domingo, 19 septiembre 2021 14:24

El desprecio a la nuclear, una ‘fiesta’ que pagan los consumidores

La deriva ideológica del Gobierno en materia de energía es una de las grandes responsables de los desorbitados precios a los que estamos pagando la electricidad en este 2021. El ultraecologismo de Sánchez y su Ejecutivo tiene un impacto directo en los bolsillos de los españoles. Los consumidores de energía, es decir, todos en mayor o menos medida pagamos la ‘fiesta’ de la apresurada transición ecológica. El recibo de la luz es ya una no de los principales gastos y la mayor preocupación de economías domésticas y empresariales.

La moderación -esa gran virtud, por un lado, y un profundo conocimiento de los temas cruciales para un país son exigibles a cualquier político en el Gobierno. Pero los precios de la electricidad de las últimas semanas, desmienten la teoría. Parece que el Ejecutivo carecen de ambas. Nuestro sistema de generación eléctrica renovable no cubre toda la demanda en muchos momentos del día, por lo que necesitamos acudir a la generación por ciclos combinados.

Estos ciclos combinados utilizan gas fósil (llamado gas natural) en centrales de generación de energía eléctrica en las que se transforma la energía térmica del gas en electricidad mediante dos ciclos consecutivos: el que corresponde a una turbina de gas convencional y el de una turbina de vapor.

El precio del gas se ha disparado un 500% y el precio de los derechos de emisión de CO2 también han subido como la espuma este año. España no tiene gas, por lo que depende de las importaciones, sobre todo de Argelia y Rusia. El problema es que nunca antes había existido una competencia tan feroz entre Europa y Asia para atraer las cargas de gas natural licuado (GNL) mundial. China y Japón están consumiendo gas a unos niveles nunca antes conocidos y eso hace que, ante la mayor demanda, los precios se disparen.

La firmeza y estabilidad de la generación nuclear contribuye a un proceso hacia la neutralidad en carbono menos costoso y lento

En este contexto, España muchas veces tiene que comprar electricidad a Francia, que nos vende la que genera con sus centrales nucleares, y eso no le parece mal a nuestros gobernantes, que después crujen a impuestos a las nucleares españolas, y que no han dudado en unirse al grupo de Alemania, Austria, Dinamarca, y Luxemburgo, para evitar que la energía nuclear reciba apoyos fiscales como si fuera una renovable más, algo que defienden entre otros Francia.

El pasado mes de abril, España aprobó su Ley de Cambio Climático y Transición Energética, con el objetivo de que las renovables alcancen el 74% de la generación eléctrica. Un cálculo que se ha hecho sin incluir la energía nuclear.

«El anteproyecto de Ley, las tasas, impuestos y tributos actuales y el contexto futuro del mercado incrementan la asfixia financiera del parque nuclear y lo abocan a su cese de actividad», ha denunciado recientemente el foro nuclear.

LA NUCLEAR, ÚNICA ALTERNATIVA A CORTO PLAZO

Con este panorama, no resulta complicado llegar a la conclusión de que, para evitar pagar gas a precios abusivos, en España no nos queda otra que aprovechar al máximo otros recursos con los que contamos que, a día de hoy, son las energías renovables, la hidráulica y la energía nuclear. Esta última es la única que puede garantizar el suministro eléctrico las 24 horas todos los días del año. Se trata de una fuente estable que opera en base, no dependiente de factores meteorológicos externos, ayudando así a la gestión y a la estabilidad del sistema eléctrico.

Pero este Gobierno se obceca en ser el más, ser el más ecológico del planeta, aunque para ello tenga que pagar el gas a precio de oro, al fin y al cabo, no los acabamos pagando los consumidores. Para el Ejecutivo las centrales nucleares no entran dentro de su plan contra la descarbonización, en contra de las recomendaciones de la ONU.

Mientras en España la elevada presión fiscal, unida a la incertidumbre sobre la evolución futura de los precios del mercado eléctrico, ponen en riesgo la viabilidad económica de las centrales, otros países están desarrollando medidas para poner en valor la firmeza y estabilidad de la generación nuclear, acompañando así al desarrollo de las energías renovables, ya que sin dicha contribución, conseguir la neutralidad en carbono resultaría mucho más costoso y lento.

