útil es cómo se comporta el capital cuando el mercado se enfría. En España, el retroceso de 2023 de las startups estuvo muy ligado a la escasez de operaciones grandes en etapas avanzadas.

En un informe sectorial de SpainCap y EY, se recoge que la inversión de venture capital en start-ups españolas cayó en 2023 hasta 899 millones de euros, principalmente por la ausencia de grandes rondas en late-stage; el documento también señala que la inversión VC sobre PIB alcanzó 0,061%, ligeramente por encima del promedio europeo (0,059%).

En otras palabras, la base existe, pero el “techo” depende de rondas grandes que, en Europa, se concentran más en los ecosistemas líderes.

Más startups financiadas, más valor creado, pero el reto es convertirlo en campeones paneuropeos

La amplitud del ecosistema español es mayor de lo que a veces se percibe fuera del país. Dealroom sitúa a España con más de 8.500 start-ups financiadas, con más de 2.000 millones de dólares levantados en 2024 y un historial de más de 15 unicornios nacidos en el país.

Esto conecta a España con el “pelotón” europeo, donde la creación de compañías tecnológicas es abundante.

El matiz aparece al medir cuántas de esas startups se convierten en actores dominantes en Europa. Los ecosistemas más maduros suelen combinar tres elementos: abundancia de capital en Series C/D y posteriores, inversores institucionales locales con capacidad de liderar tickets grandes y una maquinaria de salidas que recicla talento y liquidez hacia la siguiente generación.

España avanza, pero todavía depende con más frecuencia de coinversión internacional cuando llegan las rondas de mayor tamaño, lo que introduce fricción en tiempos de volatilidad.

Europa está recuperando pulso inversor tras el ajuste de 2022–2023.
Europa está recuperando pulso inversor tras el ajuste de 2022–2023.

Talento, hubs y palancas públicas

España sí tiene un argumento sólido en talento técnico y en atractivo para equipos internacionales en sus startups, apoyado por un nivel de vida competitivo y hubs que han profesionalizado su “dealflow”. También gana relevancia el respaldo institucional. El Grupo BEI informó de 12.300 millones de euros invertidos en España en 2024, con énfasis en áreas como clima, energía e innovación, que actúan como palancas indirectas para sectores tecnológicos y deep tech.

Ese tipo de músculo público, bien diseñado, reduce el coste de financiación y mejora la resiliencia del ecosistema, especialmente en etapas tempranas.

Aun así, la comparación europea vuelve a señalar el mismo punto: la disponibilidad de capital paciente para escalar. El propio “State of European Tech” describe un continente que produce cada vez más compañías invertibles, pero donde la financiación no siempre acompaña al ritmo necesario para sostener trayectorias de crecimiento.

En España, esto se traduce en más rondas pequeñas y medianas, y un salto más difícil hacia la liga de operaciones de nueve cifras, que es donde se decide buena parte del liderazgo europeo.

¿Dónde se juega la diferencia con Europa?

La realidad, por tanto, es doble. Por un lado, España ya no es un mercado periférico: muestra cifras de inversión relevantes, una base amplia de compañías y hubs que compiten por talento y proyectos. Por otro, la distancia con los ecosistemas europeos punteros no se explica por falta de ideas, sino por brecha de escalado: menos rondas grandes recurrentes, menor densidad de grandes compradores y un circuito de exits todavía más estrecho que el de los líderes.

Si 2024–2025 consolidan el repunte de inversión y el país consigue aumentar la presencia de capital growth y late-stage, el ecosistema español puede acercarse más a la “primera división” europea a partir de 2026 en lo que a startups se refiere.

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El objetivo no es igualar el número de start-ups, sino incrementar la proporción de compañías que alcanzan tamaño internacional, generan salidas significativas y reinvierten ese valor en la siguiente ola.


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