jueves, 13 mayo 2021 21:00

Ebro Foods recurrió a la banca para abonar su dividendo extraordinario de 300 M€

Ebro Foods sorprendió a sus inversores cuando anunció la intención de abonar un dividendo extraordinario de 300 millones de euros a finales de 2020. El pago adicional, ya había desembolsado otros 87 para remunerar a los accionistas ese mismo año, se sustentaba en la venta de distintas filiales del grupo que mantenía fuera de España. Pero finalmente, la compañía que preside Antonio Hernández Callejas tuvo que recurrir a la banca para poder acometer la transferencia en efectivo ejecutada el pasado 28 de diciembre..

Así, la firma especializada en el sector de la alimentación señala en sus cuentas anuales consolidadas, remitidas recientemente a la CNMV, que precisamente el pasado mes de diciembre firmó dos nuevos préstamos bilaterales con dos entidades de crédito. En concreto, sendos préstamos sumaron una cantidad cercana a los 235 millones de euros, una cifra muy cercana al pago prometido, que devengan una tasa del interés media del 0,23% y con un vencimiento único en diciembre de 2021.

Los nuevos créditos provocaron, a su vez, un notable incremento de las deuda del grupo a corto plazo con entidades de crédito. De hecho, la cifra se ha disparado hasta un 155% a lo largo del 2020, al pasar de los 143 millones a los 366 millones. Pero la necesidad de dinero para pagar el dividendo extraordinario no ha sido el único movimiento financiero ejecutado el año pasado por Ebro Foods. Así, la compañía obtuvó otro préstamo bilateral de 125 millones, a vencimiento único en mayo de 2023 e interés del 0,5%. Y, por último, en diciembre también incrementó un préstamo de 25 millones hasta los 35 millones y extendió su vencimiento tres años más.

LA FALTA DE MÚSCULO FINANCIERO HA PROVOCADO LA DESINVERSIÓN

Uno de los motivos de la necesidad de financiación bancaria de la compañía a lo largo del 2020 fue la crítica caída del efectivo que entro en la misma. En concreto, el resultado de los flujos de efectivo de las actividades de explotación, los cobros menos los pagos por su negocio, se hundió hasta poco más de 50,7 millones frente a los más de 281 millones que registró un año antes, lo que supone un descenso de hasta el 82%. El desplome está ligado, principalmente, a que el grupo ingresó 250 millones menos en concepto de dividendos aportados por sus filiales.

La falta de oxígeno financiero obligó al grupo a imponer un estricto control del gasto que redujo prácticamente a cero sus inversiones. Así, el resultado de los cobros y pagos efectuados en materia de expansión del negocio, el denominado Estado de Flujos de Efectivo de las Actividades de Inversión, se volvió positivo en 16 millones. Un valor anómalo, dado que por lo general ese valor es negativo al reflejar los costes del crecimiento del negocio. De hecho, un año antes fue negativo por más de 311 millones debido a la carrera de compras que inició Ebro Food en Italia, Francia, Estados Unidos y, en especial, en Reino Unido con Tilda.

Pero tampoco se puede seguir manteniendo el negocio con una cifra de ‘Pagos por Inversiones en Empresas del Grupo y Asociadas’ de cero, como en 2020. Por ello, el grupo inició a finales del año pasado una política de desinversiones de algunos de los negocios menos rentables, a su juicio, que mantenía en su balance. En concreto, en los últimos seis meses Ebro Food ha ejecutado hasta tres ventas por un valor cercano a los 420 millones de euros (unos 500 millones de dólares).

EBRO FOODS TODAVÍA DEBE DEVOLVER 285 M€ A FINALES DE 2021

La primera desinversión se anunció en octubre, aunque finalmente se ejecutó en enero. Así, Ebro Food anunció que había ejecutado el contrato de venta del negocio de pasta seca Catelli al Grupo Barilla por 106 millones de euros. En diciembre, la firma española se deshizo de determinados activos del negocio de pasta seca y noodles en Estados Unidos, dentro de la firma American Italian Pasta, por algo menos de 200 millones. Por último, la compañía traspasó recientemente su marca Ronzoni y una planta en Winchester (Virginia) por unos 80 millones de euros.

En el caso de está última venta, ejecutada en marzo, coincide con el vencimiento, en el primer trimestre de 2021, de dos créditos que mantenía el Grupo por importe conjunto de (exactamente) 80 millones. Por su parte, las dos primeras han sido la base para la distribución del dividendo extraordinario que se pagó el 28 de diciembre de 2020, aunque se hayan pagado con dinero prestado. De hecho, el cobró por ambas desinversiones se utilizará para amortizar dichos préstamos y los intereses generados.

Pero la devolución de los créditos utilizados para el pago en efectivo de los dividendos no es el único al que tendrá que hacer frente el grupo. Así, Ebro Foods mantiene otro préstamo por un importe de 50 millones que deberá abonar en el último trimestre del año y para el que, quizás, deba de nuevo acudir al mercado para hacer una nueva desinversión. Mientras, a sus accionistas no les ha faltado ni les faltará el dinero pactado, e incluso extraordinario, y además pagado de forma inminente.


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