Lo que Carlos Medina (46) pensó que sería una comida tranquila de sábado acabó convirtiéndose en un gran conflicto vecinal, de hecho, uno de los más recordados de su edificio. Vivía desde hacía cinco años en un bloque de viviendas de Valencia, con un piso que contaba con una terraza interior de uso privativo. Para él, era uno de los grandes atractivos de la casa. Por eso decidió estrenar allí una barbacoa portátil para celebrar su cumpleaños con unos amigos.
Era media mañana cuando encendió el carbón. El ambiente era distendido, había música suave y nadie imaginaba que aquello acabaría con la presencia de la Policía Local. Sin embargo, a los pocos minutos, el humo empezó a concentrarse en el patio interior del edificio y a colarse por varias ventanas abiertas.
El primer conflicto vecinal: “No puedes hacer esto aquí”
Marta López (61), vecina del primero, fue una de las primeras afectadas. Sufría asma y, al notar el olor a humo, bajó al patio visiblemente nerviosa. Según su versión, pidió a Carlos que apagara la barbacoa o al menos que la trasladara a otro lugar. Carlos se negó. Argumentó que la terraza era suya, que no había ningún cartel que lo prohibiera y que solo iba a estar un rato.
La conversación subió rápidamente de tono. Otros vecinos se asomaron a las ventanas, algunos apoyando a Marta y otros restando importancia al asunto. Carlos se sintió atacado y acusado injustamente. Marta, por su parte, insistía en que no podía respirar con normalidad.
Finalmente, alguien llamó a la Policía Local. Los agentes acudieron al edificio y comprobaron la situación y el gran conflicto vecinal. No impusieron una sanción en ese momento, pero sí levantaron un acta por posibles molestias y recordaron a Carlos que las ordenanzas municipales regulan las emisiones de humo y olores, especialmente en patios interiores donde la ventilación es limitada.
Los agentes le indicaron que continuara con la barbacoa bajo su responsabilidad o que la apagara para evitar problemas mayores. Carlos optó por apagarla, aunque lo hizo convencido de que estaba siendo tratado de forma injusta.
De un incidente puntual a un problema de convivencia
Lo ocurrido ese sábado no quedó ahí. En los días siguientes, Marta presentó una queja formal ante el administrador de la finca. Otros vecinos se sumaron, no solo por el humo, sino por el precedente que podía sentar permitir barbacoas en un espacio cerrado por viviendas.
El tema se incluyó en el orden del día de la siguiente junta de propietarios. Carlos acudió decidido a defender su postura. Argumentó que la terraza era de uso privativo, que no había prohibición expresa y que se trataba de un uso ocasional. Sin embargo, la mayoría de los vecinos se mostraron preocupados por la seguridad, los olores y el riesgo de incendios.
Al final, la junta aprobó, por mayoría, una norma interna que prohibía expresamente el uso de barbacoas y fuegos abiertos en patios interiores, incluso en terrazas de uso privativo. El acuerdo se incorporó al reglamento de régimen interno de la comunidad y fue la manera de cerrar el conflicto vecinal tan desagradable para todos. O esa era la idea.
Legalmente, la comunidad actuó dentro de sus competencias. Aunque un espacio sea de uso exclusivo, no puede utilizarse de forma que cause molestias o riesgos al resto de vecinos. Carlos votó en contra y expresó su malestar, pero el acuerdo fue válido.
Desde entonces, la relación entre Carlos y varios vecinos se deterioró. Él dejó de acudir a reuniones sociales del edificio y se sintió señalado. Marta, en cambio, reconoció sentirse más tranquila sabiendo que no volvería a ocurrir.

Lo que dice la ley sobre las barbacoas en comunidades de vecinos
Este caso refleja una realidad común en muchas comunidades. No existe una prohibición general sobre las barbacoas en viviendas privadas, pero sí límites claros cuando generan humo, olores o riesgos. Las ordenanzas municipales y la Ley de Propiedad Horizontal amparan a las comunidades para regular estas actividades si afectan a la convivencia.
Además, cuando hay riesgo para la salud o la seguridad, los tribunales suelen respaldar las decisiones comunitarias. El uso privativo no da carta blanca para hacer cualquier actividad. Para Carlos, aquel sábado marcó un antes y un después en su vida vecinal. Para el edificio, supuso aprender que un conflicto pequeño puede convertirse en un problema serio si no se gestiona a tiempo.









