Explorar el espacio, bajar a las profundidades del océano o invertir cifras astronómicas en nuevas tecnologías nos parece fascinante. Tiene épica, tiene titulares. Pero Javier Ideami lanza una pregunta incómoda (y muy pertinente): ¿y si el territorio más desconocido no estuviera tan lejos? ¿Y si estuviera justo aquí, dentro de nosotros?
Para Ideami, el verdadero viaje pendiente es hacia el interior del cuerpo humano. Un organismo complejo, lleno de señales, procesos y mensajes que influyen directamente en cómo vivimos, cómo pensamos y cómo envejecemos. Y, sin embargo, apenas le prestamos atención. “Hemos hecho muy poco turismo en nuestro propio organismo”, reflexiona. Dicho así, suena casi irónico. Pero tiene razón: conocemos más de Marte que de nuestro propio metabolismo.
Biohacking: dejar de vivir a ciegas

Lejos de modas pasajeras o promesas futuristas, Javier defiende el biohacking como algo mucho más sencillo y, a la vez, más profundo: una forma de dejar de ir a ciegas por la vida. De empezar a entender qué ocurre dentro cuando comemos, dormimos, entrenamos o nos estresamos (o cuando no lo hacemos).
No se trata de obsesionarse, sino de observar. De escuchar al cuerpo con un poco más de curiosidad y menos piloto automático. Porque ese desconocimiento interno, insiste, es uno de los factores que más condicionan nuestra calidad de vida futura, aunque rara vez lo tengamos en cuenta.
El sueño REM: cuando el cerebro ordena la vida

Uno de los momentos clave de ese “universo interior” sucede mientras dormimos. En concreto, durante la fase REM. Ideami la describe casi como un laboratorio nocturno. Ahí, mientras descansamos, el cerebro revisa el día, conecta experiencias y les da sentido. No es solo memoria. Es comprensión.
El hipocampo, protagonista silencioso de este proceso, no solo organiza recuerdos, también es una de las pocas zonas del cerebro adulto capaz de generar nuevas neuronas si se le dan las condiciones adecuadas. Movimiento, buena alimentación, retos mentales. Ahí es donde la experiencia se transforma en sabiduría, como resume Ideami. Dormir bien, visto así, deja de ser un lujo y se convierte en una inversión a largo plazo.
Glucosa: aliada imprescindible, enemiga silenciosa

Otra de las revelaciones personales que comparte tiene que ver con la glucosa. Gracias a sensores de medición continua, Javier pudo ver en tiempo real cómo ciertos alimentos afectaban a su cuerpo. Y ahí llegó el choque con la realidad.
La glucosa es vital. Sin ella, no hay vida. Pero en exceso actúa como un enemigo silencioso que va dañando tejidos y vasos sanguíneos sin hacer ruido. Incluso hábitos que damos por saludables, como un zumo de naranja en ayunas, pueden provocar picos innecesarios que ponen al organismo en tensión. Es gasolina y veneno al mismo tiempo, explica. La clave, como casi siempre, está en el equilibrio.
El valor de incomodarse (un poco)
En un mundo diseñado para la comodidad, Ideami lanza otra idea que incomoda: el cerebro necesita retos. Es un sistema predictivo. Si todo es rutinario y previsible, no aprende. No cambia. No crece.
Por eso defiende el estrés controlado, el salir de la zona cómoda, incluso la frustración sostenida durante un rato. No como castigo, sino como estímulo. Sin esas “señales de error”, el hipocampo se apaga poco a poco. La falta total de estrés, paradójicamente, es una forma de deterioro, advierte.
Tecnología para ser más humanos
Desde su mirada experta en inteligencia artificial, Ideami no ve la tecnología como una amenaza, sino como una lupa. La IA puede ayudarnos a entender mejor procesos como el lenguaje o la creatividad, aunque todavía le falte algo esencial: la capacidad humana de razonar causas, imaginar escenarios y crear sentido.
Mirando al futuro, apuesta por una monitorización más accesible y cotidiana del cuerpo. No para vivir esclavos de los datos, sino para tomar mejores decisiones. Al final, el objetivo es simple y profundamente humano: ganar tiempo, energía y claridad para explorar, colaborar y crear. Esta vez, empezando desde dentro.









