viernes, 27 mayo 2022 20:05

Las medias verdades de la movilidad eléctrica

La movilidad eléctrica está cambiando la forma de entender el mundo en esta década. Los gobiernos se han puesto de acuerdo en que la electrificación de la movilidad tiene que ser uno de los ejes principales de su lucha contra el cambio climático y les entran las prisas después de décadas haciendo oídos sordos a los informes de los científicos sobre el calentamiento global. Y las prisas no son buenas consejeras. Ahora no hay vuelta atrás. Todos los actores implicados se han puesto manos a la obra, y a los ciudadanos se nos quiere vender esta revolución como la cuadratura del círculo, utilizando medias verdades para que parezca todo mucho fácil y atractivo de lo que realmente es.

Seguramente un porcentaje elevadísimo de ciudadanos está de acuerdo en cuidar del planeta para mitigar en lo posible el cambio climático. Seguramente una mayoría también coincide en que hay que evitar al máximo las emisiones de efecto invernadero a la atmósfera. Y a todos nos encantaría contribuir al máximo en este bonito proyecto global. Sin embargo, en muchos casos, sus economías domésticas les obligan a luchar cada día por su propia supervivencia y no les permiten desarrollar la acción climática que les gustaría.

No se puede negar. En la actualidad la movilidad eléctrica es bastante más cara e incómoda que la movilidad por combustión, y no está al alcance de todos, más bien está al alcance de unos pocos. Gobiernos y fabricantes evitan decir toda la verdad para seguir disfrazando este drástico cambio en transición suave y así tapar los puntos negros que conlleva.

CONTAMINACIÓN DE LOS COCHES ELÉCTRICOS

Para vender coches eléctricos la mejor baza es decir que contaminan mucho menos que los coches con motor de combustión. Como eso no es suficiente, se ha ideado una serie de restricciones que hacen imposible circular a los vehículos más contaminantes por el centro de las principales ciudades. Estas limitaciones irán aumentando cada año a vehículos menos contaminantes pero de combustión, hasta que solo puedan circular dentro de unos años, los vehículos eléctricos.

Pero siendo verdad que en su día a día, y una vez en circulación, los vehículos eléctricos contaminan menos que los de combustión, un informe de la Comisión de Transportes del Colegio de Ingenieros Industriales de Valladolid y que verá la luz en el mes de febrero sobre el vehículo eléctrico, pone en duda que en su ciclo de vida completo estos automóviles resulten menos contaminantes.

Según las palabras de José Ramón Perán, presidente de dicha comisión y también profesor emérito de la Universidad de Valladolid, recogidas en una nota de prensa, dicho informe demostraría que «el vehículo eléctrico es tan contaminante como el diésel actual. Contamina igual o más en lo que se refiere al impacto de las emisiones de gases de efecto invernadero si se tiene en cuenta el ciclo de vida del vehículo», es decir, desde que se extrae en las minas el mineral necesario para las baterías por ejemplo.

CONTAMINACIÓN Y CONSUMO DE LOS VEHÍCULOS HÍBRIDOS

También con medias verdades se está potenciando la venta de vehículos híbridos enchufables. Sin ir más lejos, en España la venta de este tipo de vehículos ha experimentado un aumento del 85,38% en 2021. Resulta que a estos automóviles se le ha otorgado la etiqueta Cero, por lo que pueden circular sin restricciones por cualquier calle de las ciudades, pero según un informe de Impact Living para el cantón suizo de Valais, los pretendidos beneficios medioambientales de este tipo de coches no lo son tanto, hasta el punto de calificarlos como «una estafa».

«Desafortunadamente, los resultados cuantitativos (mediciones del consumo real de combustible) muestran que los PHEV están muy lejos de lo que prometen y solo presentan ventajas muy pequeñas, o ninguna, en comparación con un automóvil convencional», afirma el informe.

Los fabricantes realizan sus homologaciones en las condiciones óptimas, que son con las que pasan los test y las que tienen en cuenta los gobiernos después para concluir cuanto contaminan y las ayudas que reciben.

