El cansancio no siempre grita: a veces susurra desde dentro. El Dr. Jason Fung, nefrólogo y uno de los referentes mundiales en ayuno y metabolismo, lo explica sin rodeos: el problema no es la glucosa alta, sino la insulina alta. “Es como obsesionarse con el humo sin mirar dónde está el fuego”, dice. Y tiene sentido.
Cada vez que comemos —sobre todo carbohidratos— la insulina sube para almacenar parte de esa energía. Hasta aquí, todo normal. El lío empieza cuando la insulina se pasa el día entero en modo “alto”. Las células, cansadas de recibir órdenes constantes de almacenar grasa, dejan de obedecer. Y ahí aparece la famosa resistencia a la insulina.
El Dr. Benjamin Bikman lo resume de forma que cualquiera puede entender: si la insulina está demasiado alta, no quemas grasa. Punto. Lo que sí aparecen son el hambre constante, el sueño a deshoras, los antojos dulces que parecen venirse solos… y, por supuesto, el aumento de peso sin explicación aparente.
Un hígado “lleno”: la metáfora que nadie olvida

Fung utiliza una imagen que se queda grabada: el hígado lleno de azúcar y grasa “se infla como un globo”. O como ese armario donde metes cosas, metes cosas… hasta que un día lo abres y se cae todo encima. Cuando el hígado ya no puede almacenar más, el cuerpo hace lo único que puede para protegerse: genera resistencia.
Keto y ayuno: dos aliados para resetear el metabolismo

La buena noticia —porque la hay— es que la resistencia a la insulina se puede revertir. Y según los expertos, hay dos herramientas muy eficaces: la dieta cetogénica (keto) y el ayuno intermitente.
El Dr. Eric Westman, de la Universidad Duke, es claro: las dietas muy bajas en carbohidratos bajan la insulina con rapidez y, en pocas semanas, el cuerpo comienza a recuperar su sensibilidad.
Keto y ayuno funcionan casi como un equipo perfecto:
- Keto baja la insulina cuando comes.
- El ayuno la baja cuando no comes.
Juntos le dan al cuerpo el descanso que llevaba años pidiendo.
Entre los protocolos más comunes están el 16:8, 18:6, 20:4 o incluso ayunos de 24 horas de vez en cuando.
Qué comer (y qué intentar evitar)
Ayudan a bajar la insulina:
- Huevos
- Aguacate
- Aceite de oliva
- Pescado y carne
- Verduras bajas en carbohidratos
La elevan demasiado:
- Pan y arroz
- Pasta
- Patatas
- Dulces
- Frutas muy azucaradas
Cuando el cuerpo responde: beneficios que la gente nota

La dieta keto puede devolverle al organismo su capacidad natural de quemar grasa. Fuente:Canva
Quienes empiezan keto y ayuno suelen comentar cosas como:
- “Tengo más energía.”
- “Por fin controlo el hambre.”
- “Se me fue la barriga.”
- “Duermo mejor.”
- “No tengo tantos antojos.”
- “Estoy más enfocado.”
Pero, ojo, no todo es para todo el mundo. Hay que tener en cuenta:
- Embarazadas → solo con supervisión médica.
- Personas con trastornos alimentarios → no es recomendable.
- Diabéticos con medicación → deben consultar a su médico.
- Y siempre: agua + electrolitos.
Volver a equilibrar el metabolismo… sin drama
Revertir la resistencia a la insulina es un proceso muy parecido a desatascar una bañera. Primero cierras el grifo (carbohidratos), luego dejas que el desagüe haga su trabajo (ayuno). Y, poco a poco, el agua vuelve a fluir.
La resistencia a la insulina no es una sentencia. Es un aviso. Un “oye, algo no está funcionando” que, si se escucha a tiempo, puede cambiar por completo la energía, el peso, el estado de ánimo y la salud a largo plazo.
Si tantos la padecen sin saberlo, imagina cuántos podrían mejorar su vida solo comprendiendo qué está pasando dentro de su cuerpo. Y, por fin, apagando el fuego en lugar de perseguir el humo.








