martes, 18 mayo 2021 20:29

Riesgos laborales: protocolos de vestimenta para prevenirlos


En 2019, España registro más de 1’3 millones de accidentes laborales, algunos de los cuales, fatalmente mortales. A fin de prevenir los riesgos, es necesario tanto formar adecuadamente a los trabajadores sobre su prevención, como portar los equipos de protección individual y el vestuario laboral adecuados según el tipo de trabajo a realizar.

Siempre hay un riesgo

Sin apenas importar el sector al que se dedica la empresa, los trabajadores solemos recibir con desdén y hartazgo cualquier curso informativo sobre riesgos laborales. Por lo general, el pensamiento que nos rige es el de que, aparentemente, ya conocemos los accidentes que nos pueden ocurrir durante el desarrollo de nuestras tareas, razón por la que descartamos erróneamente protocolos e indumentarias cuyo único propósito es proteger nuestra salud e integridad. Tal es así, que si contrastáramos todo cuanto se especifica en los documentos de prevención de riesgos laborales con la realidad en cualquier puesto de trabajo, la conclusión sería abrumadoramente mala.

Si bien es cierto que los riesgos laborales varían en función del sector al que se dedica la actividad de una empresa –encontrando grandes distancias entre, por ejemplo, el trabajo en una pequeña juguetería y en una empresa de construcción–, el EPI y vestuario laboral idóneos para desarrollar dicha tarea son fundamentales para nuestro bienestar y el de quienes nos rodean. Especialmente hoy en día, donde cualquier uniforme de cualquier negocio ha debido incorporar mascarillas y otras protecciones que, si no utilizaban antaño, son ahora imprescindibles para evitar contagios de Covid-19. Pero, ¿cómo se acotan los riesgos laborales y cómo se previenen?

Condicionantes del riesgo laboral

Por supuesto, entre las distintas categorías de riesgos laborales existentes la prevención puede pasar por una mera cuestión de praxis, como, en otros casos, por la necesidad de vestirnos adecuadamente. Realmente, el primer factor mencionado es el que tiene mayor peso en aras de prevenirnos de cualquier accidente, dado que entran en juego tanto nuestros conocimientos de maniobra realizando una u otra tarea, como nuestro estado físico y mental. En ese sentido, si hemos superado una primera fase como aprendices y hace ya largo tiempo que seguimos en el mismo puesto, es vital saber cómo funciona correctamente todo. Pero también estar en perfecto equilibrio.

Muchos accidentes laborales acontecen a causa de un descuido, cuyo detonante se manifiesta de distintas formas: desde un exceso de cansancio o falta de sueño que nos impide pensar correctamente, hasta cualquier tipo de malestar físico que, por activa o por pasiva, reduce nuestra agilidad de movimientos comprometiendo nuestro trabajo. Eso sin añadir un posible mal clima laboral con los compañeros, hecho que puede distraernos en no pocas ocasiones de nuestra labor aumentando el riesgo de accidente. Sin embargo, y aunque algunos de estos factores no podamos evitarlos a conciencia, los elementos de protección adecuados blindan estos supuestos.

Más de 1’3 millones de accidentes laborales en España en 2019

En primer lugar, es preciso recalcar que los equipos de protección individual (EPI) no evitan el riesgo, pero sí minorizan sus daños. Se trata, por lo tanto, de toda aquella indumentaria obligatoria o complementaria que se recomienda encarecidamente portar mientras trabajamos. Abriendo un breve repertorio sobre los EPI más comunes, encontramos desde cascos y calzado de seguridad, así como gafas y pantallas faciales, hasta chalecos reflectantes y orejeras. Todo un abanico de elementos que nos permiten realizar nuestro trabajo a sabiendas de que estaremos bien equipados frente a cualquier posible riesgo que acontezca.

Asimismo, cuanta más información tengamos al respecto, mayor será la disposición a adoptar dichos equipos de protección en el futuro. Según el Ministerio de Trabajo del Gobierno de España, se registraron al menos 1.359.548 accidentes de trabajo en el país durante el año 2019, de los cuales 635.227 encauzaron la baja del trabajador y 695 fueron accidentes mortales. Siguiendo las mismas estadísticas, según un informe adyacente de la Unión General de Trabajadores (UGT), la construcción fue el sector con un mayor aumento de los casos –un incremento del 10% respecto al año 2018, acumulando un total de 71.664 accidentes laborales.

¿Qué riesgos laborales existen?

Desglosándolos en tipologías, y sin abordar específicamente el sector al que pertenecen, podemos encontrar hasta siete tipos de riesgos laborales. Por una parte, los conocidos riesgos físicos, donde entran tanto los deslumbramientos causados por la iluminación como los problemas auditivos o la humedad. Relacionado a ello, los riesgos ergonómicos son bastante frecuentes, causados por las malas posturas o el exceso de peso. Y, del mismo modo, entre los más comunes también encontramos los riesgos mecánicos, relacionados con los aparatos que utilizamos para trabajar y que, en algunos casos, pueden causar verdaderas tragedias.

En otro punto encontramos los riesgos químicos, causados sobre todo por inhalación, aunque en una línea similar podríamos encontrar los riesgos biológicos, donde la exposición al coronavirus entraría en la actualidad como peligro mayor. En una menor probabilidad, también existen los riesgos ambientales, que deben su detonante a un elemento externo a nosotros como una catástrofe natural o promovida por la acción humana. Y, en un último apartado, antes mencionado, los riesgos psicosociales, que se deben a la fatiga, el estrés o la falta de descanso. En todo caso, riesgos que existen y que es nuestra responsabilidad prevenir como sea preciso.

A efectos prácticos, y además de formar adecuadamente a los trabajadores en sus respectiva disciplinas o tareas, es indispensable que, por una parte, la empresa asegure su espacio operativo contra todo riesgo y, por otra, que inste a su plantilla a personarse en los cursos de riesgos laborales y acceda a protegerse. Jugársela no es una opción cuando incluso la vida puede peligrar mientras realizamos nuestro trabajo. Y, si no es por la ética y la responsabilidad de la empresa, que sea por el bien de nuestra salud y la de quienes nos rodean.


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