La firma de calificación financiera EthiFinance Ratings ha elevado la calificación a largo plazo del Reino de España de A a A+, manteniendo una perspectiva estable.
Según la nota de la agencia, la mejora refleja principalmente el fortalecimiento de los resultados macroeconómicos de España, respaldados por unas tasas de crecimiento del PIB real sistemáticamente superiores a la media de la zona del euro, una moderación sostenida de la inflación y una mejora continuada de las condiciones del mercado laboral. Esto último se refleja en el descenso gradual de la tasa de desempleo, aunque sigue siendo superior a la de la mayoría de los países con calificaciones similares.
Además, la persistencia de los superávits por cuenta corriente y la mejora continua de la posición de inversión internacional neta refuerzan el perfil externo y mitigan las vulnerabilidades relacionadas con las necesidades de financiación externa.
Desde el punto de vista fiscal, la calificación incorpora una senda de consolidación gradual impulsada en gran medida por un crecimiento favorable del PIB nominal, más que por una corrección decisiva de los desequilibrios fiscales subyacentes.
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Aunque los niveles de deuda pública y déficit siguen siendo elevados en términos comparativos, su tendencia a la baja, junto con un perfil de vencimiento de la deuda favorable y unos riesgos de refinanciación contenidos, respalda una mejora de la evaluación de la sostenibilidad de las finanzas públicas en relación con revisiones anteriores. El aumento de la carga de intereses derivado de un entorno de tipos de interés más elevados se considera manejable durante los próximos doce meses.

El perfil ESG, añaden en Ethifinance, sigue siendo un factor relevante que respalda la calificación. Los indicadores sociales y las métricas de capital humano siguen siendo sólidos y, en general, coherentes con los de las economías de altos ingresos, lo que contribuye positivamente a la estabilidad económica y social de España.
En el ámbito medioambiental, España ha avanzado gradualmente en la transición energética, lo que se refleja en una mayor cuota de energías renovables y una moderación de las emisiones, aunque persisten los retos estructurales relacionados con los riesgos físicos y climáticos de la transición. En términos de gobernanza, España sigue mostrando unos sólidos estándares institucionales en comparación con otros países; sin embargo, el aumento de las presiones en determinados ámbitos justifica una postura analítica prudente.
La perspectiva estable refleja nuestra expectativa de que España mantendrá, durante los próximos doce meses, una combinación equilibrada de crecimiento económico, estabilidad macro y un proceso gradual de consolidación fiscal, sin que se prevean desviaciones significativas que alteren de manera considerable su perfil crediticio.
España: pilar del entorno macroeconómico
El pilar del entorno macroeconómico se evalúa con una calificación de A+, lo que refleja un contexto macroeconómico caracterizado por un crecimiento relativamente sólido y una posición externa que se ha fortalecido en los últimos años.
La economía española sigue mostrando un rendimiento cíclico superior al de la mayoría de sus principales homólogos de la zona euro. Según nuestras previsiones, se espera que el crecimiento del PIB real alcance el 3,0% en 2025, antes de moderarse hasta el 2,3% en 2026 y el 2,0% en 2027. Esta desaceleración parte de niveles elevados y refleja una normalización del ciclo económico tras varios años de fuerte expansión.
En comparación, las perspectivas de crecimiento de Alemania, Francia e Italia siguen siendo significativamente más moderadas, en torno al 1,0%, el 0,9% y el 0,7% en 2026, respectivamente.
Las condiciones del mercado laboral siguen evolucionando favorablemente, lo que respalda la demanda interna y la estabilidad macroeconómica general. EthiFinance Ratings prevé que la tasa de desempleo disminuya hasta el 10,4% a finales de 2025, aún muy por encima de los niveles de otros países similares, con una nueva reducción hasta el 10,0% en 2026. Si bien el desempleo sigue siendo elevado en términos comparativos con respecto a Alemania o Francia, su descenso no es únicamente el resultado de un repunte cíclico.
Más bien se debe a una importante expansión de la población activa, que ha alcanzado máximos históricos. Este aumento se debe en gran medida a los flujos migratorios, que han ampliado la oferta de mano de obra en un contexto de envejecimiento demográfico interno. A diferencia de episodios anteriores, la oferta adicional de mano de obra ha sido absorbida en gran medida por el mercado, lo que ha contribuido a cubrir las vacantes en los sectores intensivos en mano de obra sin provocar un aumento paralelo del desempleo.
A pesar de estas mejoras cuantitativas, el mercado laboral español sigue mostrando importantes desequilibrios estructurales. La debilidad más notable es la desconexión entre el crecimiento del empleo y la productividad, con un patrón de crecimiento extensivo que no se corresponde con ganancias de eficiencia. Como resultado, los costes laborales unitarios tienden a aumentar, lo que erosiona la competitividad y ejerce presión sobre los márgenes empresariales. Además, el uso generalizado de contratos permanentes discontinuos, si bien contribuye a reducir la tasa de desempleo oficial, no aborda los problemas de estacionalidad subyacentes y puede poner aún más en peligro la sostenibilidad a largo plazo del sistema de protección social. Por último, el elevado desempleo que afecta a la mano de obra más joven supone un reto para el crecimiento potencial de la economía española.

En cuanto a los precios, la inflación ha convergido hacia niveles compatibles con la estabilidad macroeconómica tras el reciente episodio inflacionista. EthiFinance Ratings prevé una inflación media del 2,5 % en 2025 y del 2,1 % en 2026, lo que apunta a una relajación de las presiones sobre los costes y a un entorno nominal más predecible. Esta evolución respalda el poder adquisitivo de los hogares y reduce el riesgo de ajustes macroeconómicos desordenados. Sin embargo, no prevemos nuevas bajadas de los tipos de interés por parte del Banco Central Europeo a corto plazo.
El perfil externo sigue siendo uno de los elementos más favorables del entorno macroeconómico español. España sigue registrando superávits por cuenta corriente, que estimamos en un 2,9 % del PIB en 2025 y un 2,2 % en 2026, en contraste con las peores cifras previstas para Francia e Italia. Este rendimiento sostenido ha permitido una mejora constante de la posición de inversión internacional neta, que se situó en el -44,2 % del PIB según los datos de Eurostat para el segundo trimestre de 2025.
Aunque sigue siendo negativa, la corrección acumulada ha sido sustancial, lo que sitúa a España en una posición más favorable que Italia y, en términos generales, en línea con otros países periféricos de la zona del euro.
Por último, el favorable contexto macroeconómico ha contribuido a la estabilidad de las condiciones financieras y a un sistema bancario que, en términos agregados, muestra niveles adecuados de solvencia y calidad de los activos. El descenso gradual de los préstamos dudosos en los últimos años —hasta el 2,84 % en octubre— junto con unas ratios de capital muy por encima de los requisitos reglamentarios europeos (ratio CET1 del 13,47 % en diciembre de 2024), respalda la resistencia del sector.
Al mismo tiempo, el entorno de tipos de interés más altos ha favorecido la rentabilidad, aunque se espera una normalización gradual de los márgenes a medio plazo.








