La conexión digital es constante y la ciberseguridad se ha convertido en un escudo invisible que pocos saben usar. La experta en ciberseguridad María Aperador advierte sobre los riesgos cotidianos de vivir rodeados de tecnología y revela cómo nuestras rutinas digitales abren puertas a amenazas que no siempre vemos.
Desde cámaras domésticas hasta asistentes de voz, todo lo que se conecta puede ser manipulado. Con una mirada clara y humana, Aperador invita a tomar conciencia: la ciberseguridad no depende solo de expertos o antivirus, sino del compromiso personal de cada usuario en proteger su información más valiosa.
El lado invisible de la red: cuando el hogar deja de ser privado
María Aperador lo explica sin rodeos: “Todo lo que tengamos en casa conectado a internet es vulnerable”. Cámaras, asistentes de voz, electrodomésticos inteligentes o incluso lavadoras forman parte de un ecosistema donde la privacidad se diluye. La especialista en ciberseguridad asegura que existen páginas donde se pueden ver cámaras domésticas de personas que nunca cambiaron las contraseñas por defecto. “Hay quienes pagan por ver lo que ocurre dentro de otras casas”, advierte.
Su experiencia, más de una década rastreando hackers, la llevó a descubrir que muchas amenazas digitales comienzan con la simple falta de información. “Me preocupa más lo poco que nosotros sabemos de las máquinas que lo que ellas saben de nosotros”, afirma. En su libro Mentalidad inhackeable, propone un cambio de enfoque: dejar de ser usuarios confiados y convertirnos en guardianes de nuestra propia ciberseguridad.
Lo inquietante es que no se trata solo de espionaje visual o auditivo. La experta descubrió que Alexa, por ejemplo, puede guardar grabaciones de conversaciones cotidianas. Su recomendación es simple: desenchufar el dispositivo cuando no se use y revisar los permisos desde la aplicación. Pequeños gestos que marcan una gran diferencia en la protección de datos personales.
Ciberseguridad: El negocio oculto de los datos

Para Aperador, la ciberseguridad no es un tema técnico, sino una cuestión de supervivencia moderna. En internet existe un auténtico mercado negro de información donde se compran y venden perfiles completos de usuarios: nombre, dirección, cuenta bancaria y hábitos de consumo. Con esos datos, los ciberdelincuentes diseñan estafas personalizadas que parecen completamente reales.
Las nuevas formas de engaño digital se multiplican gracias a la inteligencia artificial. “Hoy pueden clonar voces, rostros y emociones”, explica. Existen casos de personas mayores que lloran ante la cámara pidiendo ayuda económica… pero en realidad son avatares generados por IA. Todo está pensado para tocar la fibra sensible y conseguir que las víctimas entreguen dinero o información.
Por eso, su primer mandamiento de ciberseguridad es tajante: no fiarse de absolutamente nada. Verificar cada mensaje, cada llamada y cada enlace se ha convertido en una tarea cotidiana. Cambiar contraseñas con frecuencia, desconectar dispositivos y mantener un mínimo de desconfianza digital son hábitos que pueden salvarnos de un gran problema.









