miércoles, 10 agosto 2022 8:01

Volkswagen muestra por qué Musk ahogó los sindicatos en Tesla

La industria automotriz se enfrenta a un futuro difícil. La electrificación del parque de automóviles del mundo rico, más tarde le seguirá el resto, va a dejar unos pocos ganadores y muchos perdedores. Y no solo caerán en desgracia aquellas firmas que no sean capaces de adaptarse, sino también cientos de miles de trabajadores que perderán sus empleos en el sector. Un cataclismo que ya empieza a asomar ligeramente, y ante el que tener sindicatos débiles parece una gran ventaja. Aunque no tenerlos, e incluso aplacarlos como hace Tesla, es todavía más rentable.

A groso modo, los trabajadores del sector del automóvil están acorralados por dos frentes. El primero es el tecnológico. Así, la automatización de las fábricas junto al uso de robots mecánicos que sustituyen la mano de obra humana avanzan de forma rápida. Pese a que parece el cuento de ‘Pedro y el Lobo’ en el que la amenaza siempre parece que viene, pero nunca llega. La realidad es que el depredador poco a poco se está comiendo al rebaño. De hecho, antes de la pandemia España era capaz de producir los mismos coches que hace una década, pero con un 25% menos de personal.

El segundo factor reside en que la fabricación y el ensamblaje de los coches eléctricos necesitan menos mano de obra. La clave es que el montaje de este tipo de vehículos requiere menos tiempo de montaje, un elemento que Tesla ha sabido aprovechar. Entre otras cosas, porque las piezas que necesita son escasas, por ejemplo no usa caja de cambios y el motor es más sencillo. Esta característica puede extenderse más allá. De hecho, los empleos indirectos en la industria, como el caso de los talleres, está en el aire, dado que los coches eléctricos apenas necesitan mantenimiento mecánico.

LOS DUROS RECORTES QUE LLEGAN AL SECTOR DEL AUTOMÓVIL

Puede parecer que este segundo factor ya se está dejando notar en la industria. Al fin y al cabo, en los últimos años se están ejecutando muchos despidos. Uno de los mejores ejemplos es el de Renault con cerca de 15.000 trabajadores en todo el grupo. Pero, por el momento, poco tiene que ver. De hecho, la gran mayoría de salidas en los últimos dos años están relacionadas más con la sobrecapacidad que con los factores anteriores. De hecho, la mayoría de las firmas involucradas estaban en problema económicos.

Aunque tampoco es fácil hacer una distinción exacta. Al final, la línea que separa los despidos en función de la automatización, la electrificación o el exceso de capacidad es difusa. Quizás, un elemento clave para atisbar la diferencia, algo clave, ya que si ahora se ha recortado por sobrecapacidad es ineludible que después venga otra oleada aún mayor. Ese es, probablemente, el elemento que nos induce a pensar que el expediente de empleo tiene que ver con la adaptación al entorno eléctrico: que el plan de salidas es mucho más grande.

El mejor ejemplo es el de Volkswagen. También lo es del conflicto que supondrá próximamente. El grupo lanzó hace más de medio año un ambicioso plan de electrificación con una inversión planeada superior a los 70.000 millones de euros, para los próximos años. Herbert Diess, su director ejecutivo, se puso a la cabeza del mismo con la intención de atrapar a Tesla entre 2025 y 2030. Pero el directivo alemán sabía que no solo hacía falta inversión, para transformar las fábricas o crear la tecnología, sino que era indispensable un recorte de plantilla. La cifra que se ha filtrado es de 30.000 empleados.

EL CASO DE VOLKSWAGEN O EL ENORME PODER DE LOS TRABAJADORES

Una filtración, se dice que se hizo a través de un correo electrónico que llegó al comité de empresa, que ha hecho estallar a los sindicatos. Pero a niveles mayúsculos, nada que ver con declaraciones de “enfado” o “malestar” que se leen cada día en España, sino hasta el punto de que han hecho tambalear la posición del propio Diess. Entre otras cosas, porque los trabajadores en Volkswagen tienen una enorme influencia. De hecho, su anterior líder, Bernd Osterloh, tenía tanto poder que llegó a intentar derrocar al propio director ejecutivo.

El enfrentamiento entre ambos se resolvió a principios de 2021. Diess fue ratificado en el cargo y fue el encargado de liderar el nuevo plan de electrificación de Volkswagen, que se presentó en marzo. Al mes siguiente, Osterloh abandonó su cargo. La guerra parecía acabada, pero la filtración de las 30.000 salidas ha vuelto a acorralar al director ejecutivo. Ahora, los representantes de los trabajadores, que ostentan hasta la mitad de los puestos en el Consejo de Supervisión, están estudiando relevar de su cargo al mandamás de la compañía.

No están solos. Los representantes de los trabajadores también cuentan con la lealtad de los dos representantes de la junta de Baja Sajonia, el estado de Alemania occidental que posee una quinta parte de Volkswagen. Un porcentaje (y unos privilegios) que se remontan a La ley Volkswagen de 1960 que limita los derechos de voto de cualquier accionista al 20%. Además, otorga a Baja Sajonia un veto de facto sobre cualquier decisión importante. El final se conocerá próximamente. Pero por el momento, un comité de mediación de cuatro miembros está discutiendo el futuro de Diess a pesar de que su contrato se extendió hasta 2025 solo en julio.

MUSK CONTRA LOS SINDICATOS  Y TESLA AVANZA SIN OPOSICIÓN

La situación contrasta no solo con la vía libre que tiene su gran competidor, Tesla, sino con el hecho de que su director ejecutivo, Elon Musk, directamente utilizase las redes sociales para advertir a sus trabajadores contra la sindicalización. Una postura que se remonta a 2017, cuando un empleado publicó en un medio estadounidense un escrito de un trabajador de la compañía alegando que “la mayoría de mis compañeros trabajamos más de 40 horas a la semana, incluidas las horas extra obligatorias”. Y, además, se quejaba de un salario medio mucho más bajo que la media.

Por último, también advirtió sobre ciertas inseguridades laborales en las fábricas de Tesla e hizo un llamamiento a los trabajadores para unirse. Musk rápidamente reaccionó señalando que “unirse a un sindicato solo tiene desventajas. No creo que vaya a ocurrir”. Y, evidentemente, no ocurrió. Para ello, la compañía hostigo, persiguió y expulsó a aquellos empleados tanto que promovían los sindicatos como los que mostraban públicamente su interés. Finalmente, ahora no queda ni rastro de aquel movimiento en las fábricas estadounidenses.

Aunque su expansión por el mundo, pronto abrirá una nueva gigafactoria en la propia Alemania, podría de nuevo alimentar esa idea. Aunque parece realmente difícil. Al fin y al cabo, si ya lo es para reguladores o grandes accionistas obligarle a actuar como un dirigente serio en cosas transcendentales para la compañía. La última fue la encuesta de Twitter con el objetivo de vender 10.000 millones de dólares en títulos de la compañía. Ni que decir tiene que poco o más bien nada podrán hacer sus trabajadores, por no hablar de poner en peligro su sillón como han conseguido los de Volkswagen con Diess.


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