domingo, 4 enero 2026

Víctor Jiménez, nutricionista,explica cómo el frío afecta tu estómago y tu digestión

- Una mirada holística que conecta cuerpo, emociones y hábitos para entender la salud desde dentro.

El frío no solo se siente en la piel: también se nota, y mucho, en la digestión. Durante mucho tiempo nos han enseñado a mirar el cuerpo como si fuera un coche averiado: aquí duele una pieza, allí falla otra. Se arregla lo roto y seguimos. Pero ¿y si el problema no estuviera en la pieza, sino en el sistema completo? Esa es, precisamente, una de las grandes claves de la medicina tradicional china, tal y como la explica Víctor Jiménez, nutricionista, tecnólogo de alimentos y experto en esta disciplina milenaria.

Jiménez propone algo que, dicho así, suena casi revolucionario: dejar de trocearnos. Entender que cuerpo, mente y emociones no funcionan por separado. Que lo que sentimos, lo que comemos, cómo dormimos y cómo vivimos está profundamente conectado. Y que la salud no se “arregla” desde fuera, sino que se acompaña desde dentro.

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La medicina china no busca curar desde fuera, sino darle al cuerpo los recursos para que se regenere solo”, explica. Y cuando uno lo escucha, todo empieza a encajar.

El dolor no siempre vive donde molesta

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El cuerpo funciona como una red, no como piezas aisladas. Fuente: Canva

Uno de los principios que más sorprende —y que más rompe esquemas— es este: el dolor no suele estar donde parece. Jiménez lo explica con una imagen muy clara, de esas que se quedan grabadas: “La bombilla no se enciende donde está el interruptor de la luz. Por eso no pinchamos agujas donde duele, pinchamos lejos”.

Y tiene sentido. En medicina china, el cuerpo está atravesado por canales energéticos que conectan zonas aparentemente inconexas. Aquí entra en juego la fascia, ese tejido continuo que envuelve músculos y órganos (como una malla silenciosa) y que responde a estímulos eléctricos y energéticos.

Por eso, una aguja en el codo puede aliviar un dolor de rodilla. No es magia. Es conexión. Es entender que el cuerpo habla en red, no por compartimentos estancos.

Cuando las emociones se quedan a vivir en los órganos

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Las emociones no se sienten solo en la mente, también se alojan en los órganos. Fuente: Canva

Otro de los pilares de la medicina tradicional china es la relación íntima entre emociones y órganos. No como algo simbólico, sino como algo profundamente físico. Cada órgano se asocia a una emoción predominante, según la teoría de los cinco elementos.

El hígado, por ejemplo, se vincula a la ira y a la capacidad de planificar. “Si no nos expresamos, el hígado es como una olla a presión”, dice Jiménez. Y cuesta no verse reflejado ahí. El corazón se asocia a la alegría, el estómago y el bazo a la preocupación (no es casual que cuando estamos nerviosos busquemos dulce), los pulmones a la tristeza y los riñones al miedo.

Cuando estas emociones se cronifican, el cuerpo pasa factura. No de golpe, sino poco a poco. “Si el hígado está saturado, la persona no duerme. Puede tener pesadillas constantes”, explica. Y ahí entiendes que el insomnio no siempre es solo “estrés”: a veces es emoción acumulada que no encontró salida.

Alimentar el fuego interno (y no apagarlo sin querer)

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Alimentar el cuerpo es también cuidar su energía interna. Fuente: Canva

En nutrición, la medicina china pone el foco en algo muy concreto: el fuego digestivo. Esa capacidad del cuerpo para transformar los alimentos en energía útil. Y aquí Jiménez es claro: abusar de crudos, bebidas heladas o alimentos muy fríos puede apagar ese fuego.

“Los chinos nunca comen nada crudo”, comenta. Siempre lo cuecen, lo calientan, aunque sea ligeramente. Y además, la alimentación se adapta a las estaciones. En invierno, caldos, sopas, jengibre, alimentos que reconfortan y calientan. En verano, otros más frescos. Comer no es solo nutrirse; es dialogar con el momento vital del cuerpo.

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