lunes, 12 abril 2021 9:05

El poder de los fondos: ¿quién ha comprado España en la última década?

Para un momento. Ahora, observa a tu alrededor e intenta descifrar quién es el propietario de aquello que te rodea. La respuesta más probable es que directa o indirectamente pertenezca a uno de los miles de fondos que existen en el mundo. Se puede repetir la prueba en alguna de las calles más representativas de cualquier ciudad y podrás descubrir que ese amplio abanico se reduce a un puñado de ellos. Ese grupo reducido, que abarca a fondos de inversión y de capital privado principalmente, son los nuevos reyes del mundo. Y por extensión, ya también lo son de España.

Un ejemplo de lo anterior se puede observar en la madrileña calle de Gran Vía. Una vez situados frente al icónico McDonald, en el número 55, puede empezar a verse a esos propietarios ocultos. El mismo restaurante de comida rápida tiene como mayores accionistas a las firmas de inversión: Blackrock y Vanguard. No hay que olvidar esos nombres. Sin dar un solo paso al mirar a la acera de enfrente se ven otras dos firmas reconocidas como Starbucks y BBVA. ¿Quiénes son los mayores propietarios de ambas compañías? De nuevo, Blackrock y Vanguard.

Un poco más adelante se puede encontrar un Taco Bell o el futurista local de Nike. Ambas, también tienen a Blackrock y Vanguard entre sus máximos accionistas. A la pareja, que prácticamente está presente en el accionariado de todas las empresas de cierto tamaño de occidente, se le suma un tercer actor muy relevante: Norges Bank. Así, los tres conforman la Santísima Trinidad de las Bolsas de todo el mundo. Incluida, obviamente, la española.

LOS PROPIETARIOS BLANDOS: BLACKROCK, VANGUARD Y NORGES BANK

Los tres fondos suman una participación superior a los 40.000 millones de euros en la Bolsa española. Una cifra extremadamente relevante para solo tres firmas, lo que les convierte en los grandes propietarios de las firmas españolas cotizadas. Aunque esa influencia es limitada en el sentido de que no ejercen poder dentro de las compañías. En otras palabras, son propietarios que no interfieren en las decisiones estratégicas, solo están para cobrar.

Pese a que se las engloba en el mismo saco, dichas firmas (como otras similares) son de características muy distintas. Blackrock es un gigante estadounidense que cubre sus inversiones desde múltiples puntos diferentes. La gestora ofrece a sus clientes particulares una infinitud de productos de inversión que van desde fondos de autor (con las inversiones dirigidas por profesionales) a otros que simplemente replican los índices. A la primera se le conoce como inversión activa y a la segunda como pasiva.

La segunda consiste (a grandes rasgos) únicamente en que un robot que replica los movimientos que ocurren en un índice. La inversión pasiva ha ganado mucha relevancia en los últimos años gracias a que es muy sencilla de ejecutar y, con ello, se logran reducir de manera drástica las comisiones. Esas características han elevado dicho negocio en Blackrock, pero principalmente ha disparado a Vanguard. Así, la firma creada por John Bogle hace décadas se ha convertido en una de las compañías más dominantes de Wall Street.

Por su parte, Norges Bank actúa bajo el prisma de la inversión activa. La firma es un caso particular, dado que se trata del fondo de pensiones de Noruega. La idea de su negocio es diversificar mucho sus apuestas, estar presente en un número enorme de empresas, y así suavizar los vaivenes manteniendo estable su capital. Su gran fuente de recursos son los dividendos que cobra, aunque también realiza distintas operaciones de posiciones largas e intradía. Se trata de una forma totalmente diferente a la de otros fondos agresivos, los llamados Hedge Funds, cuyas apuestas son muy especulativas.

LOS FONDOS DUROS: CITADEL, TCI, ELLIOTT O AQR

Pero ese papel de inversores amables no es compartido en el mundo financiero. Otros muchos, como el caso de la otra pata del negocio de Blackrock, se dedican a especular, intimidar o forzar a los consejeros de las compañías en las que invierten. Aunque no suele ser nada personal, solo negocios que se dice. Se conocen como fondos de cobertura y ocupan todos los estratos diferentes de este tipo de operaciones activas. Éstas van desde la inversión a largo plazo, más estable, a posiciones cortas, más especulativas, que suelen tensionar la cotización de las compañías y sobresaltar a sus inversores más pequeños.

Para ese trabajo cuentan con algunas de las mentes más brillantes del mundo, en nómina suelen tener desde economistas de Harvard a ingenieros o físicos del MIT, y los que mandan son los hombres mejores pagados del mundo. La lista de estos tiburones de las finanzas es muy amplia, aunque cuando se trata de poder también se queda en un puñado. Los nombres de Bridgewater, Citadel, Marshall Wace, la propia Blackrock, TCI o Eliott Management provocan pavor tanto en España como en el resto del mundo. De hecho, algunos están detrás de los hundimientos bursátiles más sonados de los últimos años.

Así, los últimos coletazos de Banco Popular estuvieron marcados por las fuertes presiones que ejecutaban estos fondos sobre el valor. Una caída que dejó un reguero de ganancias para nombres como AQR, Oceanwood (que ahora es uno de los propietarios de Liberbank), Marshall Wace o Citadel entre otros. Pero sus nombres aparecen en más. El hundimiento de DIA estuvo secundado por AQR, el de OHL lo aprovechó Marshall Wace y Bridgewater (el más grande del mundo) se ha atrevido con gigantes como Telefónica, Banco Santander o BBVA.

FONDOS BUITRES, LOS DUEÑOS INVISIBLES: KKR, CVC, CINVEN, APOLLO

Pero no solo es apostar a la baja, sino que algunos de estos fondos también son muy agresivos con los dirigentes. Un ejemplo de lo anterior se puede encontrar en la figura de Chris John y su papel en Aena, a través de fondo TCI. Así, el gestor forzó a la firma aeroportuaria española a incorporar medidas para favorecer la lucha contra el cambio climático y después alardeó de ello en el Finantial Times: “Es esencial para garantizar que las empresas se tomen en serio el tema del clima y sean transparentes y responsables ante los accionistas”.

Aunque todavía hay un tercer grupo de fondos que es capaz de erizar el bello a cualquiera con su presencia: los de private equity. De hecho, en su mayoría son conocidos como fondos buitres. Se trata de aquellos vehículos que entran en empresas, normalmente en problemas, para reflotarlas a través de una gestión más agresiva. “Nos califican como destructores de valor, que despiden a la gente para ganar dinero”, dijo en una conferencia Henry Kravis, fundador billonario del fondo gigante Kohlberg Kravis Roberts (KKR).

El fondo está detrás de compañías tan reconocidas como Telepizza. También ha estado presente en la reciente compra de MásMóvil, junto a Cinven y Providence, firma a la que sacaron de la Bolsa para repartírsela tras pagar más de 3.000 millones. Apollo y Cerberus son conocidos por comprar las carteras de activos tóxicos inmobiliarios de la banca. Antes de ello, dichas firmas, junto con otros como Lone Star, compraron el inmobiliario español cuando el país estaba sumido en una profunda crisis. Más tarde, con su venta sacaron una gran rentabilidad. En la actualidad, otro de ellos (Blackstone) es el referente inmobiliario del país en materia de alquiler.

En definitiva, allí donde mires seguramente hay un fondo haciendo dinero.


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