miércoles, 7 enero 2026

Esto es lo que ocurre en tu cuerpo tras 72 horas de ayuno (beneficios y riesgos)

- Lo que ocurre en el cuerpo cuando deja de usar glucosa y por qué no todos los ayunos son para todos.

El ayuno lleva tiempo rondando conversaciones, podcasts, redes sociales y consultas médicas. Algunos lo prueban por salud, otros por claridad mental, otros simplemente por curiosidad. La idea de dejar de comer durante horas —o días— promete mucho. Pero, como casi todo lo que toca el cuerpo, no es tan simple como parece.

No todos los ayunos son iguales. Y, sobre todo, no todos los cuerpos reaccionan igual.

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Cuando el cuerpo se queda sin glucosa y cambia de motor

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El ayuno activa procesos profundos en el cuerpo que no siempre son visibles. Fuente:Canva

Desde un punto de vista biológico, el proceso es bastante lógico. El cuerpo funciona, en condiciones normales, con glucosa. Es su gasolina rápida. El problema es que ese depósito no dura tanto: en unas 24 horas suele quedarse prácticamente vacío.

Ahí ocurre algo interesante… y exigente. El organismo cambia de combustible y entra en cetosis, un estado en el que empieza a tirar de grasa para producir energía. Dicho así suena limpio y eficiente, pero la transición no siempre es amable. De hecho, muchas personas describen la primera vez como una especie de “gripe del ayuno”: cansancio profundo, dolor de cabeza, mareos, mal humor (mucho).

Es normal. El cuerpo entra en pánico porque no encuentra su energía habitual. No sabe todavía que hay otra vía.

Con el tiempo, eso sí, el organismo aprende. En ayunos posteriores, el cambio suele ser menos brusco. El metabolismo se vuelve más flexible, como un coche híbrido que ya sabe cuándo usar cada motor. Esa adaptación explica por qué algunas personas defienden el ayuno con tanta convicción.

El “clic” mental: cuando descubres que no todo era hambre

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Cuando la glucosa se agota, el organismo aprende a usar otra energía. Fuente:Canva

Más allá de lo físico, muchos coinciden en algo curioso. Entre las 20 y 24 horas sin comer sucede un clic mental. De repente, desaparecen las ganas compulsivas de picar. El ruido constante de “tengo hambre” se apaga.

Y ahí llega el descubrimiento incómodo: muchas veces no comíamos por necesidad, sino por costumbre. Por horario. Por emoción. Por aburrimiento. El ayuno, en ese sentido, actúa como un espejo bastante honesto (a veces demasiado).

Esa toma de conciencia cambia la relación con la comida. Te hace entender mejor cómo se relacionan energía, estados de ánimo y hábitos diarios. No es poco.

Autofagia, reset… y lo que la ciencia todavía está estudiando

Esto es lo que ocurre en tu cuerpo4 Merca2.es
No todo el hambre es real: a veces es solo costumbre. Fuente:Canva

En el terreno científico, los ayunos más largos —de dos o tres días— han despertado mucho interés. Algunos estudios apuntan a que procesos como la autofagia, una especie de limpieza interna de las células, se activan con más fuerza a partir de las 40 o 48 horas sin ingerir alimentos.

También se habla de un posible “reset” metabólico e inmunitario. Suena potente, y lo es… pero con matices. Gran parte de estos datos vienen de estudios en animales, y en humanos la evidencia aún es limitada. Prometedora, sí. Concluyente, no.

Aquí conviene bajar un punto el entusiasmo.

Cuando el ayuno deja de ser exploración y se convierte en riesgo

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Porque el ayuno prolongado no es inocuo. Es un estrés grande para el organismo, y hay riesgos reales que no se pueden romantizar. El más serio tiene nombre propio: desequilibrio de electrolitos, especialmente de potasio. Y el potasio no es un detalle menor. Es clave para que el corazón funcione bien.

Aunque muchas guías sitúan las 72 horas como el “límite” antes de necesitar supervisión médica, este caso demuestra que incluso dentro de ese margen pueden ocurrir emergencias. El cuerpo no entiende de modas ni de retos personales.


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