Esta es la principal conclusión del informe de DNV, que hace una comparativa del ritmo en el que España avanza hacia la des-carbonización con la ruta óptima que la institución calcula. En este aspecto, el análisis suspende a España ya que no alcanzará las cero emisiones para 2050.
El informe razona que la reducción de emisiones que se está realizando en el país es insuficiente, ya que desde 1990 solo se han reducido la producción de gases de efecto invernadero en un 19%, una cifra muy baja en comparación con el 32% que tenía el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030.
En este aspecto, el gran problema estructural según apunta el informe es el transporte ya que es el que más gases genera. En 2023 el sector generó cerca de 120 millones de toneladas de CO₂, según el informe para 2050 el sector bajaría sus emisiones en un 46%, un buen avance en España pero insuficiente para alcanzar la neutralidad real.
A esta situación, se le suma que la electrificación en los transportes no avanza a una velocidad suficiente, según DNV. El PNIEC espera 5,5 millones de vehículos eléctricos en 2030, pero el análisis proyecta apenas 2,5 millones, equivalentes al 8% del parque vehicular español. Un escenario que se ve difícil su cumplimiento debido a las carencias de infraestructura de carga suficiente, especialmente en entornos rurales; y la dependencia de combustibles tradicionales en el sector marítimo y aviación, donde las alternativas sostenibles aún tienen problemas en cuanto a coste y regulación.
España tiene potencial
Por otro lado, el informe celebra como un éxito parcial la transición energética en el sector industrial de España, ya que se prevé una caída en la demanda de energía en un 9% hasta 2050 con un crecimiento de su PIB de hasta el 35%. Esto se traduce en que el sector industrial será más eficiente y responsable con el medio ambiente, un buen paso hacia la buena dirección pero no suficiente para alcanzar la neutralidad energética para 2050.
La industria sigue siendo muy dependiente del gas natural en términos ennegrecidos, una relación que continuará según el documento hasta mediados de 2030. Además, el informe apunta a que es necesario ampliar su electrificación en los procesos térmicos en alta y media temperatura, que podrían ser complementados con fuentes de energía alternativas como el hidrógeno verde.
Aún así esta energía tiene problemas para llegar de manera competitiva al mercado, según los últimos precios de MIBGAS su precio oscila en los 413,89 €/MWh y que además según el documento solo despegará si se desarrolla masivamente la capacidad renovable y las redes se adaptan.
En cuanto a la edificación, según el documento de DNV, la electrificación de este sector es uno de los campos donde España podría avanzar más rápido con menor coste relativo. En el informe, se indica que la climatización ya está parcialmente electrificada (especialmente la refrigeración), pero el gran problema son los sistemas de calefacción fósiles, especialmente gas natural.
El plan cero emisiones de DNV contempla que en 2035 desaparezca el 80% de las calderas fósiles, y prácticamente todas para 2050, lo que requerirá multiplicar el parque de bombas de calor hasta alcanzar 12 millones de unidades. Una transformación que podría ser para reducir emisiones, pero está lejos de materializarse en políticas actuales.
No obstante, el informe indica que a pesar de que no vaya a llegar a las cero emisiones, está expandiéndose como país estratégico en la penetración de renovables, ya que en 2023, el 56% de la electricidad provino de fuentes de energía verde.
Aún así, el informe reporta que el panorama español se enfrenta a tres problemas clave: La crisis de los precios, por la excesiva oferta de solar, generando precios bajos; el bloqueo de la demanda, generando saturación en la red; y la crisis de aceptación social, donde el informe indica, que la población local percibe que los beneficios no se distribuyen de forma equitativa y por ello frenan el avance de la electrificación.
En definitiva, España está avanzando en materia de transición energética, pero es necesario aumentar la velocidad de estos avances ya que de lo contrario, no llegará a las cero emisiones en 2050.








