En los últimos días, la atención pública se ha centrado en la evolución de una niña de cuatro años ingresada en la UCI pediátrica del Hospital Clínico de Valencia tras recibir una sedación en una clínica dental. El caso, que se suma al fallecimiento reciente de otra menor atendida en el mismo centro, ha vuelto a abrir un debate que crece en el sector sanitario: ¿quién está utilizando realmente los fármacos destinados a la anestesia?
Mientras la investigación policial sigue su curso, la Sociedad Española de Anestesiología ha vuelto a encender las alarmas. Su presidente, el Dr. Javier García, advierte que cada vez son más los profesionales no especializados que administran fármacos de alto riesgo sin la formación adecuada y, lo que es aún más preocupante, sin que los pacientes lo sepan.
Una advertencia que lleva años gestándose
El Dr. García explica que desde hace cinco años vienen observando un aumento sostenido en el uso inadecuado de fármacos anestésicos fuera del ámbito especializado. Según detalla, muchos pacientes creen que cualquier sedación es un procedimiento menor, cuando en realidad implica el uso de fármacos capaces de provocar una parada respiratoria en segundos si no se administran correctamente. La falta de información, asegura, se ha convertido en un riesgo en sí misma.
Una de las ideas más repetidas por el presidente de la SEDAR es que la palabra sedación ha sido erróneamente asociada con un procedimiento sencillo. Sin embargo, cuando la sedación pasa del uso de benzodiacepinas orales a la administración intravenosa de fármacos generales, el escenario cambia por completo. Es allí donde estos medicamentos deben ser manejados por anestesiólogos formados para responder ante complicaciones críticas. El problema —insiste— es que hoy estos medicamentos están siendo utilizados por profesionales sin la capacitación necesaria.
Fármacos: Los riesgos invisibles para los pacientes

El Dr. García recuerda que los fármacos usados en anestesia no han cambiado sustancialmente en décadas y siguen teniendo el mismo potencial peligroso. Lo que ha reducido la mortalidad es la preparación de los especialistas capaces de responder ante cualquier eventualidad. Sin embargo, cuando los fármacos pasan a manos inexpertas, la seguridad cae drásticamente y la población no es consciente de ello. Para el anestesiólogo, esta desinformación generalizada es una combinación que puede resultar letal.
Aunque insiste en no elucubrar sobre los casos de las menores en Valencia, el Dr. García reafirma que el verdadero debate es otro: el uso creciente de fármacos anestésicos por personal no médico o por médicos sin la especialización requerida. En su opinión, lo mínimo que deberían hacer los pacientes es preguntar quién los sedará y qué formación tiene. Con fármacos tan potentes, asegura, la confianza no puede basarse en suposiciones.
Por otro lado, para el presidente de la SEDAR, este es el momento de recordar que una sedación profunda no es un trámite menor. Implica fármacos con efectos inmediatos y potencialmente graves. Por ello insiste en reforzar la comunicación con los pacientes y en frenar la banalización de unos fármacos que han salvado miles de vidas, pero que también pueden ponerlas en riesgo si se administran sin criterio.








