martes, 7 diciembre 2021 18:46

Así son los museos virtuales de criptoarte que inauguran un nuevo mercado artístico

El nombre del inversor estadounidense/español Pablo Rodriguez-Fraile lleva varios días apareciendo en prensa nacional y extranjera tras unos exitosos movimientos con los que se ha granjeado ganancias de millones de dólares con la compra-venta de arte digital o crypto arte. La relación entre este nuevo tipo de arte (NFTs), la tecnología blockchain y la evolución de los metaversos es tan confusa y, a la vez, tan interesante, que merece la pena estudiar y considerar estas relaciones:

Junto al también inversor en tecnología blockchain Colborn Bell, Rodriguez-Fraile ha asentado un museo intangible en Somnium Space, una plataforma de realidad virtual ideada como un videojuego en la que personas de todo el mundo pueden pagar dinero real por comprar una parcela de tierra digital. Se trata de un mercado inmobiliario etéreo en el que Rodriguez-Fraile ha apostado de forma temprana, confiando en que la evolución de los metaversos animará a más y más gente a pagar por su propio espacio en el mundo blockchain.

El bautizado como Museum of Crypto Art (MoCA), nacido en abril de 2020, es un museo digital que puede visitarse desde un ordenador o smartphone accediendo a esta web. Ubicado en la parcela número «3397» del espacio de Somnium, lo innovador de un proyecto así no solo reside en la exposición y venta online de obras de arte digitales en formato NFT (non-fungible tokens) a través de e-wallets, sino en la inclusión del museo dentro de un metaverso basado en blockchain; un espacio virtual en el que se compran espacios con criptomonedas (sobre todo Ether, la moneda de Ethereum, el software sobre el que se erigen).

El NFT (non-fungible token) es un concepto que ya explicamos en este artículo, pero que puede resumirse como un tipo de token criptográfico indivisible y no intercambiable. Se trata de una tecnología que emana de la ebullición de las criptomonedas, y que aplicada al mercado del arte, ha sido recibida por algunos creadores como una nueva forma de vender su trabajo a través de Internet, gracias a una renovada concepción de los certificados de originalidad.

Entrevistado por Emilio Doménech (Newtral) el pasado 3 de marzo, Rodriguez-Fraile, nacido en Miami, intentaba traducir al entendimiento mundano los por qué de esta supuesta oportunidad de negocio. «Me convertí, si no en el tenedor de tierra mas grande del metaverso, en uno de los más importantes, a través de los distintos proyectos que había», dijo sobre estos portales virtuales el graduado en economía y matemáticas en la Universidad de Columbia.

Captura de pantalla de una visita virtual al Museum of Crypto Art (MoCA).

«Hace como un año todo este mundo empezó a escucharse un poco más en nuestros círculos», explicó, coincidiendo con la pandemia. Concretamente, Fraile tiene la mayor parte de sus parcelas compradas en Decentraland, plataforma descentralizada construida en Ethereum «que permite a los usuarios crear, experimentar y monetizar contenido y aplicaciones», con una capitalización de mercado que asciende, al momento en que se redacta este artículo, de 894 millones de dólares.

ARTE INTANGIBLE. ESPACIOS ETÉREOS

«La experiencia inmersiva de un mundo como este donde tú puedes crear tu casa, tu galería, lo que te de la gana, te pones las gafas [de realidad virtual] y lo vives como si fuese la vida real, para mí es algo absolutamente transformador, y a todo el mundo al que le he podido enseñar estas galerías, estas creaciones que hemos hecho, no se lo podían creer», le contaba Fraile al fichaje de Ana Pastor en un español perfecto pero con huella extranjera.

No obstante, la falta de realismo gráfico que caracteriza aún a estos metaversos, y que los diferencia tanto de algunos videojuegos mainstream de mundo abierto, echan para atrás, reconoce Fraile. Existen varios metaversos (The Sandbox, Metaverse Property…), por lo que cabría preguntar al inversor si no le preocupa que por ejemplo Decentraland, en el que ha invertido una gran suma de dinero, caiga por cualquier razón en desuso, convirtiendo a sus activos en inútiles.

Captura de pantalla de una visita virtual al MoCA construido en Cryptovoxels.

Y precisamente así lo hace Doménech, que obtiene por respuesta: «Me encantaría ver el futuro, es difícil de saber. La gente va a decidir dónde va a querer gastarse su dinero y dónde pasar su tiempo», dijo el inversor, asegurando que estos metaversos son algo completamente distinto de lo que plantea un videojuego. En estos metaversos, la persona puede tener un control duradero de sus pertenencias digitales, con la confianza de que no hay una empresa detrás que pueda, en cualquier momento, desconectar el enchufe, explica.

LA PANDEMIA IMPULSA LA REALIDAD VIRTUAL

Ingredientes del cóctel que ha hecho estallar el interés por estos activos digitales serían, según Fraile: la pandemia, que ha potenciado el desarrollo de lo digital (como los NFTs), la revalorización de las criptomonedas y la participación de artistas líderes en su sector.

«A diferencia de otros mercados un poco más tradicionales, aquí hay un componente distinto: que para la mayoría de la gente que se mete en este mundo, tanto en el arte digital como en la tierra digital, hay un componente emocional; no es que lo compren para venderlo al día siguiente por un poquito más, sino que quieren tenerlo en su posesión«, resumía Fraile, mencionando que el boom actual sí que está pudiendo ocasionar burbujas en el precio de algunas obras «no tan especiales».

El de Rodriguez-Fraile y Bell no es el único museo de este tipo. Otro espacio fundado por «un puñado de pioneros de Cryptoart» franceses y nombrado de la misma forma, se encuentra en el metavero de Cryptovoxels (similar en concepción al de Somnium Space) y tiene la intención de «convertirse en una de las instituciones más reconocidas y los lugares más visitados del metaverso». Puede visitarse en esta dirección.

En este museo también construido sobre la red blockchain de Ethereum, y al igual que en el de Fraile y Bell, clicando sobre cualquiera de las obras podemos obtener el enlace para comprarla como token no fungible.

Así, con un solo click accedemos a la obra alojada en un marketplace descentralizado como OpenSea; webs a través de las que los artistas pueden vender sus obras digitales decidiendo si quieren ponerle un precio fijo, un mínimo, o venderla en formato subasta. El artista al subir la obra y el cliente que la compre tendrá que pagar también el precio del «gas» de Ethereum, una especie de comisión por el consumo energético que implica grabar la transacción en la blockchain.


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