No es la primera vez que Mercadona convierte un producto básico en un objeto de deseo casi inalcanzable, pero lo de esta semana roza el absurdo sociológico. Mientras las farmacias nos miran con cara de póker, la gente se pelea por un tubo de plástico naranja porque, al parecer, el remedio contra la fatiga cuesta menos que un café. Es el nuevo milagro de la estantería de perfumería que todos quieren probar.
Llevamos meses arrastrando el cuerpo como si pesara el doble, y justo cuando la primavera amenaza con rematarnos, aparece este tubo efervescente de marca Deliplus. Lo curioso es que, aunque los expertos piden cautela, la combinación de precio y promesa funciona como un imán irresistible para el consumidor medio agotado. Y claro, cuando TikTok dicta sentencia, no hay stock logístico que aguante el tirón.
¿Qué tienen exactamente estos comprimidos de 1,60 euros?
Vamos a dejarnos de marketing y a leer la etiqueta, que es donde un periodista veterano encuentra la verdad entre tanto ruido ensordecedor. Estamos ante una dosis de 300mg de magnesio reforzado con vitaminas del grupo B, una mezcla que busca atacar directamente el sistema nervioso y muscular para reducir ese agotamiento crónico. No es magia negra, es química básica empaquetada bajo el paraguas de Hacendado.
Lo que realmente escuece en el sector farmacéutico no es la composición, que es bastante estándar, sino el atrevimiento de venderlo a precio de saldo absoluto. Resulta evidente que el margen de beneficio se sacrifica por el volumen de ventas, una estrategia marca de la casa que deja a la competencia temblando de miedo. Si sabe a naranja artificial o a medicina, eso ya es un debate secundario.
La fiebre de Mercadona o cómo TikTok vacía los estantes
Si la empresa valenciana tuviera que pagar por la publicidad que le hacen los influencers de veinte años, tendría que cerrar el balance fiscal en números rojos. Basta un vídeo de quince segundos con música de moda para que una necesidad que no tenías se vuelva urgente, obligándote a peregrinar a tu supermercado más cercano casi por inercia. Es el boca a boca digital, pero dopado con esteroides y filtros.
El cartel de «agotado» se ha convertido en el mejor reclamo posible, generando esa ansiedad tan moderna de quedarse fuera de la fiesta del consumo. Lo fascinante es cómo la escasez artificial o real dispara el deseo de compra entre quienes solo iban a por leche y pan y acaban con suplementos. Al final, te llevas el magnesio por si acaso, aunque no sepas ni para qué sirve.
¿Realmente necesitas suplementarte o es puro efecto placebo?
Aquí toca ponerse serios, porque jugar con la salud no es lo mismo que comprar una crema de manos que huele a vainilla y coco. La mayoría de nosotros obtenemos el magnesio comiendo bien, pero es cierto que el estrés y la mala alimentación crean déficits reales que estos tubitos pueden ayudar a parchear momentáneamente. No te va a convertir en Superman, pero quizás dejes de bostezar a las cinco de la tarde.
Tampoco nos volvamos locos pensando que por echar una pastilla al agua vamos a solucionar años de sedentarismo y pocas horas de sueño reparador. Los nutricionistas advierten que ningún suplemento sustituye a una dieta equilibrada, por muy barato y accesible que nos lo ponga Mercadona en sus pasillos. Si te sientes agotado, lo mismo es mejor dormir más y mirar menos el móvil antes de dormir.
El golpe en la mesa de Mercadona frente a las farmacias
Lo que estamos viendo es un cambio de paradigma donde el bienestar deja de ser un lujo de farmacia para integrarse en la lista de la compra semanal. Al democratizar el acceso a estos productos, se rompe la barrera psicológica del precio elevado, haciendo que cuidarse parezca algo sencillo y barato al alcance de cualquier bolsillo. Es una jugada maestra que fideliza al cliente por la cartera y no por el corazón.
Mañana será el colágeno, pasado la melatonina, pero hoy el rey absoluto es este tubo naranja que vuela de las cajas antes de que los reponedores puedan respirar. Queda claro que la batalla por nuestra salud se libra en el supermercado, y de momento, parece que la estrategia del precio bajo va ganando por goleada. A ver quién es el guapo que se resiste a probarlo por menos de dos euros.










