La pregunta sobre qué ocurrió antes del Big Bang ha acompañado a la humanidad como un eco persistente que atraviesa siglos de ciencia, filosofía y asombro. Aunque la cosmología moderna ha establecido que el espacio y el tiempo nacieron con ese estallido primordial, la ciencia contemporánea ha comenzado a desafiar esa frontera conceptual. Figuras como Javier Santaolalla, físico y divulgador, sostienen que el Big Bang podría no haber sido el inicio absoluto, sino el cierre de un capítulo previo en la historia del cosmos.
En este escenario, teorías de frontera como la gravedad cuántica, los universos cíclicos, el multiverso o el modelo de Hawking sobre un tiempo sin bordes ofrecen un abanico de hipótesis que rompen con la visión clásica de un universo con un origen único. Las misiones espaciales y los telescopios de nueva generación, desde el James Webb hasta los estudios de ondas gravitacionales, están alimentando una revolución silenciosa en la forma en la que se investiga lo que hubo —si es que hubo algo— antes de ese instante fundacional que llamamos Big Bang.
Big Bang: El tiempo que nació en un instante

Durante siglos, la física clásica asumió que el tiempo era una línea infinita, un río que fluía de manera uniforme desde un pasado indemostrable hacia un futuro predecible. Esa visión comenzó a resquebrajarse con Albert Einstein y su teoría de la relatividad general, que unió espacio y tiempo en un único tejido dinámico: el espacio-tiempo. Según esa teoría, el Big Bang no fue una explosión dentro del espacio, sino la expansión del espacio mismo, la instantánea en la que ese tejido comenzó a estirarse.
Stephen Hawking llevó esta idea un paso más allá al proponer que preguntar qué ocurrió antes del Big Bang es tan absurdo como preguntar qué hay al sur del Polo Sur. Su modelo del “tiempo imaginario” describe un universo sin bordes, donde el tiempo se curva de tal forma que carece de un punto inicial. Bajo esta perspectiva, el Big Bang no es un origen absoluto, sino la transición entre dos geometrías del espacio-tiempo.
Santaolalla suele apoyarse en este tipo de teorías para explicar por qué la visión tradicional del Big Bang como una “creación desde la nada” está siendo reemplazada por un enfoque más amplio y flexible. Desde su perspectiva, lo que entendemos como el comienzo podría ser simplemente el punto en el que nuestras leyes físicas dejan de describir lo que ocurrió antes, no necesariamente el límite de lo que realmente sucedió.
Un universo que podría no ser único
Mientras algunos modelos proponen un universo cíclico, otros llevan esa idea incluso más lejos. La teoría del multiverso plantea que nuestro universo podría ser solo uno más entre una enorme —posiblemente infinita— colección de universos, cada uno con sus propias leyes físicas, dimensiones, constantes fundamentales y cronologías.
La inflación cósmica, uno de los pilares de la cosmología moderna, sugiere que inmediatamente después del Big Bang el universo se expandió a un ritmo descomunal. Esa expansión pudo generar regiones desconectadas entre sí, verdaderas burbujas cósmicas que evolucionan de manera independiente. Cada una podría haber tenido su propio Big Bang y un tiempo distinto al nuestro. En ese contexto, la pregunta “¿qué hubo antes de nuestro Big Bang?” ya no apunta a un origen absoluto, sino a un proceso mayor en el que múltiples universos emergen de un mismo paisaje inflacionario.









