viernes, 2 enero 2026

Ramón Vallés (59), piloto comercial de Iberia: “Si la gente tuviera miedo real a volar, debería tener más miedo a coger un coche”

Ramón Vallés, piloto comercial, explica que el miedo a volar es más emocional que real. La aviación está basada en protocolos estrictos y control profesional, mientras el automóvil concentra riesgos cotidianos normalizados que generan muchas más víctimas.

Volar sigue generando inquietud en una parte significativa de la población, pese a ser una rutina cotidiana para millones de personas. Frente a ese temor persistente, la voz de un piloto con décadas de experiencia aporta datos, contexto y una mirada humana que ayuda a entender qué ocurre realmente cuando un avión despega.

Para Ramón Vallés, comandante de largo radio, el miedo a volar no se combate con consignas vacías. Se enfrenta con información, rigor y la experiencia acumulada de un piloto que ha pasado media vida cruzando océanos con cientos de personas a bordo.

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Por qué el avión es más seguro que el coche, según el piloto

Por qué el avión es más seguro que el coche, según el piloto
Fuente: Agencias

La aviación comercial es, estadísticamente, el medio de transporte más seguro que existe. Así lo repite Vallés, piloto de Iberia desde hace más de treinta años, apoyándose en datos que rara vez se discuten con calma. Mientras en la carretera los errores humanos son frecuentes y socialmente tolerados, en un avión el margen para la improvisación es inexistente.

El trabajo del piloto está regido por protocolos estrictos, listas de comprobación y sistemas redundantes que se revisan antes de cada vuelo. Nada se deja al azar. Desde la planificación meteorológica hasta la distribución del peso, todo está calculado para reducir el riesgo al mínimo. Esa disciplina profesional marca una diferencia radical frente a otros medios de transporte.

A ello se suma un factor psicológico clave. El pasajero no tiene control sobre la aeronave, y esa pérdida de control genera ansiedad. Sin embargo, recuerda el piloto, confiar en un profesional altamente entrenado es mucho más seguro que ponerse al volante distraído, cansado o bajo presión. El miedo, en muchos casos, nace más de la ignorancia que de un peligro real.

Cuando la seguridad también depende del pasajero

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Hay un punto que Vallés subraya con especial firmeza: la seguridad personal no depende solo del piloto. Escuchar las instrucciones, respetar el uso del cinturón y conocer la salida de emergencia más cercana puede marcar la diferencia en una situación crítica. La aviación funciona porque cada parte cumple su rol.

El piloto recuerda evacuaciones reales en las que la conducta de los pasajeros fue decisiva. Aviones envueltos en humo o fuego de los que todos salieron ilesos gracias a una evacuación ordenada. Cuando alguien se detiene a recoger su equipaje, no solo pone en riesgo su vida, sino también la de quienes vienen detrás.

Esa responsabilidad compartida se vuelve aún más evidente en situaciones límite. El piloto es el último en abandonar el avión tras una evacuación, una norma que refleja la jerarquía y el compromiso de la profesión. No hay épica, hay deber. Y detrás de cada decisión hay entrenamiento, experiencia y una comprensión profunda del riesgo.

En un mundo donde vuelan al mismo tiempo miles de aviones, el trabajo silencioso de cada piloto permite que millones de personas lleguen a destino sin incidentes. Entender cómo funciona esa cadena de seguridad no elimina todos los miedos, pero sí los coloca en su justa dimensión. Porque, como insiste Vallés, las cosas bien hechas no suelen causar víctimas, y la aviación es un ejemplo claro de ello.


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