viernes, 29 agosto 2025

Julia Mendoza (41), bióloga del CSIC en Monfragüe: «El sonido más brutal de la naturaleza ibérica lo escuchas aquí, y solo en septiembre»

Un sonido ancestral resuena solo un mes al año en el corazón de España. Una bióloga del CSIC desvela las claves para presenciar un espectáculo único.

El sonido más brutal de la naturaleza ibérica no es el aullido de un lobo ni el rugido de una tormenta, sino un lamento profundo que solo se escucha en septiembre en el Parque Nacional de Monfragüe. Es una llamada ancestral, un eco que conecta directamente con el corazón salvaje de la península y que atrae a cientos de personas cada año. ¿Pero qué es exactamente y por qué solo ocurre aquí con esta intensidad arrolladora?

Pocos espectáculos son tan sobrecogedores y efímeros como este, un evento que transforma los bosques extremeños durante apenas unas semanas al año. La bióloga Julia Mendoza lo define como una «fuerza desatada», la máxima expresión de la vida animal en su estado más puro. Entenderlo es entender el ciclo de la vida en uno de los parajes de España más emblemáticos, un lugar donde el mundo aún late a un ritmo diferente.

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¿QUÉ ES ESE SONIDO QUE HACE TEMBLAR EL VALLE?

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Ese estruendo que parece salir de las entrañas de la tierra es la berrea del ciervo, el ritual de apareamiento del venado. No es un sonido amable, sino un bramido gutural, potente y desafiante con el que los grandes machos exhiben su poderío. Con esta demostración de fuerza, buscan atraer a las hembras y disuadir a sus competidores, creando una banda sonora única para el ecosistema extremeño que te eriza la piel.

Pero la berrea es mucho más que un sonido; es un espectáculo visual. Los machos dominantes, con sus imponentes cuernas, chocan entre sí en combates violentos que deciden la jerarquía del grupo. Es la pura esencia de la naturaleza ibérica en acción, una lucha por la supervivencia y la perpetuación de la especie que se desarrolla ante los ojos de los visitantes. Presenciarlo es entender la dureza y la belleza del mundo salvaje sin filtros.

MONFRAGÜE: EL TEATRO PERFECTO PARA LA GRAN FUNCIÓN

No es casualidad que este fenómeno alcance su máxima expresión en el Parque Nacional de Monfragüe. Su orografía, con valles encajonados y laderas rocosas, actúa como un anfiteatro natural que amplifica los bramidos de los ciervos. Este paisaje único, crea una acústica perfecta que permite que el sonido viaje kilómetros, envolviendo al visitante en una experiencia completamente inmersiva. Es el escenario soñado para este drama de la fauna de Monfragüe.

Además de su geografía, la excelente conservación del parque garantiza una alta densidad de venados, lo que intensifica la competencia y, por tanto, el espectáculo. Monfragüe es un santuario, un refugio donde la naturaleza ibérica se muestra con un esplendor difícil de igualar. Aquí, la interacción entre la fauna y la flora mediterránea alcanza un equilibrio perfecto, convirtiéndolo en un laboratorio viviente para biólogos como Julia Mendoza.

SEPTIEMBRE: LA CUENTA ATRÁS BIOLÓGICA QUE NADIE PUEDE DETENER

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La elección de septiembre para este ritual no es un capricho. El acortamiento de las horas de luz y el descenso de las temperaturas tras el calor del verano actúan como un interruptor biológico. Es la señal que el cuerpo de los ciervos espera, un disparador hormonal que da comienzo a la época de celo. Este reloj interno es una de las maravillas más precisas de la naturaleza ibérica, un ciclo inmutable que se repite año tras año con puntualidad asombrosa.

Esta ventana de tiempo tan limitada añade un componente de urgencia y exclusividad al evento. Los machos saben que tienen apenas unas semanas para asegurar su descendencia, lo que desata una actividad frenética en todo el territorio. Por eso, la intensidad de la berrea alcanza su clímax entre mediados y finales de septiembre. Pasado ese momento, el silencio volverá a adueñarse del bosque, esperando pacientemente un año más para desatar el increíble espectáculo de la fauna. La naturaleza ibérica es así de efímera.

CÓMO SER TESTIGO DEL ESPECTÁCULO SIN DEJAR HUELLA

Presenciar la berrea es un privilegio que conlleva una gran responsabilidad. El silencio es la regla de oro, ya que cualquier ruido puede alterar el comportamiento de los animales y arruinar la experiencia. Es fundamental recordar que somos meros espectadores en el teatro de la naturaleza ibérica. Para disfrutarlo de verdad, es imprescindible moverse con sigilo y elegir puntos de observación autorizados, como los miradores del parque, para no interferir.

Los mejores momentos para la escucha son el amanecer y, sobre todo, el atardecer, cuando la actividad de los ciervos se intensifica y la luz crea una atmósfera mágica. Unos prismáticos son el mejor aliado para observar los detalles sin necesidad de acercarse. Es una lección de paciencia, la espera y la observación son parte fundamental de la conexión con la vida animal en España, una recompensa que va mucho más allá de una simple fotografía.

LA VOZ ANCESTRAL QUE NOS RECUERDA LO QUE ESTAMOS PERDIENDO

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El bramido del ciervo en Monfragüe es mucho más que un simple sonido animal; es la voz de un mundo que se resiste a desaparecer. En una sociedad cada vez más urbana y desconectada de sus raíces, este espectáculo nos reconecta con algo esencial. Es la prueba de que todavía existen rincones donde la naturaleza ibérica late con fuerza, un recordatorio de la importancia de conservar estos santuarios naturales para las generaciones futuras y para el equilibrio del planeta.

Escuchar la berrea es una experiencia transformadora que se queda grabada en la memoria para siempre. Es el poder en bruto de la naturaleza ibérica manifestándose sin filtros ni adornos. Este evento anual es una lección de vida, la banda sonora de un ciclo eterno que nos enseña sobre la lucha, la pasión y la belleza del mundo salvaje. Quizás, al volver al silencio de la ciudad, ese eco nos recuerde que formamos parte de algo mucho más grande, un latido ancestral de la naturaleza ibérica que debemos proteger. La naturaleza ibérica es un tesoro.


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