Pero ni esos datos de homologación son exactos porque, curiosamente siempre suelen ser más contaminantes de lo que se dice, ni ningún usuario es capaz de conducir habitualmente en las condiciones óptimas de consumo.

La directora de T&E (Transport & Environment), Julia Poliscanova, denuncia que:«los híbridos enchufables son coches eléctricos falsos, fabricados para pruebas de laboratorio y exenciones de impuestos, no para la conducción real. Los gobiernos deberían dejar de subsidiar esta tecnología con miles de millones del dinero de los contribuyentes».

En cantón suizo de Valais ha decidido quitarles las ayudas económicas y, pronto esta iniciativa, podría extenderse a otros lugares.

PRECIOS ELEVADOS

¿Y qué decir de los precios? Esta es una de las grandes cuestiones que paraliza en España la expansión del vehículo eléctrico. A pesar de las ayudas públicas, el precio de este tipo de modelo es muy superior a su homólogo de combustión y la economía de los españoles no está precisamente para tirar cohetes.

Pero aquí entran de lleno los estudios que valoran el ciclo de vida completo del coche, para cuantificar el gasto a lo largo de un número determinado de años, con lo que se compensaría la gran diferencia de precio a la hora de comprar uno u otro.

Como suele ocurrir, para conseguir esa compensación y equiparación de gasto, se tienen que cumplir una serie de condiciones que no son las habituales en la mayoría de conductores. Hablamos de realizar como mínimo 30.000 kilómetros al año, cuidar al máximo la batería para evitar pérdidas de autonomía, etc.

Para hacernos una idea, el precio medio de un vehículo eléctrico nuevo vendido en España durante 2021 ha sido de 41.571 euros. ¿Cuántos españoles pueden permitirse gastar ese dinero para cambiar de coche? De esta forma, es normal que se haya estancado la venta de coches nuevos, y que el mercado de segunda mano esté crecimiento. Tecnología todavía inmadura, elevados precios y bajos salarios o demasiado paro, son un coctel difícil de superar por el momento. Las ventas de vehículos eléctricos en España representan menos del 3% del total de vehículos que se venden.

AUTONOMÍA EN DUDA

En la actualidad el vehículo eléctrico tiene una autonomía limitada, que le impide luchar de tú a tú con sus homólogos de combustión. La libertad de movimientos se restringe cuando no se tiene la certeza de que la batería del coche te aguantará todo un viaje y cuando el mapa de puntos de recarga es todavía limitado.

Los fabricantes se afanan por conseguir aumentar la autonomía de sus modelos, y cada kilómetro que se gana es una victoria. Pero claro aquí volvemos a las medias verdades. La autonomía de los eléctricos varía en función del modo de conducir de cada usuario, del cuidado que se tenga con la batería, de las condiciones en que se realiza el viaje, etc.

¿Qué pasa si en mitad de un viaje te quedas sin gasolina? Pues, aparte de que te pueden multar, puedes acudir a una gasolinera comprar una garrafa de combustible y volver a tu coche para rellenar el depósito lo suficiente como para poder llegar a una gasolinera y llenar el depósito en cinco minutos.

¿Qué pasa si en mitad de un viaje se descarga la batería de tu coche eléctrico? Pues que también te pueden multar, y que tendrás que llamar a la grúa para que se lleven tu coche a un punto de recarga, donde tendrás que estar una hora esperando a que se recargue del todo y que habrás echado tu viaje a perder.

RESTO DE LA MOVILIDAD ELÉCTRICA

Poco se habla, más que en foros específicos, del resto de la movilidad eléctrica, es decir, de la aviación o de la navegación por ejemplo. La contaminación que producen los aviones o los cruceros es la más elevada del sector de transporte en particular, y también en término generales en relación a otros sectores. Pero por hasta ahora no se ve cercano el horizonte de aviones de largo recorrido o cruceros de miles de plazas movidos a partir de biocombustibles, en segmentos donde la electrificación no llega.

La navegación y la aviación son causantes de un gran porcentaje de las emisiones de efecto invernadero a la atmósfera, pero aquí hemos topado con intereses mucho mayores que los de los usuarios del automóvil, y por eso, las prisas se reducen y los plazos se alargan.


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