Así lo han entendido muchos países, como Francia, Estados Unidos o Reino Unido, que están aplicando prácticas regulatorias que comprenden medidas como pagos por capacidad, PPAs, tarifas industriales, etc. El LCOE de la nuclear en Países Bajos es de 35 €/MWh y el de República Checa es de 30 €/MWh (para un WACC del 0%).

En España, los costes actuales de la generación nuclear se estiman en torno a 57 €/MWh, según el Foro Nuclear. La principal diferencia entre estos dos niveles de coste radica en la muy superior carga impositiva que soportan las centrales nucleares en España, y que supone alrededor de 23 €/MWh.

Pero la ruta ideológica del Gobierno, (que al contrario que Francia, no entiende la nuclear como energía verde), no contempla dar marcha atrás y recapacitar, por el bien del bolsillo de los españoles, haciendo más viable la generación de electricidad en las cinco centrales nucleares operativas de las que dispone el país.

Porque en la actualidad, esas centrales no salen rentables. Sin embargo, en Francia con sus centrales nucleares abastecen el 78% de la energía que necesitan para hacer funcionar las fábricas y por ello la contaminación en el país vecino es mucho menor que aquí.

EL CO2 MATA MÁS QUE LOS ACCIDENTES NUCLEARES

«Los muertos por accidentes por la energía nuclear son muy pocos en comparación con los siete millones de personas que según la OMS mueren anualmente por contaminación atmosférica», asegura el ambientalista Michael Shellenberger antes de la pandemia. En este sentido, la nuclear se convierte en una alternativa más segura que los combustibles fósiles o las renovables, que no sustituyen en su totalidad a los hidrocarburos.

En cuanto a la contaminación se refiere, Shellenberger sostiene que los materiales utilizados para crear los paneles solares generan de 200 a 300 veces más desechos tóxicos por unidad de energía que las centrales de uranio.

Entonces ¿por qué son tan denostadas por algunos gobiernos, incluido el español, y por la opinión pública? Pues porque accidentes como los de Chernobyl o Fukusima han creado una fobia colectiva hacia las centrales nucleares, por sus efectos devastadores. Y porque los residuos que se generan tardan miles de años en desaparecer, con lo que se necesitan los denominados cementerios nucleares, que tampoco nadie quiere tener cerca.

No existe ningún almacén de residuos de alta actividad en España, por lo que durante la actividad normal de las centrales nucleares este tipo de residuos se almacenan temporalmente en piscinas situadas en sus propias instalaciones, debiendo ser trasladados a almacenes de otros países cuando las centrales son desmanteladas.

Concretamente España llegó a acuerdos para alquilar almacenamiento de residuos con Reino Unido que deberían haber vuelto a España a finales de 2010; y en Francia, que deberían haberlo hecho en 2011. ​Al no poder asumir España el retorno de estos residuos por no disponer de un lugar apropiado, se aplican penalizaciones de hasta 75.000 € diarios, que serán devueltas una vez los residuos sean retornados a España.

LA ONU LO TIENE CLARO CON LA NUCLEAR

Se puede estar a favor o en contra de la energía nuclear pero con argumentos realistas y, en el caso de los gobernantes además, siempre pensando en el bienestar general. En el contexto actual, aunque podría no ser lo más deseable, la energía nuclear es necesaria, y lo va a seguir siendo durante varios años.

Los objetivos globales para frenar del calentamiento global no podrán alcanzarse si se excluye el uso de la energía nuclear, advierte un estudio de Naciones Unidas publicado tras conocerse las alarmantes conclusiones del informe Climate Change 2021 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

«La idea principal de nuestro informe es que no vamos a estar cerca de los 2ºC de temperatura global con respecto a los niveles preindustriales marcados como límite en el Acuerdo de París si no incluimos la energía nuclear», destaca el director de la División de Energías Sostenibles de dicha Comisión, Scott Foster.


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