La medicina tiene momentos silenciosos que definen un destino. En ese punto exacto donde la técnica se mezcla con la humanidad aparece Diego González Rivas, un cirujano que lleva dos décadas recorriendo el mundo para operar a quienes no tienen alternativas. Su experiencia, forjada entre hospitales de élite y zonas de guerra, demuestra que la medicina también es coraje, vocación y entrega absoluta.
A lo largo de 139 países, ha enfrentado situaciones que pocos imaginan: desde operaciones bajo vigilancia militar hasta intervenciones improvisadas en conflictos armados. Aun así, sostiene que la esencia de la medicina sigue siendo la misma, sin importar el lugar: estar presente para salvar a alguien que ya había perdido la esperanza.
Un cirujano que viaja donde otros no llegan
Diego recuerda Gaza como uno de los escenarios más tensos de su carrera. Allí no solo impartió un masterclass de medicina torácica: también terminó abriendo a toda velocidad a un joven herido de bala en medio de los enfrentamientos. Lo salvó. Después vinieron las noches de drones sobrevolando el cielo y la sensación constante de estar operando en terreno ajeno, donde la medicina se convierte en un acto casi heroico.
Algo parecido vivió en Pakistán, donde trabajó acompañado por un militar armado que no se despegó de él ni en el quirófano. Incluso en Corea del Norte, un país donde la intranquilidad se respira desde que retiran el pasaporte, la medicina se transformó en una experiencia límite. Cada paso exigía cautela, pero aun así –o justamente por eso– encontró un aprendizaje profundo.
Sus viajes no solo están marcados por la crudeza de los conflictos. También están las historias que conmueven desde otra arista, como la niña de 12 años en el Congo que llevaba dos años con una llave dentro del pulmón. Nadie había podido extraérsela. Diego lo logró. La medicina, en ese punto, volvió a mostrar su versión más luminosa.
Medicina moderna: Pasión, técnica y una misión que no se detiene

Mientras muchos colegas elegirían quedarse en la comodidad de grandes centros médicos, Diego insiste en combinar la medicina de alta complejidad con misiones humanitarias. Su fundación sostiene proyectos en África y Latinoamérica, y hasta creó la primera unidad móvil del mundo capaz de realizar cirugía mínimamente invasiva. Un quirófano sobre ruedas que acerca la medicina avanzada a quienes jamás podrían acceder a ella.
Su trayectoria también está marcada por la innovación. En 2010 desarrolló la técnica Uniportal VATS, una revolución que permitió operar cáncer de pulmón con una sola incisión de tres centímetros. Desde entonces, la medicina torácica cambió para siempre y su nombre se volvió referencia global.
A pesar de las más de 11.000 operaciones realizadas, Diego sigue guiándose por la misma idea: que en la medicina lo esencial no es la tecnología, sino el impacto humano. Por eso regresa una y otra vez a lugares donde la supervivencia depende de un gesto, una decisión o una presencia. “Ayudar a un paciente y a su familia es impagable”, repite. Y en su voz hay una convicción que trasciende cualquier frontera.








