lunes, 23 mayo 2022 18:56

Así es el modelo de vivienda que inspira a España

La vivienda no solo ha cambiado en su interior o exterior. También se ha transformado el sistema para acceder a ella. Antes, el porcentaje de personas que tenían una casa en propiedad era menor que el de alquilados. Un modelo que concordaba con el europeo y que se enfocaba sobre todo en la población urbana. Sin embargo, la creación de hogares desde el sector público dio lugar a una drástica mutación del modelo característico de España. 

«Nada como el hogar», se suele decir. Esta palabra hacía alusión en su origen a la hoguera, y ha evolucionado mucho desde mediados de siglo hasta la actualidad. Nada tienen que ver los espacios familiares de antes con los actuales, ya sea en una ciudad como Madrid o en un pueblo de la sierra.

En un distrito de Viena, existe un complejo que responde al nombre de Schmelz, que parece tener la clave para hacer frente a la crisis de la vivienda en Europa. A priori puede dar sensación de zona residencial suburbana para personas acomodadas, pero nada más lejos de la realidad. Se trata de uno de los proyectos de viviendas sociales más antiguos de Viena, denominados “viviendas municipales” cuando pertenecen al ayuntamiento. Una herencia de la etapa de la “Viena Roja”, entre 1919 y 1934, cuando la capital austriaca se puso manos a la obra en la construcción.

Viena ha sido llevada a la palestra en numerosos estudios y suele señalarse como modelo a seguir. Una gran parte del parque inmobiliario está bajo el poder público porque llevan un siglo trabajando en ello. Esto unido a una serie de medidas, mantiene los precios del alquiler a raya. No obstante, no es un modelo perfecto, existen fisuras.

ESPÍRITU DE COMUNIDAD

Una de cada cuatro viviendas en Austria es social. Se trata del segundo país europeo con mayor porcentaje, muy lejos de España (2,5%). Actualmente Viena posee 220.000 viviendas sociales. Esto viene a ser una cuarta parte del parque inmobiliario de la capital. Además, para evitar que se formen focos de pobreza, este tipo de viviendas están repartidas por toda la ciudad, incluso en las zonas más turísticas. Un lugar en el que tu dirección no hace alarde del dinero que tienes en la cuenta del banco, lo que promueve la diversidad social y desarrolla un espíritu de comunidad. En promedio, los alquileres de estas viviendas oscilan entre los 300 y 750 euros, desde estudios hasta apartamentos de 4 habitaciones. 

Si nos atenemos al informe inmobiliario de julio de 2020 de la consultora Deloitte, el precio medio de alquiler en Viena es de 9,9 euros por metro cuadrado frente a los 18,6 de Madrid y los 19,3 de Barcelona. Por lo tanto, nos damos cuenta de que Viena es, sin lugar a dudas, uno de los sitios más asequibles para vivir. 

Además de vivienda municipal, el distrito también concede subsidios a los promotores que construyen viviendas de bajo costo. Esta es otra de las peidras angulares que asienta las bases de esta política de vivienda vienesa. De esta manera, la capital cuenta con 200.000 viviendas subsidiadas. Esto siginifica que casi la mitad del parque inmobiliario está compuesto por viviendas sociales y que el 60% de los vieneses vive en un apartamento con límite máximo de alquiler, según cifras de equaltimes.  

Un modelo que podría inspirar y servir de ejemplo a otras ciudades. Viena siempre ha conservado la propiedad de sus viviendas, manteniendo así los precios moderados. Esta es una de las razones por las que para la Economist Intelligence Unit la capital austríaca ostenta el título de la ciudad más agradable del mundo para vivir

Este modelo no es inmune a los problemas globales al que se enfrentan el resto de ciudades

Viena siempre aparece en el foco cuando se habla del paraíso ideal de la vivienda. No obstante, como en todo, no es un plan milagroso y sin fisuras. No está inmunizada de los problemas globales que enfrentan el resto de ciudades, y no es idílica para todo el mundo.

Por ejemplo, la vivienda social no solo está destinada para los pobres, también lo está para la clase trabajadora y parte de la clase media. En resumen, no es totalmente inclusivo. Es verdad que la relevancia que se le otorga al sistema de vivienda social ayuda a asegurar el estatus socioeconómico de gran parte de la población, especialmente la de bajos ingresos. Es una protección contra la pobreza, pero las personas muy pobres corren el riesgo de permanecer en la exclusión. Además, los vieneses también han notado la subida del precio del alquiler que se ve en muchos países europeos. Entre 2008 y 2016 aumentaron en más del 40% en el sector privado. 

A esto se suman los desahucios. Muchas personas no pueden pagar el alquiler y a pesar del sistema institucionalizado de alerta temprana para buscar soluciones, son expulsados de forma invisible. En definitiva, el modelo vienés resulta inspirador, y es un primer paso. Sin embargo, hay una moratoria. Y muchos problemas no los soluciona, los pospone.


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