domingo, 16 enero 2022 23:17

Cuba: ¿Escarmentaremos los españoles en cabeza ajena?

Cuando Fidel Castro llego al poder en 1959, Cuba era un 80% más rica que el resto de países latinoamericanos y ocupaba la posición 29 entre las mayores economías del mundo. Y justo un año antes, en 1958, tenía el tercer salario más alto de latinoamérica y el octavo a nivel mundial.

Gracias a un artículo de Roberto Álvarez Quiñones, periodista y economista cubano afincado en Los Ángeles, sabemos que el salario de un obrero cubano industrial en 1958 era de 130 dólares mensuales ya que, recordemos, el peso cubano estaba a la par con el dólar.

Sabemos que un dólar de 1958 equivalía a 8,68 dólares de 2018 y que, por tanto, en 1958 un obrero industrial en Cuba ganaba 1.128 dólares mensuales de 2018 mientras que el sueldo medio de sus nietos en 2018 fue de 28 dolares mensuales, 40 veces menos.

En 1958 había una producción de azúcar equivalente a 859 toneladas por cada 1.000 personas, 60 años después la isla produjó 106 toneladas por cada 1.000 personas , 8 veces menos.

Si un extraterrestre viese estos datos se preguntaría ¿que ha ocurrido en esas seis décadas para que un país pase de la prosperidad a la ruina más absoluta? Lo que ha pasado se resume con una sola palabra, socialcomunismo.

El artículo 18 de la Constitución cubana establece “un sistema de economía socialista basado en la propiedad de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción (…) y la dirección planificada de la economía, que (…) regula y controla el mercado en función de los intereses de la sociedad “.

Traducción, el régimen cubano establece cuáles son las necesidades de la sociedad y decide qué, cómo y cuánto se produce de un producto, bien o servicio y por quién. Y como dice el refranero español, “el que parte y reparte se lleva la mejor parte“ ya que no es casualidad que, ahora, los nietos de Fidel Castro muestren en sus redes sociales una vida de lujo gracias a la fortuna de su abuelo.

La historia nos ha demostrado que una economía planificada acaba provocando escasez de bienes o materias primas de las que los países afectados tenían abudantes reservas naturales (azucar en Cuba o petorleo en Venezuela), genera miseria e incentiva el mercado negro y la corrupción.

Pero, además, es el símbolo de un poder autoritario y totalitario que no solo decide qué se debe producir en el país sino lo qué se debe pensar y cómo se debe vivir y  que aparta, encarcela o mata a los discrepantes a los disidentes.

Tras la pandemia, la ruina y la escasez en Cuba han llegado a límites insospechados y la deseparación de los cubanos es tal que están dispuestos a morir a cambio de libertad. Ya no tienen nada que perder ni el régimen nada que ofrecerles.

En España, el gobierno socialcomunista de Sánchez y Podemos, ha redactado una ley para que sean las diferentes admnistraciones públicas quiénes fijen los alquileres al margen del mercado; a través de un norma para luchar contra una supuesta desinformación ha decidido que podrá examinar el pluralismo de los medios y decidir qué es verdad o no; y a través de la nueva ley de seguridad se atribuye la potestad de requisar bienes e incluso efectivo de los españoles in ningún control.

Y mientras hacen todo esto, se niegan a calificar a Cuba como la dictadura que es. Unos hechos y unos que deben invitarnos a la reflexión y a defender de manera activa la democracia y la libertad en Cuba ….y en España. No la demos por supuesta.

(*) Antonio González Terol, vicesecretario general del PP


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