ChatGPT terminó siendo justo la pieza que le faltaba. En Silicon Valley uno se acostumbra a ver gente que quiere optimizarlo absolutamente todo. Pero la historia de Lucas Worthing, jefe de tecnología en Cactus, tiene algo distinto, casi obsesivo en el buen sentido: decidió llevar esa mentalidad de alto rendimiento también al cuerpo. Desde joven ha vivido entre deportes —surf, Muay Thai, tenis, halterofilia…— y, como suele pasar, las lesiones no tardaron en aparecer: cirugías en pies, rodillas, hombros… un auténtico mapa de batalla.
A los 40 le llegó una idea tan simple que casi dolía: si quería seguir sintiéndose como a los 25, no bastaba con entrenar más fuerte; tenía que conocerse mejor. Y no era por falta de información, sino por exceso. Un desorden monumental.
El caos no estaba en el cuerpo, sino en los datos

Lucas tenía datos para aburrir. Pero todos dispersos, como piezas sueltas de un puzle:
- análisis de sangre por etapas,
- planes nutricionales,
- registros del Whoop sobre sueño y estrés,
- informes de fisioterapia,
- escaneos corporales,
- y un diario personal donde anotaba dolor, ansiedad o cómo reaccionaba a los entrenamientos.
Pero, ¿cómo convertir ese océano de números en algo útil? Allí, justo allí, apareció ChatGPT. Y Lucas lo vio claro: ¿por qué no crear mi propio entrenador? Uno que no se cansara, no se despistara y fuera capaz de unir todas las piezas.
Así nació “Well Coached GPT”: un entrenador que no duerme

No quería un chatbot amable. Quería un estratega. Un cerebro que realmente trabajara para él.
Le cargó absolutamente de todo: resonancias, rayos X, CSV de wearables, vídeos señalando dónde le dolía, recetas, notas personales, documentos en inglés y portugués… Y la IA, lejos de colapsar, lo entendió todo sin necesidad de ordenar nada.
La configuración era clara: tratarlo como un operador de élite que tiene que equilibrar tenis, pesas, trabajo y vida real.
El sistema se organiza en tres prioridades, casi como un mantra:
1. Nutrición
Glucosa estable, inflamación baja, músculo preservado. Solo cambia la dieta si los datos lo piden.
2. Entrenamiento
Fuerza, movilidad y resistencia, pero sin reventarse. Si su HRV baja o el cuerpo “grita”, la IA lo frena. Sí, a veces necesita que alguien lo pare.
3. Recuperación
Dormir ya no es algo “importante”: es sagrado. Y lo mismo con la movilidad, la fisioterapia, el sauna o el contraste frío. Nada es opcional.
Mientras tanto, la IA analiza todo en tiempo real: detecta señales de alarma (las famosas “zonas rojas”), anticipa sobrecargas, identifica días malos… y sugiere lo que realmente importa, sin suplementos raros ni modas pasajeras.
Cuando incluso te ayuda a planificar una cena o curarte un codo

La gracia de todo esto no está en la teoría, sino en cómo lo usa Lucas en su día a día.
Ejemplo 1: una cena de cumpleaños.
Comida japonesa (Omakase), bebidas, un plan tentador pero inflamatorio. ¿Qué hizo la IA?
- desayuno: solo proteína,
- comida: mínima en carbohidratos,
- y una recomendación curiosa: añadir pimienta para modular la inflamación del festín.
Ejemplo 2: una lesión en el codo.
Lucas subió el diagnóstico del médico, las pautas del fisioterapeuta y vídeos señalando el punto exacto del dolor. La IA:
- validó lo que decían ambos,
- integró toda la información,
- le preparó un plan realista
- y redujo su ansiedad sobre el proceso.
A veces lo que uno necesita no es más información, sino alguien que la organice.








