Venezuela no tiene la capacidad de producir los 3 millones de barriles de petróleo que generaba en el pasado sin una inversión a largo plazo cercana a los 10.000 millones de dólares. Esa es la conclusión a la que llega el análisis del banco de inversión canadiense RBC, y es parecida a la que llega el fondo de inversión francés Ostrum. No es una sorpresa para quienes siguen la situación de la industria petrolera venezolana, que ha sufrido un deterioro continuo desde la huelga de 2002, que se tradujo en un despido masivo de ingenieros y expertos de PDVSA.
Es cierto que un levantamiento de las sanciones impuestas por Estados Unidos y Europa, puede nacer de una negociación con la nueva administración del chavismo que ha asumido el control del país. Aun así, de momento, se mantiene el bloqueo petrolero impuesto por el país norteamericano sobre los barcos que operan sin permiso desde el país caribeño, la famosa flota fantasma de la que ya han detenido al menos a dos barcos, por lo que no habrá un cambio en el precio del petróleo en el corto plazo, además que a pesar de tener las reservas petroleras confirmadas más grandes del mundo se trata de crudo pesado, es decir que requiere un tratamiento especial.
EL CASO DE CITGO
De hecho, durante la etapa democrática de Venezuela antes de la llegada del chavismo el país caribeño fundó CITGO precisamente para asegurar que los países a los que PDVSA enviaba su petróleo tuviesen la capacidad de refinamiento para tratarlo. Esto ha hecho del país una entidad particular dentro del mercado petrolero global, pues a pesar del tamaño de sus reservas, no todos los países pueden asumir el esfuerzo económico de refinar su producto, lo que obliga también a recuperar la refinadora para solucionar del todo los problemas de la industria.
Es un dato complicado, sobre todo porque esta filial de PDVSA es parte de una disputa legal complicada, que incluye al banco de inversión Elliott Investment Management, el viejo interinato que encabezaba Juan Guaidó y la propia dictadura venezolana. Si no se recupera del todo la capacidad de CITGO la industria petrolera venezolana no puede recuperarse del todo, y le será complicado competir con otros países que tienen menores reservas, como el caso de Arabia Saudita o Irán, solo por nombrar los casos más evidentes.

Es una pieza en el juego que no se ha mencionado demasiado en las últimas horas tras la detención de Nicolás Maduro. Sobre todo por qué las refinerías más importantes de la propia CITGO se encuentran en Estados Unidos, lo que puede marcar tanto la estrategia que tome la administración de Donald Trump en el futuro inmediato. Además, las refinerías pueden ser una estrategia para que la nueva administración venezolana pueda seguir viendo réditos económicos del petróleo que sea extraído por empresas extranjeras, como el caso de Chevron.
UN AVISO PARA CANADÁ Y RUSIA
Entre los países que exportan petróleo pesado más allá de Venezuela se encuentran dos jugadores económicos de la talla de Canadá o Rusia. En ambos casos su crudo es de una calidad algo mejor que la del venezolano, pero no necesariamente tienen la experiencia de exportarlo a gran escala para los procesos de refinación como la que tiene el país caribeño. Es que aunque hoy en día el porcentaje de crudo venezolano en el mercado es, según el propio RCB, marginal, al menos oficialmente, su capacidad era de las más importantes del mundo.
Es decir, que una mejora en la situación petrolera del país puede afectar el mercado de ambos países. Además, se trata de territorios que no son miembros de la OPEP, por lo que no necesariamente tienen el mismo poder de negociación en el mercado que tendría una Venezuela que además vuelva a ser el principal exportador de petróleo a Estados Unidos, como lo ha sido durante la mayoría del siglo XX y buena parte del XXI, incluso con el empoderamiento de las relaciones.
UNA INDUSTRIA PETROLERA Y UNA PDVSA CON AÑOS DE ABANDONO
Según los expertos venezolanos consultados, que han preferido no revelar su nombre por la situación del país, el problema en el corto plazo es recuperar la capacidad de extracción. En el tiempo que ha manejado la industria el chavismo ha quebrado las empresas privadas que servían de colaboradores de PDVSA, y no hay ninguna empresa de servicios a la que PDVSA, o alguna de las empresas internacionales que quiera invertir en Venezuela, pueda recurrir para cubrir sus propios problemas en el corto o mediano plazo.
A esto hay que sumar que en Venezuela en este momento no se está perforando ningún nuevo pozo. Los números del conteo de taladros de la empresa Baker Hughes muestran que -de hecho- Venezuela ni ha alquilado ni comprado taladros para abrir nuevos pozos desde mayo de 2020.
Todo esto, sumado a la política de «producción a toda costa» que ha hecho que en el proceso se hayan dañado más de lo necesario los pozos utilizados, hace pensar que en los próximos meses el número de barriles diarios podría volver a disminuir, a menos que haya un cambio político en la situación de PDVSA.








