El bienestar no solo se cuida en el cuerpo, también en el hogar. Hay familias en las que los problemas de salud parecen repetirse como un eco. Hoy es uno, mañana otro. Cambian los diagnósticos, pero la sensación es la misma: algo no termina de ir bien. Y no siempre hay una explicación clara. No basta con decir “es genético” o “son los hábitos”. A veces, al menos para quienes creen en ello, la respuesta está en lugares menos evidentes.
Aquí entran en juego disciplinas ancestrales como la numerología y el Vastu, que proponen mirar la salud desde una perspectiva más amplia. No solo el cuerpo, sino también la energía personal y el espacio en el que vivimos. Puede sonar lejano para algunos, pero cada vez despierta más interés entre quienes sienten que la medicina convencional no les ha dado todas las respuestas.
La salud como verdadera riqueza

Arviend Sud lo resume con una frase sencilla, pero contundente: la mayor riqueza no es el dinero, es la salud. Porque sin ella, todo lo demás pierde sentido. Según su visión, cuando los problemas médicos se repiten dentro de una familia, conviene detenerse y observar con más calma.
No para buscar culpables, sino para entender patrones. La fecha de nacimiento, el nombre que llevamos o incluso la casa en la que vivimos podrían estar influyendo más de lo que pensamos. No como una condena, sino como un mapa que señala dónde puede haber desequilibrios.
Los números que hablan del cuerpo

Desde la numerología, la fecha de nacimiento funciona como una especie de huella energética. Algunos números, cuando se repiten demasiado, se interpretan como señales de alerta. Por ejemplo, el número 7, asociado a Ketu, aparece como especialmente delicado cuando se repite dos o más veces. Lo mismo ocurre con el número 2, vinculado a la Luna, cuando se repite en exceso.
También se analizan las combinaciones entre el día de nacimiento (Driver) y la suma total de la fecha (Conductor). Hay combinaciones que, según esta corriente, no favorecen el equilibrio físico. Y a eso se suma otro detalle curioso: el nombre. Si el valor numérico del nombre entra en conflicto con el número principal de la persona, se habla de bloqueos que, con el tiempo, podrían reflejarse en el cuerpo.
No es algo que se note de un día para otro. Más bien funciona como una gotera lenta: silenciosa, constante… hasta que un día aparece el problema.
El hogar también influye

El Vastu pone el foco en la casa. En cómo está distribuida y en qué lugar se colocan ciertos elementos. Especial importancia tienen dos direcciones: el Noreste y el Este. Según esta disciplina, cuando estas zonas están alteradas —por ejemplo, con baños, cocinas, escaleras o tanques de agua— pueden aparecer problemas de salud más serios.
El Noreste se asocia a enfermedades graves y a dificultades en el desarrollo de los hijos. El Este, por su parte, se relaciona con el corazón, la tensión arterial y las intervenciones quirúrgicas. No se trata de asustar, sino de observar el entorno con otros ojos. A veces, pequeños cambios pueden generar grandes alivios (o al menos esa es la creencia).
Al final, más allá de números, casas o rituales, hay algo que conecta todo este enfoque: la idea de que la salud no es solo reparar lo que se rompe, sino vivir en equilibrio. Con uno mismo, con el entorno y con la vida que se habita cada día. Y eso, crean o no en estas disciplinas, es algo que a todos nos interpela.









