sábado, 29 noviembre 2025

Juan Bola, nutricionista: «Se estima que alrededor del 53% de la población no alcanza la vitamina C necesaria»

- Un déficit silencioso de vitamina C está afectando a más de la mitad de la población sin que lo sepa.

A veces damos por hecho que, si comemos “más o menos bien”, ya tenemos todas las vitaminas cubiertas. Ojalá fuera así. Pero la realidad —y lo dice el nutricionista Juan Bola, que lleva años estudiando el tema— es bastante distinta: más de la mitad de la población no llega ni a la cantidad mínima de vitamina C que necesita. “Se estima que alrededor del 53% no adquiere su vitamina C necesaria”, recuerda. No es un dato menor. Tanto es así que el escorbuto, esa enfermedad que suena a historia antigua, está volviendo a aparecer en países modernos como Canadá. Sí, en pleno siglo XXI.

Y aunque no lleguemos a un escorbuto “de manual”, existe algo mucho más común y silencioso: el escorbuto subclínico. Una falta constante de vitamina C que no da síntomas escandalosos, pero que debilita poco a poco el cuerpo, favorece inflamación, empeora la salud cardiovascular y se cuela en casi todo lo que sentimos como “cansancio”, “mal estar” o “bajón”.

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Ocho motivos por los que, sin darnos cuenta, casi todos vamos bajos de vitamina C

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La falta de vitamina C afecta al 53% de la población. Fuente: Canva

Juan Bola enumera ocho razones que explican por qué hoy la vitamina C escasea más que nunca:

1. Agricultura intensiva.
Las tierras ya no descansan. Se exprimen una y otra vez, perdiendo minerales esenciales.

2. Pesticidas y fertilizantes artificiales.
Los químicos modernos pueden hacer que ese tomate tan rojo… no sea tan nutritivo.

3. Variedades resistentes, no nutritivas.
La industria elige frutas y verduras grandes, brillantes, firmes… pero muchas veces pobres en vitaminas.

4. Recolección prematura.
Lo que llega verde a los contenedores de exportación nunca alcanza su potencial nutricional.

5. Demasiado tiempo desde la cosecha.
La vitamina C se oxida rápido. Días de viaje, cámaras frigoríficas, supermercados… y cuando el producto llega a tu cocina, ha perdido buena parte de ella.

6. Cocinar la carne (demasiado).
Las vísceras tienen vitamina C, sí, pero el calor la destruye. Y en Europa cocinamos todo… muchísimo.

7. Más necesidades de antioxidantes que nunca.
Estrés, contaminación, pantallas, tóxicos ambientales. Nuestro cuerpo gasta vitamina C como si no hubiera un mañana.

8. La competencia con la glucosa.
Este punto es clave: cuando la glucosa está alta, la vitamina C oxidada compite por entrar en la célula… y pierde.
“Si tienes niveles elevados de glucosa, la vitamina C queda fuera de la célula”, explica Bola. Aquí es donde personas con resistencia a la insulina o diabetes lo tienen aún más difícil.

La vitamina C hace mucho más de lo que pensamos

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La vitamina C es esencial para producir colágeno. Fuente: Canva

Es fácil asociarla solo a los resfriados, pero su papel va muchísimo más allá:

• Construye colágeno.
No es que “ayude a absorberlo”: es que sin vitamina C, el cuerpo no puede fabricar colágeno. Así de simple.

• Refuerza el sistema inmunitario.
Los glóbulos blancos devoran vitamina C para funcionar. Su déficit significa defensas “a medio gas”.

• Mejora el estado de ánimo.
Favorece neurotransmisores de bienestar. Cuando falta, lo notamos… aunque no sepamos por qué.

• Es un potente antioxidante.
Regenera vitamina E y glutatión. Es un escudo anticontaminación natural.

• Mejora la absorción de hierro vegetal.
Perfecta para quien no come mucha carne.

• Protege el corazón.
Mejora el endotelio, reduce LDL oxidado y ayuda a mantener la presión arterial en rangos saludables.

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• Apoya la detoxificación hepática.
El hígado necesita vitamina C para lidiar con tóxicos modernos: pesticidas, plásticos, metales pesados…

La mejor forma de tomar vitamina C (y la peor)

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El estrés oxidativo dispara nuestras necesidades diarias. Fuente: Canva

Aquí viene la sorpresa: más no es mejor.

Durante años se ha promovido tomar 5 o 10 gramos diarios. Pero el cuerpo solo absorbe bien hasta 200 mg por toma. Lo que supera ese umbral:

  • se oxida,
  • se elimina (literalmente se tira por el WC),
  • y puede generar oxalatos, algo peligroso para los riñones.

“Un pico plasmático no implica mejor salud; es una carga enorme para el sistema renal”, insiste Bola.

Por eso, la opción más inteligente es la vitamina C granulada de absorción lenta. Libera la vitamina de forma gradual y mantiene niveles estables durante 24 horas. Sin picos, sin cargas renales, sin desperdicio.

Muchos productos liposomados prometen milagros basados en “picos plasmáticos”… pero los estudios ni siquiera miden cuánto entra realmente en las células ni cuánto se expulsa por orina.

Los expertos recomiendan:

  • una dosis por la mañana,
  • y en épocas de estrés, viajes o resfriados: otra por la noche.

Una estrategia sencilla, lógica y mucho más saludable.

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