domingo, 3 julio 2022 20:46

Bruselas deja en fuera de juego a la política energética española

Europa presentó recientemente su hoja de ruta para acabar con la dependencia energética que tiene de Rusia, denominado RePowerUE. La propia presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, la presentó anunciando la intención de movilizar hasta 300.000 millones de euros en inversiones hasta 2030. Un ambicioso plan que, sin embargo, deja a España en mal lugar, al menos, en el corto plazo. En especial, las últimas medidas adoptadas por el Ejecutivo que lidera Pedro Sánchez.

Así, el documento publicado por Bruselas señala que para “para alejarse” de los combustibles fósiles rusos será necesario “usar” las centrales de carbón “por más tiempo del esperado”. A su vez, también pone el foco en alargar el uso “de la energía nuclear”. Mientras, a medio plazo, se apostará por “reducir el consumo de gas de la Unión Europea a un ritmo más rápido, lo que limitará su papel como combustible de transición”. Curiosamente, todas esas medidas, que deberían aliviar la factura energética europea en su desconexión de Rusia, van en contra de lo que ha ido haciendo el Gobierno en los últimos años.

EL ADIÓS ACELERADO DEL CARBÓN ESPAÑOL

Empecemos por el carbón. La decana sustancia ígnea ha sido la forma más contaminante de generar energía, pero también es la más barata. De hecho, en países como China o la India todavía tiene un papel determinante en sus distintos mix energéticos. Pero en España su aportación es residual, tras la legislación aprobada por el partido socialista hace un par de años. De hecho, en 2020 cerraron hasta ocho centrales térmicas: Compostilla y Andorra (de Endesa), Meirama, La Robla y Narcea (Naturgy) y Puente Nuevo (Viesgo). Y al año siguiente, en 2021, lo hicieron As Pontes y Litoral (Endesa) y Los Barrios (Viesgo).

Todo ello ha hecho que en el momento en que la Comisión pide ampliar la vida de esas centrales, para contener los precios de la electricidad, en España solo quedan las centrales de Aboño y de Soto de Ribera, ambas de EDP, en funcionamiento. Un par de rescoldos que, sin embargo, apenas pueden aportar entre el 2 y el 3% máximo del mix. En definitiva, que el Gobierno del PSOE ya ha dinamitado una de las alternativas que se contemplan desde Bruselas, que tiene pensado comprar carbón con un desembolso cercano a los 1.700 millones, para la difícil situación que puede llegar el próximo invierno.

ESPAÑA SE ENFRENTA A BRUSELAS POR LAS NUCLEARES

En cuanto a la segunda alternativa, la energía nuclear, la situación todavía parece más insostenible. En primer lugar, porque el propio plan de Bruselas le confiere un trato preferencial en el corto y medio plazo para mantener la estabilidad energética en la Unión Europea. Así, la comisión señala en el informe no solo de la necesidad de este tipo de infraestructuras para hacer frente a la desconexión de los combustibles rusos durante los próximos meses, sino también de cara al futuro como una alternativa para la generación de hidrógeno verde.

En concreto, la comisión señala que “Green Hydrogen Partnerships [como se llama el plan dedicado al desarrollo del hidrógeno verde] facilitará las importaciones de hidrógeno, mientras apoya la descarbonización en los países socios. Otras formas de hidrógeno libre de fósiles, en particular de origen nuclear, también desempeñan un papel en la sustitución del gas natural”. Con ello, Bruselas recalca la importancia de apostar por la energía nuclear más allá del corto plazo. Una apuesta, por otro lado, más que entendible. Al fin y al cabo, se trata de energía limpia en materia de emisiones de carbono que cumple con los principios de descarbonización impuestos por Bruselas.

el Gobierno español mostró su rechazo a incluir a la energía en la tabla de clasificación de opciones ‘verdes’ en el marco comunitario

Pero esa idea parece que no termina de gustar en España. De hecho, a principios de año, el Gobierno español mostró su rechazo a incluir a la energía en la tabla de clasificación de opciones ‘verdes’ en el marco comunitario. Una decisión que se tomó pese a que Bruselas había decidido incluirla finalmente como ‘energía verde’. “Independientemente de que puedan seguir acometiéndose inversiones en una u otra, consideramos que no son energías verdes ni sostenibles”, recalcó la vicepresidenta y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera.

CONTRA BRUSELAS

La insistencia del Gobierno en contra de Bruselas todavía fue más lejos unas semanas después. Así, un mes más tarde, Bruselas presentó finalmente su propuesta final para que la energía nuclear se considerasen una inversión verde. Un planteamiento que no convenció (ni convence todavía, parece) a Ribera ni a su equipo. De hecho, el pasado 11 de marzo se publicó la propuesta del 7º Plan de Gestión de Residuos Radioactivos (PGRR) en el que mantiene y ratifica el calendario de clausura (“cese de la operación”) de las centrales nucleares actualmente en funcionamiento en España (5 centrales con un total de 7 reactores) de forma paulatina mucho antes de lo que contempla la comisión.

REFUERZO DEL GAS… EN EL PEOR MOMENTO

El último elemento discordante es qué va a pasar con el gas. Aunque en esta ocasión es al revés y mientras que Bruselas quiere cortarlo, España planea apoyarse sobre él más que nunca. Sin ir más lejos, este pasado miércoles, poco antes de que se publicase el RePowerUE de Bruselas, el Gobierno de España anunciaba un importante acuerdo con Catar para recibir una gran cantidad de suministro de gas. En concreto, ambas regiones afianzaron sus relaciones bilaterales, ahora se define como “asociación estratégica”, después que la región catarí se comprometa a reforzar a medio plazo el suministro de gas e incrementar en 4.720 millones de euros sus inversiones en España.

Mientras, horas después, Bruselas señalaba que se apostará por “reducir el consumo de gas de la Unión Europea a un ritmo más rápido, lo que limitará su papel como combustible de transición”. Un jarro de agua fría, aunque con cierto sentido. Y es que independientemente de la fuente de gas que se tenga sus precios se verán afectados al sacar del mapa al mayor productor del mundo. Incluso, aunque se fije un precio inamovible, ya que esté será más alto, por ello la comisión ha decidido actuar así. Y por ello también, España se vuelve a quedar fuera de juego.


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