lunes, 20 septiembre 2021 8:11

El futuro interés de Línea Directa y la profecía incumplida de Elon Musk

En 2015, un todavía poco conocido Elon Musk lanzaba un órdago a la industria del automóvil al predecir que Tesla alcanzaría en tres años la conducción autónoma. Una intención que, además, suponía una sentencia casi de muerte para el negocio asegurador de vehículos. Más de un lustro después de aquellas palabras los conductores de sus lujosos modelos que ejecutan el sistema ‘Autopilot’ todavía no pueden despegar sus manos del volante ni su vista de la carreta. Y el negocio de los seguros de coche es todavía muy rentable como demostrará este próximo mes de abril cuando Línea Directa haga su debut bursátil.  

Línea Directa se ha convertido en un caso de éxito. En 2009, la consultora PwC tasó a la aseguradora en 852 millones de euros, mientras que el próximo mes de abril debutará en bolsa con una valoración de 1.434 millones. Por el camino, Bankinter habrá obtenido unas plusvalías cercanas a los 1.000 millones. La base de ese triunfo fue el de apostar con fuerza por el sector del seguro del automóvil haciendo caso omiso de los cantos de sirena que llegaban desde los ‘innovadores’ del sector. Hoy en día, pese a que la profecía de Musk está cada vez más cerca, el negocio asegurador de coches es todavía muy rentable y así seguirá muchos años.

El crecimiento imparable de Línea Directa proviene principalmente de que el número de vehículos en España, su principal mercado, no ha parado de crecer año tras año. Así, al margen de los aciertos en marketing o las estrategias de ventas el hecho de estar en un sector en pleno crecimiento siempre es buena señal. En concreto, el parque de automóviles en España ha crecido casi un 11% desde el 2010 hasta acercarse a los 34,5 millones de unidades.

LOS AÑOS FÉRTILES DE LÍNEA DIRECTA

Más coches son también más seguros. Aunque en el caso de Línea Directa la evolución ha sido todavía mejor. De hecho, solo desde el 2015 el número de pólizas contratadas se ha incrementado en un 25% hasta alcanzar el 6,8% de la cuota de mercado. Pero hay más. El parque automóvil español no solo es cada año más grande, sino que también es más viejo. Una combinación que ha provocado que, pese a que el aumento en el volumen de vehículos de todo tipo haya sido del 11% desde el 2010, el número de accidentes se ha disparado cerca de un 25%.

El efecto de ambas proseguirá, por lo menos, un par de años más. Las crisis económicas tienden a obligar a extender el uso de los bienes de capital, como son los vehículos, más tiempo. Así, los datos a lo largo de 2020 han puesto de relieve que los ciudadanos españoles siguen prefiriendo coches de segunda mano y con motor de combustión diésel, simplemente porque son más baratos. Además, pese a los intentos de modernizar la flota actual a través de los coches electrificados el sector todavía es inmaduro y no alcanzará porcentajes importantes hasta 2025.

Aun así, la idea hasta 2030 es que la venta de vehículos siga en ascenso en todas las partes del mundo. De hecho, PwC señala en un informe reciente que «las ventas de automóviles nuevos pueden aumentar en un 30% en Estados Unidos, Europa y China». Incluso, en el caso europeo la cifra puede ser la más alta, con un 34%. Además, la consultora apunta a que serán “las generaciones jóvenes” quienes protagonicen ese cambio. Y, por último, sí lanza una advertencia acerca de que la frecuencia de reemplazo de los coches «será más alta».

LA PROMESA INCUMPLIDA DE MUSK

El primer gran cambio de paradigma para las firmas como Línea Directa podrían llegar en ese momento. En adelante, otras profecías como la de Musk podrían hacerse poco a poco realidad, aunque no se atisban grandes cambios a corto plazo para regocijo de los inversores de empresas como Línea Directa. Al fin y al cabo, el coche autónomo y los llamados robotaxis son los grandes enemigos (sobre el papel) de las aseguradoras de coches por dos motivos obvios. En primer lugar, dado que las previsiones es que el número de unidades en propiedad caerá drásticamente. En segundo lugar, porque deberían casi eliminar los accidentes.

De hecho, el gran baluarte del coche autónomo no es otro que la seguridad. Las máquinas no se cansan ni se estresan, por lo que desarrollar un programa de conducción totalmente automatizada debería prevenir un porcentaje muy elevado de los accidentes. Pero alcanzar ese punto todavía esta realmente lejos. La inteligencia artificial no funciona como lo hacía C-3PO, sino que no son más que herramientas muy potentes y sofisticadas de comparación de patrones. La acumulación masiva de datos permite que los actuales robots sean destacados jugadores de ajedrez, pero no los hace buenos conductores.

La razón es que ese conocimiento estadístico apenas puede actuar frente a los llamados «casos extremos», que no son más que circunstancias inusuales que ocurren en el día a día. Unos sucesos que en el caso de la conducción son más habituales de lo que se piensa. Aunque tampoco hay que engañarse, la conducción automática ha recorrido una parte muy larga del camino, lo que pasa es que los pocos kilómetros que quedan hasta su objetivo final son extremadamente complicados. Por ello, los conductores de Tesla todavía no sueltan el volante, las pruebas de firmas como Waymo o Baidu en China se hacen bajo supervisión y de forma controlada y, por ello, las aseguradoras de vehículos todavía tienen mucho valor.

La razón es que ese conocimiento estadístico apenas puede actuar frente a los llamados «casos extremos», que no son más que circunstancias inusuales que ocurren en el día a día. Unos sucesos que en el caso de la conducción son más habituales de lo que se piensa. Aunque tampoco hay que engañarse, la conducción automática ha recorrido una parte muy larga del camino, lo que pasa es que los pocos kilómetros que quedan hasta su objetivo final son extremadamente complicados. Por ello, los conductores de Tesla todavía no sueltan el volante, las pruebas de firmas como Waymo o Baidu en China se hacen bajo supervisión y de forma controlada y, por ello, las aseguradoras de vehículos todavía tienen mucho valor.


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