sábado, 30 agosto 2025

Candela Irinas (27), chef catalana, alucina contra una creencia popular: «No guardes el jamón así, son más de 400 euros tirados a la basura

Un gesto que repites por tradición podría estar arruinando la joya de tu despensa. La solución no está en comprar un accesorio caro, sino en algo que ya tienes.

El jamón es el rey indiscutible de cualquier celebración, pero un error común lo está destrozando. Imagina esa pieza que has comprado con tanta ilusión, esa costumbre de taparlo con un paño de cocina es la forma más rápida de secarlo y echarlo a perder. ¿Estás seguro de que lo estás protegiendo bien? Puede que la respuesta te sorprenda y te haga cambiar de idea para siempre, salvando tu preciado manjar.

La mayoría piensa que un trapo de algodón es la mejor barrera contra el aire y la sequedad. Sin embargo, ese gesto que hemos visto hacer a nuestras abuelas no es la mejor forma de conservar el jamón, ese tejido absorbe la humedad esencial de la carne y acelera su oxidación. Estás a punto de descubrir por qué ese método aparentemente inofensivo es un auténtico desastre para tu inversión gastronómica.

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EL GRAN ERROR QUE COMETES Y QUE DESTRUYE TU JAMÓN

El gesto más repetido en los hogares españoles es, paradójicamente, el más perjudicial para su conservación.
El gesto más repetido en los hogares españoles es, paradójicamente, el más perjudicial para su conservación. Fuente Freepik.

Piensa en la escena: terminas de cortar unas lonchas y, con la mejor intención, coges un paño limpio y cubres la parte abierta. Creemos que así evitamos que se seque, pero lo que realmente ocurre es que el tejido actúa como una esponja robando la jugosidad natural del producto. Es un acto casi reflejo que, sin saberlo, inicia un proceso de deterioro que afecta directamente al sabor y la textura de la pieza de jamón.

Este método no solo reseca la superficie, sino que puede llegar a transferir olores y sabores del propio paño o del detergente. A los pocos días, notarás que la primera loncha tiene un gusto rancio y una textura acartonada, un claro indicio de que la conservación de tu jamón ibérico ha fracasado por completo. No es culpa tuya, es una creencia popular tan extendida como equivocada que necesita ser desterrada de nuestras cocinas.

¿POR QUÉ UN SIMPLE TRAPO ES EL PEOR ENEMIGO DE TU PATA NEGRA?

¿Qué tiene de malo un simple trozo de tela? La respuesta está en la física más básica que afecta a tu jamón. Este producto curado necesita respirar, pero también mantener un equilibrio de humedad muy delicado. Al colocarle un trapo encima, este absorbe la grasa superficial que actúa como protectora natural y expone la carne directamente al aire. Esto acelera la oxidación, ese proceso que enrancia las grasas y endurece la carne de forma irreversible.

Imagina que es una herida que necesita su propio ungüento para cicatrizar bien. El trapo no solo no protege, sino que interfiere activamente en ese proceso de autoprotección del jamón. Por eso, esa primera capa que cortas al día siguiente está visiblemente más oscura y dura, un daño que no se revierte y que te obliga a desechar una parte valiosa de la pieza. Es como ponerle una tirita de papel a algo que necesita un sellado impermeable.

EL SECRETO DE LOS MAESTROS CORTADORES: LA PROPIA GRASA

Aquí reside la clave que diferencia a los aficionados de los verdaderos expertos en este tesoro culinario.
Aquí reside la clave que diferencia a los aficionados de los verdaderos expertos en este tesoro culinario. Fuente Freepik.

El truco es tan sencillo como brillante, y lo tienes delante de tus narices. Al empezar a limpiar la pata de jamón, no tires esas primeras tiras de tocino blanco y limpio. Guárdalas, porque son tu mejor aliado. Tras cortar, coloca esas mismas láminas de grasa sobre la superficie del corte, creando un sello perfecto y natural. Así, la pieza se conserva en su propio ambiente, manteniendo intacta su humedad y todo su aroma original.

Esta capa de grasa no solo protege del aire, sino que evita que se reseque sin aportar sabores extraños, como sí hace el trapo. Es el sistema de autodefensa del propio producto, una técnica que los maestros jamoneros utilizan para asegurar que cada loncha de jamón conserve su calidad óptima durante semanas. Al día siguiente, solo tienes que retirar la grasa, cortar la primera loncha (que estará perfecta) y volver a taparlo con su protección natural.

¿Y SI YA HE TIRADO LA GRASA? OTROS TRUCOS QUE SÍ FUNCIONAN

No todo está perdido si has descartado el tocino por desconocimiento. Existen alternativas que, aunque no son tan perfectas, funcionan mucho mejor que el paño. La más socorrida es usar film transparente de cocina, asegurándote de que quede bien pegado a la superficie del corte para minimizar el contacto con el aire. Este método es eficaz para evitar la oxidación a corto plazo, pero hay que cambiarlo con frecuencia para que no condense humedad.

Otra opción es frotar la superficie del corte con un poco de aceite de oliva virgen extra. El aceite crea una película protectora que aísla la carne del aire, similar a la función de la grasa del jamón. Sin embargo, ten en cuenta que puede aportar un ligero matiz de sabor, así que es recomendable usar un aceite suave y retirar la primera loncha fina antes de seguir cortando. Es una solución de emergencia para salvar tu preciada pata de jamón.

MÁS ALLÁ DE LA CONSERVACIÓN: CÓMO DISFRUTAR CADA LONCHA

El ritual del jamón va más allá de un corte correcto; es una experiencia que merece ser perfecta.
El ritual del jamón va más allá de un corte correcto; es una experiencia que merece ser perfecta. Fuente Freepik.

Una vez que dominas la conservación, el disfrute se multiplica. Recuerda que el jamón siempre debe cortarse y consumirse a temperatura ambiente, unos 24 grados. Solo así la grasa se funde ligeramente, liberando esa explosión de aromas y sabores que lo convierten en una joya gastronómica única en el mundo. Si lo guardas en un lugar demasiado frío, el sabor se quedará dormido y la textura no será la misma.

La ubicación del jamonero también importa. Mantenlo alejado de fuentes de calor, de la luz directa del sol y de zonas con olores fuertes. Cada detalle cuenta para honrar un producto que ha tardado años en curarse. Al final, el objetivo es simple: que cada vez que te acerques a cortar, el aroma te transporte y cada loncha se deshaga en la boca, recordándote por qué este manjar es mucho más que un simple alimento.


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