lunes, 29 noviembre 2021 3:13

Así es la segunda vida del CO2, de residuo a materia prima

Señalado como el rival a batir en la lucha contra el calentamiento global, el dióxido de carbono (CO2) también puede ser un socio activo en la acción climática. El mismo gas de efecto invernadero que se emite a la atmósfera se puede capturar y reutilizar en favor del planeta, gracias a la tecnología.

Aunque no es un hecho popularmente conocido, el CO2 tiene muchas aplicaciones cotidianas. Lo podemos encontrar como ingrediente de refrigerantes o biocombustibles, componente para producir bebidas carbonatadas, fabricar materiales de construcción, como agente extintor de incendios o incluso destinado al crecimiento celular de plantas y algas.

“Reciclar” el gas y utilizarlo en estas aplicaciones es posible gracias al desarrollo de tecnologías que permiten “capturar” el CO2 y reintroducirlo en la cadena de producción como materia prima, completando el círculo que contribuye a la transición ecológica.

Según el informe especial del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, las emisiones de dióxido de carbono generadas por la actividad humana superan las 40 gigatoneladas (Gt) al año. De ellas, la mitad va a parar a la atmósfera y el resto se absorbe en procesos naturales, entre los que destacan los llamados “sumideros de carbono” terrestres y marinos o, en otras palabras, bosques y océanos.

«La captura, almacenamiento y uso de CO2 contribuye a descarbonizar la industria sin dañar su competitividad»

En este contexto, y teniendo en cuenta que satisfacer la demanda actual de energía reduciendo las emisiones de CO2 es el gran reto de la transición hacia un nuevo modelo energético, las tecnologías CCUS (carbón capture, use and storage, por sus siglas en inglés) están ganando terreno como agentes para acelerar la descarbonización.

¿CÓMO FUNCIONAN LAS TECNOLOGÍAS CCUS?

Las CCUS son un conjunto de técnicas que buscan neutralizar la emisión a la atmósfera del CO2 que se genera en procesos industriales. En primer lugar, separando y capturando el CO2 de una corriente de gases y, después, purificando y comprimiendo este gas hasta estado líquido para su transporte, con dos fines: dedicarlo a un uso posterior o almacenarlo de forma segura.

La principal ventaja de las CCUS es que son capaces de reducir sustancialmente las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de procesos intensivos en emisiones de CO2, especialmente en sectores como el eléctrico y el industrial.

Su relevancia es tal, que expertos y organismos internacionales ya se han pronunciado sobre la importancia de implementar estas tecnologías. De hecho, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas considera que su desarrollo será fundamental para lograr la neutralidad climática en 2050. Un horizonte al que también miran de cerca los principales actores de la industria.

FOTO: REPSOL

«Las tecnologías CCUS van a ser importantes para el sector energético, pero también para sectores industriales que tienen procesos de muy alta temperatura, como los del acero o el cemento. En estos sectores, el CO2 va a ser muy difícil de abatir con las tecnologías de que disponemos hoy, así que se van a necesitar sí o sí estas tecnologías para lograr ser cero emisiones netas», explica Antonio López, Gerente Senior de Transición Energética y Cambio Climático de Repsol.

REVALORIZAR UN RESIDUO

La carrera por el “reciclaje” de CO2 no ha hecho más que empezar pero ya ha establecido unas metas muy claras. En su informe ‘CCUS in clean energy transitions’, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima que, para poder cumplir el objetivo del Acuerdo de París (limitar el calentamiento global por debajo de 2°C respecto a los niveles preindustriales), en el año 2050 se tendrán que capturar y almacenar de forma segura más de dos gigatoneladas (Gt) de CO2 al año en el sector industrial, es decir, multiplicar por 100 la capacidad global de captura y almacenamiento actual.

En Europa ya se está trabajando para conseguirlo. De esta forma, se han puesto en marcha tres proyectos que pretenden almacenar grandes cantidades de CO2 al año y demostrar cómo se puede generar energía y fabricar productos a partir de este gas.

Se trata de NZT (Net Zero Teeside), en Reino Unido, que plantea capturar hasta 10 millones de toneladas de emisiones de CO2 de un hub industrial; Porthos en Países Bajos, que se centra en la captura y almacenamiento de CO2 en el fondo del Mar del Norte y prevé guardar alrededor de 2,5 Mt de CO2 por año y Northern Lights, en Noruega, una infraestructura para transportar CO2 de origen industrial hasta su almacenamiento seguro también en el lecho marino del Mar del Norte.

Las tecnologías CCUS se suman así a la lista de soluciones frente al cambio climático

«El despliegue de proyectos de captura, almacenamiento y uso de carbono en la UE puede ser una contribución importante para descarbonizar el sector industrial europeo sin dañar la competitividad de nuestra industria, que está sometida a unas exigencias medioambientales mucho mayores que en otras regiones del mundo», señala López.

Otras iniciativas permiten que las CCUS impacten en más sectores, como el de la movilidad. Repsol, por ejemplo, está construyendo una de las mayores plantas del mundo para fabricar combustibles sintéticos usando el CO2 como materia prima, en su refinería de Bilbao. Con este proyecto, la compañía persigue transformar sus instalaciones en un gran centro de fabricación de biocombustible para el transporte elaborado a partir de CO2 capturado e hidrógeno renovable. La producción será, además, libre de emisiones ya que la electricidad utilizada provendrá de fuentes de generación renovables.

Las tecnologías CCUS se suman así a la lista de soluciones frente al cambio climático. Y todo, mientras aportan nuevas oportunidades para la economía circular y contribuyen a descarbonizar sectores tan importantes como el del transporte, la energía eléctrica o la industria.


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