viernes, 1 julio 2022 10:12

Cines Renoir: la resistencia de un negocio en peligro de extinción

Existió una época mucho antes de Netflix y el resto de plataformas de streaming en la que ir al cine era una acción desligada de cualquier connotación que no fuera pasarlo bien. Sin embargo, desde hace un tiempo, parte de esa nostalgia parece haber dicho adiós para no volver en la ciudad de Madrid. Existió una época también en la que las calles Fuencarral y Luchana eran la ‘milla dorada’ madrileña en lo referente a los cines. Sin embargo, de la cantidad de estas salas de las que llegaron a ser testigo sus largas calles ya apenas queda rastro alguno.

Atrás quedó aquella época dorada del cine en Madrid. Muchísimas salas convivían en armonía y agotaban sus butacas cada día. Eran cientos las personas que formaban cola deseosas de poder asistir a alguna película que estaba en boca de todos y a la que incluso podían acudir varias veces gracias a la sesión continua.

Edificios que en su día dieron cobijo a los sueños del séptimo arte, ahora han sucumbido a los supermercados, aunque también a hoteles, centros comerciales o viviendas de lujo. Los más afortunados han conseguido “transformarse” en teatros, como es el caso de los cines de Lope de Vega, Rialto, Coliseum o Cine Amaya.

Los cines Renoir es uno de los pocos que mantiene viva esa resistencia de un negocio que se encuentra cada vez más cerca de la extinción y cuyos recintos están evolucionando en supermercados. A lo largo de más de 30 años son muchas las personas que han recorrido los pasillos de los cines Renoir, se han sentado en sus butacas y han compartido la magia del cine. Esta cadena de cines en versión original es uno de los pocos bastiones que continúan en pie. El hecho de ofrecer toda la cartelera en versión original y una agenda paralela de contenidos alternativos ayuda a que pueda mirar al futuro con cierto optimismo.

LA SATURACIÓN ABSORBE LA CULTURA

En 2019 arrancaban unas obras en la calle Fuencarral. Concretamente en el número 123, donde se encontraban las salas de cine Roxy A y Roxy B. Inauguradas en 1953 y 1996 respectivamente, era uno de los cines por excelencia de la capital. Ambos locales cerraron en 2013, y tras un cambio de uso realizado por el Ayuntamiento de Madrid a finales de 2015, desde hace dos años sus 400.000 metros cuadrados pertenecen a un supermercado Aldi, en el Roxy A, y a un BM, en el Roxy B. A lo largo de la Glorieta de Quevedo encontramos también un Mercadona, un Carrefour y un Lidl. La concentración de esta clase de negocios no sólo absorbe la vida social y cultural de los barrios en el centro de Madrid, sino también al pequeño comercio.

Los Renoir ofrecen la cartelera en versión original y otros contenidos, algo que les da cierto optimismo

Además de los Roxy, también han desaparecido los cines Lido. Situados en el número 200 de Bravo Murillo, en marzo de 2021 se convertían en un Aldi, después de permanecer años cerrado con una chapa metálica tapando las viejas taquillas y portando carteles de conciertos. En el 48 de Francisco Silvela también se encontraban los cines Victoria. En 1936 abrió como cine Roca y hoy, cómo no, lo ocupa otro supermercado. Los antiguos cines Canciller, que se encontraban en el número 15 de la calle Alcalde López Casero fueron otra víctima de esta conversión a supermercados y también hoy lucen un cartel de Aldi. La página web de este último supermercado recuerda precisamente cómo en los años 60 el espacio era una sala de proyección y también cómo, dos décadas más tarde, se convirtió en una referencia del panorama musical tras habilitar una zona para conciertos.

La puerta del cine Canciller, cuando se convirtió en sala de conciertos.

MÁS ALLÁ DE LOS SUPERMERCADOS

Pasear por Gran Vía era sinónimo de acceder a una gran oferta de cartelera con títulos diseñados en muchos casos de forma artesanal. Algunos han conseguido mantener su espacio de butacas gracias a su reconversión a teatros, como es el caso de los cines Rialto, Lope de Vega, Coliseum o Amaya. El Palacio de la música también se ha convertido en un espacio multiusos. Sin embargo, hay una gran lista de ellos que no han gozado de la misma “suerte”. Es el caso del cine Actualidades, situado en el número 48 de esta arteria principal, que hoy es un edificio de viviendas. El cine Imperial fue uno de los cines con más éxito durante años. En el número 32, fue construido en los años veinte por el arquitecto Teodoro Anasagasti. Las proyecciones se apagaron definitivamente en el año 2002 y actualmente está ocupado por la cadena de ropa Primark. El cine Azul, por su parte, que se encontraba en Gran Vía 76, en la actualidad es un restaurante de comida rápida.

Para terminar con este recorrido por algunos de los cines de Madrid que han dado lugar a otros negocios, debemos mencionar a dos más. Por un lado, el cine Rex, que durante años proyectó gran cantidad de películas en Gran Vía 43. Hoy es propiedad de AXA, y espera conseguir licencias para poder darle salida. Por último, el cine Pompeya, que era una pequeña sala situada en el número 70 de esta calle. Inaugurada en 1949, estuvo funcionando hasta 1998. Ahora es parte de un hotel.


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