lunes, 6 febrero 2023 11:21

Compañía Eléctrica Española: la falacia de una empresa pública de la energía

La locura que vive este verano el mercado eléctrico ha traído de vuelta la fantasiosa idea de crear una empresa pública energética. Fagocitada por Unidas Podemos, y palmeada por quienes no conocen los entresijos del sector, se trata de una realidad inviable que resulta recurrente cada vez que hay problemas de precios. Y ahora los hay. El precio mayorista de la electricidad está en máximos históricos, y las medidas populistas avanzan con fuerza.

Además, si dichas ideas no avanzan, se las retuerce. Este jueves la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, ha concedido una entrevista a la Cadena Ser donde ha explicado que, llegado el momento, se podrían explorar opciones públicas para la gestión del sistema hidroeléctrico. Solo eso. Pero hay quienes han querido tirar la pelota a su tejado y proclaman que, por fin, alguien del Gobierno respalda la idea de crear una empresa pública energética. Algo del estilo Compañía Eléctrica Española. Y lo planteado por la responsable del Miteco no es eso.

A buen seguro que la ministra habrá resoplado al ver cómo han retorcido sus palabras. Básicamente porque Ribera sabe que la creación de una empresa pública al estilo de las tradicionales -con todos sus servicios- es inviable, mire por donde se mire. Ya es bastante que el gestor de la red eléctrica, precisamente con ese nombre, tenga una importante participación pública a través de la Sepi (20%); o incluso lo que ha propuesto la ministra con la tecnología hidráulica. Pero el siguiente paso que proponen los socios del Gobierno del PSOE es ir más allá de la propia realidad, su discurso va hacia ese concepto de eléctrica tradicional. Lo difunden, pero no lo concretan, porque en el fondo saben que no se puede ejecutar.

En primer lugar porque sus tuits-propuestas no aclaran cómo se formaría esa Compañía Eléctrica Española. ¿Surgiría de cero o habría que nacionalizar alguna de las tres grandes eléctricas? Si la idea es crear una eléctrica desde cero, el gasto es tan inmenso que suena hasta ridículo.

La fantasía de crear una empresa pública retrata a quienes sostienen la idea

Además, para entender cómo funciona el sector eléctrico, hay que aclarar que se trata de cuatro fases de negocio. Producción, donde se encuentran grandes empresas y productores renovables generando luz; transporte, al cargo de Red Eléctrica; distribución, quienes llevan a las casas la luz; y distribuidoras, las que finalmente hacen las ofertas comerciales a los usuarios.

Así, habría que saber si la empresa pública que quieren crear estaría en toda la cadena de valor, o sería una simple comercializadora. Algo que no valdría para nada puesto que tendría que comprar la electricidad en el mercado mayorista, y ahí es donde están los precios altos. De hecho, compañías como Endesa tensionan mucho su caja con los precios altos, puesto que son compradores netos de energía, dado que no producen la misma cantidad.

UNA NACIONALIZACIÓN COSTOSA

Si finalmente se decide que es mucho lío crear un gigante energético, sobre todo por el coste inasumible para el Estado, la otra vía sería la expropiación, nacionalización o cualquier fórmula no apta para el siglo XXI. Sería por justiprecio, puesto que se entiende que cualquiera de los agraciados, Endesa, Iberdrola o Naturgy, con capitalizaciones correspondientes de 22.000 M€, 64.500 M€ y 21.100 M€, respectivamente, no dejaría a sus accionistas sin el pertinente reembolso. Eso por no mencionar el pequeño jaleo legal que supondría expropiar a gigantes internacionales de este tamaño.

Además, el dinero volvería a ser otro problema. Primero por lo que supondría ese justiprecio para la expropiación (que llegaría de las arcas públicas), y después por la inversión necesaria para mantener estos gigantes. Incluso, aunque vendieran las divisiones de otros países, caso de Iberdrola o Naturgy, mantener solo el mercado español supone unos costes inasumibles para la caja pública. Y en cuanto a Endesa, en manos italianas, el conflicto sería de calado internacional.

Eso por no mencionar el capex continuado para el desarrollo de renovables y, lo más importante en los próximos 10 años, la inversión en almacenamiento e hidrógeno. Verdaderas claves para afrontar los retos de la transición energética.

MÁS COSTES… ¿Y RESULTADO?

Incluso salvando todos esos escollos, resta por ver cómo solucionar el problema de los precios para los clientes finales. Porque, ¿se está hablando de crear una empresa pública?, ¿o que no haya competencia en el sector? Si es lo primero, lógicamente Bruselas no lo permitiría, por mucho que se bajaran los precios, sería ilegal privar al mercado de la competencia en un mercado libre.

Y en caso de haber competencia, dicha empresa tendría como mucho un tercio del mercado, ¿qué pasaría con el resto de los ciudadanos? ¿Solo habría bajos precios (por arte de magia) en la Compañía Eléctrica Española? Para eso ya está el bono eléctrico, elemento que, precisamente, debería ser el foco de atención en estos momentos. Cómo potenciarlo y tratar el problema en el final del ciclo. Porque donde no se puede meter mano de manera directa es en el inicio. Y aquí volvemos al cogollo del problema: la producción eléctrica.

Desde ciertos ámbitos políticos están obsesionados con los precios, pero el coctel de problemas que ha llevado a la luz a máximos históricos es muy amplio. Los precios del gas natural (que sirve para las centrales de ciclo combinado que elevan el precio del mix), los derechos de emisión de CO2, la falta de desarrollo de las renovables; el mercado marginalista, la fijación de precios… Lo que dispone Bruselas, la falta de acuerdo político en el Congreso de los Diputados… Una suma de conceptos que, por desgracia, deriva en esos precios incontrolables.

Por eso, el simple concepto de empresa energética pública es intolerable en estos momentos. Sobre todo ahora, con el mercado liberalizado, y cuando la inversión en capital es tan intensa para el desarrollo renovable. Y no solo eso, sino que faltan por amortizar las centrales nucleares, así como lo ya invertido en materia ‘verde’, que todavía no devuelve lo gastado.


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