lunes, 5 enero 2026

Así empieza la verdadera transformación personal, según Iván Crespo, experto en salud integral

- Salud integrativa, conciencia corporal y hábitos que transforman desde dentro.

La transformación personal empieza cuando dejamos de mirar fuera y empezamos a escucharnos. Reconectar con el cuerpo para volver al origen. Esa es, en esencia, la propuesta de Iván Crespo, osteópata y terapeuta integrativo con más de veinte años de experiencia. Pero dicho así suena casi sencillo, y no lo es. Iván habla de algo más profundo: dejar de vivir solo en la superficie y empezar a escucharnos de verdad. No se trata únicamente de quitar un dolor o apagar un síntoma, sino de acompañar a la persona a reencontrarse con su biología, su mente y su propósito. Porque, como insiste una y otra vez, el cuerpo no va por un lado y la vida por otro.

La vocación no se cuelga al salir del trabajo

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Escuchar el cuerpo es el primer paso para entender el origen del dolor. Fuente: Canva

Para Crespo, ser terapeuta no es un papel que se interpreta durante unas horas. Es una forma de estar en el mundo. “Para ayudar a otros, primero tienes que ayudarte a ti”, repite, casi como un recordatorio constante. Y no lo dice desde un púlpito, sino desde la experiencia.

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Su camino empezó en la fisioterapia, desde la ciencia más pura, la anatomía, el músculo, la lesión. Pero con el tiempo apareció una sensación incómoda, de esas que no se van: faltaba algo. ¿Por qué algunas personas mejoraban y otras no, aunque el tratamiento fuera el mismo? Esa pregunta le llevó a la osteopatía y, más adelante, a integrar la mente, las emociones y la espiritualidad como partes reales del proceso de sanación. No como algo etéreo, sino como algo profundamente biológico.

No mires donde duele, mira de dónde viene

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La salud integrativa une cuerpo, mente y hábitos diarios. Fuente: Canva

La diferencia entre fisioterapia y osteopatía, Iván la explica con una imagen que cualquiera entiende. Si alguien pisa la cola de un gato y el gato maúlla, no tiene sentido fijarse solo en la boca. Hay que liberar la cola. El dolor es muchas veces un aviso, no el origen.

“El cuerpo no está separado, es la persona”, dice. Y esa persona vive en su cuerpo, sí, pero también en lo que piensa, en lo que siente y en lo que calla. A veces duele la espalda, pero lo que pesa es otra cosa. A veces falla una rodilla, pero el problema lleva tiempo gestándose en otro lugar (y no siempre físico).

La mente también deja huella en el cuerpo

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El silencio y la presencia también forman parte de la sanación. Fuente: Canva

Uno de los ejes más potentes de su discurso es el papel de los pensamientos. Iván sostiene que muchas veces somos nuestro peor enemigo, atrapados en bucles de preocupación que no descansan ni de noche. Pensar no es inocuo. Los pensamientos generan electricidad. Las emociones, química. Y todo eso acaba modelando la materia del cuerpo.

Por eso habla tanto de presencia, de silencio, de meditación. No como moda ni como postureo, sino como una forma práctica de salir del ruido mental. “Si no eres consciente del nivel de pensamientos en el que te mueves, eso está configurando tu bioquímica cada segundo”, afirma. Dicho así impresiona, pero cuando lo piensas… encaja.

Hábitos, biología y pequeñas decisiones diarias

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Nada aparece de repente. Ni una lesión, ni un dolor crónico, ni el agotamiento constante. Son la suma de hábitos, decisiones y rutinas mantenidas en el tiempo. Y aquí Iván es claro: si sigues haciendo lo mismo, no esperes resultados distintos.

Dormir bien no es negociable. La hormona del crecimiento se libera sobre todo entre las nueve de la noche y la medianoche, y acostarse tarde pasa factura. El ejercicio no es solo para verse mejor, sino para cuidar el sistema nervioso y evitar la pérdida de masa muscular con los años. Y el frío, disciplina en la que es instructor, se convierte en una herramienta poderosa: activa la grasa parda, fortalece la mente y enseña a no huir de la incomodidad.


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