jueves, 8 enero 2026

Lo que descuidas cada mañana y que influye en tu memoria sin que lo notes

- Pequeños cambios al despertar que protegen la energía, el equilibrio y la claridad mental con los años.

La memoria también se cuida desde el primer minuto del día. Para muchas personas, sobre todo a partir de cierta edad, sensaciones como la rigidez al levantarse, la cabeza “espesa” o ese cansancio que aparece nada más abrir los ojos se asumen como algo inevitable. “Será la edad”, pensamos. Pero cada vez más especialistas coinciden en algo que cambia la mirada: no todo es envejecimiento normal. Muchas veces, esos malestares son la respuesta de un cuerpo que ya no tolera igual ciertos hábitos de cada mañana.

La primera hora del día es delicada. El cuerpo todavía está ajustándose: la presión arterial es más baja, la circulación va despertando poco a poco y el cerebro aún está entre el sueño y la vigilia. En ese momento, lo que hacemos importa más de lo que parece. Cómo nos levantamos, qué bebemos, qué vemos. Son decisiones pequeñas, sí, pero con efectos reales sobre la energía, el equilibrio y la claridad mental del resto del día.

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Lo que solemos hacer… y nos pasa factura

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Empezar despacio protege el cuerpo desde el primer minuto. Fuente:canva

Uno de los errores más comunes es levantarse de la cama de golpe. Ese salto automático que antes no tenía consecuencias ahora puede jugar en contra. Al incorporarnos bruscamente, la sangre no llega al cerebro con la rapidez necesaria y aparecen mareos, visión borrosa o incluso caídas junto a la cama. No es debilidad: es fisiología.

Otro gesto que parece inofensivo es no beber agua al despertar. Tras horas de sueño, el cuerpo amanece “en reserva”. Saltarse la hidratación inicial puede espesar la sangre, forzar al corazón, ralentizar la mente y aumentar la rigidez en las articulaciones. Incluso una deshidratación leve puede afectar al equilibrio y a la concentración. Yo misma he notado días en los que, sin agua, todo parece costar el doble.

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El agua y un desayuno estable marcan el ritmo del día. Fuente:canva

También conviene mirar con lupa qué desayunamos. Los alimentos muy azucarados generan picos de glucosa que el organismo envejecido ya no gestiona con la misma facilidad. El resultado suele ser una montaña rusa: subidón rápido, bajón a media mañana, temblores, debilidad… y ese cansancio que no sabemos de dónde sale.

Y luego está el gesto casi reflejo de encender el móvil o la televisión nada más despertar. El cerebro, aún en modo reparación, recibe una avalancha de estímulos. Noticias, mensajes, prisas. El cortisol se desajusta y la ansiedad, la tensión o la falta de concentración se cuelan en la mañana sin pedir permiso.

Pequeños rituales que lo cambian todo

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Menos pantallas, más claridad mental al despertar. Fuente:canva

La buena noticia es que no hace falta complicarse. No se trata de hacer más, sino de hacerlo mejor. Pequeños cambios pueden proteger el corazón, la mente y la autonomía.

El primero es tan simple como efectivo: la regla de los 60 segundos. Antes de ponerse de pie, sentarse en la cama, apoyar los pies en el suelo y mover hombros y tobillos con suavidad durante un minuto. Ese gesto permite que la circulación se adapte sin sobresaltos. Menos mareos. Más seguridad.

El segundo hábito es beber un vaso de agua antes de cualquier otra cosa. Antes del café, antes de las prisas. El agua actúa como un reinicio amable: ayuda al corazón, lubrica las articulaciones y favorece que muchos medicamentos funcionen mejor.

En el desayuno, la clave está en apostar por “energía lenta”. Proteínas, fibra y grasas saludables. No hace falta ser chef: unos huevos, avena con frutos secos o un yogur griego pueden marcar la diferencia. Dan energía estable, cuidan el cerebro y ayudan a mantener la masa muscular, tan importante para evitar la fragilidad con los años.

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El cuarto gesto es casi un acto de rebeldía hoy en día: los primeros diez minutos sin pantallas. Mirar por la ventana, estirarse despacio, respirar. Dejar que la mente se despierte sin ruido. Ese pequeño silencio reduce el estrés y devuelve una claridad que se nota durante toda la mañana.


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