jueves, 23 septiembre 2021 19:55

Canal de Isabel II: 170 años de la obra que trajo el agua a Madrid

¿Cuánto tarda tu cocido en hacerse? La diferencia puede radicar en el tipo de agua que tengas, ya que antiguamente había una diferencia entre el “agua fina”, que se podía beber, y el “agua gorda”, que servía para cualquier otro uso. El agua siempre ha jugado un papel crucial en el desarrollo de la civilización. En Madrid no podría ser diferente.

El Manzanares era antiguamente un río poco abundante e irregular, que pronto dejó de ser suficiente para abastecer a los pobladores de la zona. Pero bajo tierra la cosa era diferente. Abundantes aguas corrían por el subsuelo, favoreciendo la acumulación de las lluvias que caían regularmente. Ya los árabes comenzaron a perforar las profundidades en busca de estas reservas, pero su progresivo agotamiento provocó que cada vez se situaran más lejos, y que se construyeran hasta a 14 kilómetros. Así, la calidad del agua variaba dependiendo de los terrenos por donde circulara, dando lugar al “agua fina” y al “agua gorda”.

El rápido incremento poblacional que sufrió Madrid a raíz de ser nombrada capital por Felipe II hizo que el agua comenzara a ser cada vez más escasa, y llegado el siglo XIX, ya estaba prácticamente agotada. La dotación de agua para cada ciudadano se reducía a 7 litros diarios. Hoy en día el consumo de agua en una ducha de cinco minutos es de 100 litros.

Ante la ingente necesidad de agua que tenía la ciudad, comenzó una obra de 7 años para llevar el agua desde Lozoya hasta Madrid.

PRESA DEL PONTÓN DE LA OLIVA

Se comenzaron a estudiar proyectos que resolverían a la situación, pero ninguno llegó a buen puerto. Así, el ministro Juan Bravo Murillo se implicó personalmente con una Real Orden en marzo de 1848. Bravo Murillo nombró a Juan Rafo y Juan de Ribera para estudiar una nueva propuesta, y estos apostaron por traer las aguas del río Lozoya a Madrid.

Ambos ingenieros apostaron por esta opción que reunía las mejores condiciones, y Bravo Murillo decidió que esto era lo que buscaba. Su aprobación en junio de 1851 se convirtió en el inicio de lo que hoy conocemos como Canal de Isabel II.

Ahora faltaba ponerlo en práctica, para lo que el Gobierno pidió la colaboración de los ciudadanos para costear las obras, a cambio de beneficios o dividendos. Incluso la propia reina Isabel II, ante su firme creencia en este proyecto, lo patrocinó personalmente. José García Otero fue nombrado director del proyecto en julio de 1851, y rápidamente hizo llamar a los mejores ingenieros de caminos del momento para comenzar la obra sin más dilación.

Trabajos en la presa del Pontón de la Oliva.

El proyecto planeado pasaba por la construcción de una presa de 27 metros de altura en el Pontón de la Oliva, un canal de más de 70 km de longitud, y un depósito en el Campo de Guardias. La capacidad que tenían todas estas infraestructuras superaba hasta 6 veces las necesidades de abastecimiento de la población de Madrid.

La primera piedra simbólica se colocó el 11 de agosto de 1851, aunque fueron realmente semanas después cuando comenzaron los trabajos reales. Para las obras, de gran envergadura para la época, se contrataron a peones que tuvieron que trabajar en durísimas condiciones. Aunque una buena parte de los trabajadores eran presidiarios, algo común durante aquella época.

Ya desde sus inicios, la construcción se tuvo que enfrentar a diversos obstáculos, como riadas e inundaciones, epidemias, falta de fondos o problemas políticos. Pero uno de los mayores problemas, que incluso persistieron hasta después de su inauguración, fueron las filtraciones encontradas en una de las laderas. Además, el lecho no era del todo impermeable, por lo que se tuvo que cubrir con arcilla para tapar los escapes. Igualmente, los desniveles del terreno hasta la ciudad hacían que hubiera que construir sifones y acueductos, algunos de gran altura y longitud.

Pero también la construcción de infraestructuras en la capital fue ardua. La red de alcantarillado e instalación de tuberías fue complicada por la cantidad de galerías y conductos del subsuelo de la época antigua.

INAUGURACIÓN

El agua de Lozoya llegó a la capital el día de San Juan. El 24 de junio de 1858, con los balcones engalanados, se celebró en la calle de San Bernardo el acto inaugural. Se colocó una fuente a tal efecto, y los vecinos observaron como el chorro de agua brotaba con tal fuerza que los asistentes lo calificaron de “río puesto en pie”.

Fuente de San Bernardo.

Pero la realidad seguía presente. Las filtraciones seguían apareciendo en el Pontón de la Oliva, y las obras para frenarlas eran frecuentes, aunque poco efectivas. Primero, se derivaron las aguas del río Guadalix, para posteriormente levantar el azud de Navarejos algunos kilómetros más arriba.

Pero la solución definitiva fue la construcción de una nueva presa. La de El Villar fue la más alta de España en su época, y aun hoy se mantiene en servicio regulando las aguas del Lozoya.

CANAL, HACIA EL FUTURO VERDE DE LA COMUNIDAD DE MADRID

Calidad, sostenibilidad e innovación son los pilares de la actuación de Canal de Isabel II a lo largo de sus 170 años de historia, y, por supuesto, de cara al futuro. La sostenibilidad se traduce en una economía verde de los recursos, en el caso de Canal de Isabel II, aplicada al buen uso del agua. Canal es una empresa puntera que busca el uso eficiente de los recursos como el agua, la competitividad en el sector del agua, la innovación en los nuevos procesos de depuración y generación de energía utilizando como fuente el agua, esto es, buscar una rentabilidad medioambiental.

Son 170 años en los que la empresa pública ha ido evolucionando hasta asumir los retos medioambientales para lograr una región más sostenible. Desde que se construyó el Pontón de la Oliva hasta los nuevos proyectos que ahora desarrolla, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y tomando como referencia el compromiso medioambiental.

Por ello, Canal impulsará la eficiencia energética y la energía verde mediante el desarrollo de proyectos vinculados a la energía solar o al hidrógeno verde: construirá una planta pionera en España de generación de hidrógeno verde, un elemento clave en la descarbonización, que además será la primera en utilizar energía renovable y agua depurada como fuente de generación del hidrógeno. La construcción de esta planta supondrá una inversión estimada de 24,5 millones de euros, y tendrá una potencia instalada de 5 Megavatios.  

Otro proyecto clave será el despliegue del Plan Solar, con el que se pondrán en servicio instalaciones fotovoltaicas propias para autoconsumo eléctrico a través de una inversión de 33 millones de euros, con el objetivo de obtener energía renovable y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Según el último análisis realizado por la agencia de calificación de riesgos Ficht en el sector de las utilities para medir el poder de adaptación de las empresas a la sostenibilidad, sobresalen diez empresas españolas entre las 100 empresas líderes mundiales de sostenibilidad. Entre esas diez, junto a Iberdrola, Naturgy o Enagás, por citar algunas, se encuentra Canal de Isabel II, empresa pública de la Comunidad de Madrid, como gestora del ciclo integral del agua, y gracias a proyectos como el Plan Solar y el hidrógeno verde, que van encaminados a potenciar la economía verde y sostenible en la Comunidad de Madrid.


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